El programa A 30 años del golpe
El pasado que atraviesa el presente

Gabriela Tijman
Fotos: Luis Tenewicki

En San Salvador de Jujuy se desarrolló el Preseminario Regional del Noroeste Argentino, organizado por el Ministerio de Educación de la Nación. Durante dos jornadas, estudiantes de los institutos de formación docente de las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero aprendieron, debatieron y reflexionaron acerca de la historia reciente de la Argentina.

En el norte argentino se habla en voz baja y se camina lento. Quizás sea un efecto de la altura, que no solo influye en el volumen de las conversaciones y en el ritmo de los pasos, sino también en los tiempos de la historia. Pensamientos como éste despertaron en San Salvador de Jujuy, donde se desarrolló el Preseminario Regional del NOA en el marco del programa A 30 años del golpe, impulsado por el Ministerio de Educación de la Nación. Entre el 3 y el 4 de julio, estudiantes de los institutos de formación docente de la región mostraron sus proyectos, vieron películas, participaron en debates, tomaron nota de las exposiciones y también, por qué no, bailaron e hicieron música.

Las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero fueron protagonistas y dieron su testimonio. No fue un encuentro de capacitación en el significado clásico de esa palabra. Se trató de un espacio de intercambio de pensamiento y experiencias. Quizás una de las frases más escuchadas fue "Yo no sé mucho del tema, pero.", lo que dio pie a la reflexión, la pregunta y la inquietud por el propio desconocimiento de hechos y personajes del capítulo más oscuro de la historia contemporánea, sobre el que, al finalizar el encuentro, se habían arrojado valiosos rayos de luz.

Todos tuvieron la posibilidad de opinar, ya fuera en los debates luego de las películas como en los talleres sobre movilización popular, terrorismo de Estado y Guerra de Malvinas, siempre teniendo frente a sí a los integrantes del Equipo A 30 años, quienes también se fueron de Jujuy con la mochila más pesada de lo que había llegado.

Es que la visión de la historia reciente desde la gran ciudad, desde los centros urbanos -que suelen concentrar el conocimiento y el debate-, es bien distinta a la que existe en las provincias, donde -según quedó de manifiesto en más de un momento del encuentro- la dictadura iniciada en 1976 dejó heridas que aún no cierran, quizás por aquello del caminar lento norteño.


La huella de Agustín Tosco

La dictadura no es un capítulo cerrado de la historia. Así es como cobra fuerza la exposición de un grupo de estudiantes del Instituto de Formación Docente de La Quiaca, quienes comentaron las dificultades que tienen que atravesar para realizar su investigación sobre la Quena, aquella operación económica llevada adelante por los militares en esa ciudad fronteriza que consistió en saquear a los comerciantes que solo pretendían vivir de su trabajo. "Existe una cultura de silencio y represión que lastimosamente sigue -explicó la representante del grupo-. Conseguimos pocos testimonios, nos cuesta mucho sacar a la luz esa historia. Porque en la frontera no superamos el proceso dictatorial. Es historia presente".

O como la afirmación de un estudiante que, micrófono en mano, alertó: "Hay que tener cuidado al plantear el tema de la violencia; el Estado no debe usar la violencia porque el Estado somos nosotros. Y el terrorismo de Estado también existió en democracia, como en el Jujeñazo, el Santiagueñazo o en Cutral Có. O sea, que el Estado también puede ser opresor en democracia".

Fue en el contexto del debate que se realizó luego de la proyección de la película Tosco, grito de piedra. La historia del sindicalista, un emblema de las luchas obreras en Córdoba a fines de los años sesenta, los testimonios desde el presente de quienes formaron parte de ese tramo de la historia y las imágenes documentales de la represión policial al Cordobazo, despertaron la inquietud de los participantes del Preseminario. Sobre todo, porque nunca habían oído hablar de Agustín Tosco. Y muchos de ellos dejaron entrever un sentimiento de enojo hacia sus mayores por los conocimientos que les habían escamoteado.

¿Cómo no me lo contaron?

En medio del mismo debate, Javier Trímboli -historiador perteneciente al Equipo A 30 años- planteó que la proyección de ese documental deja en claro el problema del desconocimiento sobre el personaje. "Tosco es prehistoria para los jóvenes -afirmó, mientras algunas cabezas asentían-. Y esto es serio, porque significa que hay un vacío, una grieta".

Una estudiante que cursó su secundaria en Córdoba, contó que una profesora le había explicado que el Cordobazo había sido, apenas, "una movilización obrera". "Gracias por mostrarme esa parte de la historia -se emocionó y emocionó la joven-, porque estos temas se callan, se evaden, no se enseñan. Y los necesitamos". Quizás una de las síntesis más profundas de esta necesidad fue la planteada por una estudiante de La Quiaca: "El conocimiento otorga libertad".

