Cuando la ciencia se divulga

Durante este año, el Ministerio de Educación de la Nación publicó, junto con la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), veintiún títulos sobre ciencias exactas y naturales para distribuir en 6700 escuelas medias. Esta nueva serie, Ciencia Joven, coincide en su temática con otras dos propuestas editoriales: las colecciones ¿Querés saber?, para chicos de primaria -de la misma Eudeba-, y Ciencia que ladra -una propuesta para un público más amplio, que combina rigurosidad y humor-, ideada por la Universidad de Quilmes y publicada por Siglo XXI. Las tres ponen, sobre el papel, una de las obligaciones éticas de la ciencia: su democratización.

Que el saber salga de laboratorios y gabinetes para ser accesible a otros públicos es, en general, una premisa teñida de preconceptos. Aunque nunca reconocida, entre muchos científicos ronda la idea de que hay temas que no pueden ser comprendidos en forma masiva, que ser claro va en desmedro de la profundidad y que el conocimiento se banaliza cuando tiene alcance popular. De manera tácita, esos criterios son avalados por quienes, frente a un libro difícil, piensan que es tan profundo que ellos no pueden entenderlo.

Entre otras cosas, la divulgación científica pone en cuestión al lenguaje, en el sentido más básico, pero a la vez más poderoso, de su concepción: ser una herramienta de comunicación.

"Los papers, los artículos científicos, pueden ser muchas cosas pero, por sobre todo, son instrumentos retóricos, es decir, piezas discursivas destinadas a convencer. Los papers no son la ciencia, y mucho menos la verdad, sino que se trata de ejercicios que practican los científicos para convencer a los otros de lo importante que son las cosas que hacen", apunta el sociólogo Pablo Kreimer, en Demoliendo Papers. La trastienda de las publicaciones científicas, uno de los veinte títulos de Ciencia que ladra. Entre otros ejemplos, el especialista explica que no es lo mismo afirmar "los chinos comen arroz" que escribir:"A lo largo de 5 años de experiencias y de trabajo de campo realizados en 7 provincias (ver Mapa 1) de la República Popular China, se ha podido establecer que el consumo de arroz (en sus diversas variedades y preparaciones) resulta predominante en los diferentes segmentos etarios de dicha población, según se puede observar en los Diagramas 1 a 3. Las propiedades del arroz en términos nutritivos son ya bien conocidas (ver Tabla 2) y, a su vez, se ha comprobado fehacientemente que este alimento proporciona gran satisfacción a los sujetos en cuestión, tal como puede apreciarse en la Figura 3".

Lo interesante de este título compilado por el director de la colección, Diego Golombek, es que, con tono humorístico, logra ser una síntesis no solo de la serie preparada por la Universidad de Quilmes sino del entramado -profesional, técnico, político, moral, ético- de la divulgación científica.

La herencia

 
Sin duda, el editor que con mayor convicción ha comprendido que el conocimiento debe estar -filosófica y materialmente- al alcance de todos fue Boris Spivacow, fundador del Centro Editor de América Latina (CEAL) y gerente general de Eudeba entre 1958-1966, considerada la época de mayor esplendor del sello y la universidad pública.

De las 166 novedades lanzadas por la editorial entre julio de 1964 y junio de 1965, la mayoría (78 títulos) correspondía a obras científicas y, según consta en uno de los libros de balance y memorias, Uno de los méritos de Eudeba está en haber ´divulgado ´ entre un vasto público general y de universitarios, obras de verdadera importancia en su campo pero que -por la riqueza y la claridad de sus conceptos- trascendían su materia específica y lograban interesar al lector de otras disciplinas. Por supuesto, ese logro solo puede entenderse como parte de una concepción integral, que no subordinaba lo ideológico a lo económico, con parámetros inusuales para la actual conformación del mercado editorial. De modo que, salvando estas distancias, no deja de ser un gran aliciente que estos nuevos títulos editados conjuntamente entre Eudeba y el Ministerio de Educación, se inscriban en la colección Ciencia Joven, creada por el viejo Spivacow.

Tampoco es casual que Por los senderos de la noche. Guía de viaje para mochileros del Universo, de Pedro Saizar -uno de los títulos más logrados de esta serie- explique en su presentación:
Este libro es un circuito autoguiado dividido en seis tramos que nos llevará a través de la Galaxia. [...] Hace tiempo, cuando cursaba mis últimos años del colegio secundario y ya estaba decidido a convertirme en astrónomo porque el espacio estaba tan increíblemente lejos y yo quería conocerlo, mi abuelo materno me regaló un libro publicado por Eudeba, La vía láctea, de Bart J. Bok, uno de los grandes pioneros en el estudio de nuestra galaxia. Aquel regalo me guió en mis primeras excursiones por el Universo y jamás lo olvidé".

Dirigido a chicos de 6 a 8 años, Eudeba publica también ¿Querés saber?, otra serie de divulgación científica donde el tratamiento gráfico resulta un estimulante complemento de los textos.

El ADN, los astros, los átomos y moléculas, el sonido, el ecosistema, la geología, los números... son algunos de los temas desmenuzados en estas colecciones, centradas en las ciencias naturales y en las llamadas (nada inocentemente) ciencias duras. Cada serie tiene su público y su tono, y tampoco todos sus títulos son homogéneos. Los más estimulantes logran transmitir el entusiasmo y la pasión que quien escribe tiene por su disciplina, y confirmar -tal como sintetiza Golombek- que "se trata de contar, de compartir un saber que, si sigue encerrado, puede volverse inútil".


Judith Gociol / jgociol@me.gov.ar
   
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