Otra alumna propuso que cada uno se formulara preguntas acerca de la violencia, no solo de aquellas formas de violencia sino también de la violación de los derechos por parte de las instituciones: "Yo tampoco conocía a Tosco. Y veo que esta gente que trataba de construir algo mejor, fue violentada, borrada. Nosotros seremos formadores, o sea que debemos tomar ejemplo de los que lucharon y luchan. Va a seguir costando vidas, fuerzas y sueños".

Roberto Pittaluga -historiador, otro miembro del Equipo A 30 años- propuso un recorrido en imágenes por los tres ejes del proyecto: el terrorismo de Estado, la movilización popular y la Guerra de Malvinas. Ante una fotografía de una ronda de las Madres de Plaza de Mayo, invitó a pensar en el modo de hablar sobre los desaparecidos, tomando como punto de partida la búsqueda de los familiares para poner su reclamo bajo el foco de luz. El dictador Jorge Rafael Videla había dicho "no están", y las Madres salieron a mostrar. Primero la foto de cada uno de los desaparecidos, en su mayoría la del documento, lo que para Pittaluga fue además una forma de reafirmar una identidad concreta. Y hubo otras estrategias para hablar del tema, como el Siluetazo.
"¿Qué nos atraviesa aún de ese pasado?", se preguntó y preguntó Pittaluga. Y ante una imagen de la excavación del centro de detención clandestino El Atlético, enfatizó la importancia de la recuperación de ese centro de detención que había quedado debajo de una autopista construida por la misma dictadura, como un símbolo: los cimientos de ese testimonio de modernidad eran un espacio donde se había torturado y asesinado. La excavación, entonces, "es una metáfora de la búsqueda de huellas, de marcas propias".

Pensar la historia desde las preguntas de hoy
Los integrantes del Equipo A 30 años comenzaron a trabajar con una idea previa sobre las diferencias con que debía encararse el tema en cada una de las provincias, pero iniciado el programa se cruzaron con nuevos relatos que aportaron características particulares a todo el trabajo."Encontramos distintas marcas en relación a la movilización popular previa al golpe, a la guerra de Malvinas y también en relación al modo en el que operó el terrorismo de Estado en las distintas localidades", enumera Alejandra Birgin, y destaca el hecho de que son las nuevas generaciones las que, a través de sus preguntas, permiten que salgan a la luz historias locales que fueron silenciadas durante treinta años.

-Si bien para los jóvenes este tramo de la historia es casi tan remoto como cualquier otro, se trata de un pasado que escurre hacia el presente y se mantiene vivo. ¿Cómo manejar desde la escuela esta característica para transmitir el conocimiento de los hechos incluyendo la reflexión sobre ellos desde el presente?

-Nosotros partimos de la idea de que todo acto de memoria se realiza desde el presente, y tomamos una idea de Pilar Calveiro: pensar a la memoria en un doble movimiento. Por un lado, recuperar el sentido que tuvo para sus protagonistas, y al mismo tiempo cargarlo de sentido en el presente. En este aspecto, el proyecto busca pensar en nuestra historia reciente desde las preguntas que nos podemos hacer hoy.

-Reponer saberes y reflexiones sobre temas como estos en esta etapa de la formación de los futuros docentes, ¿es una manera de recuperar el tiempo perdido y darles aquello que quizás la escuela debió haberles dado antes?

-Si en los estudiantes de educación media-polimodal, de terciario o incluso de nivel universitario existe un vacío de información y de contenidos respecto de estos temas, sería simplista y a la vez tranquilizador suponer que ese vacío es estricta responsabilidad de la escuela.

Evidentemente, no fueron pocos los obstáculos que dificultaron que, en la cultura argentina posterior a la dictadura, los sentidos acerca de lo que había acontecido en nuestro pasado reciente pudieran ser transmitidos desde los adultos hacia los jóvenes. Por otra parte, esto tiene que ver con un momento de efervescencia de la memoria y de una clara voluntad política en nuestro país para que así sea. Hablar de esto treinta años después, permite tomar una distancia -que para algunos es poca, quizás para nosotros suficiente- que nos habilita a reflexionar, a formular nuevos interrogantes, a hacer ese movimiento que permita vincularlo con el presente.

Es posible que en estos años se haya dañado la cadena de la transmisión que uno supone debería haber de una generación a otra. El Equipo A 30 años utiliza mucho la figura de una "grieta" haciendo referencia a las transformaciones y, particularmente, a los silencios y temores que obturaron esa transmisión. En este sentido, hay allí una apuesta muy grande que tiene que ver con poder al menos aportar a zanjarla, restableciendo el diálogo interrumpido entre generaciones. Esperamos estar haciendo algo de esto.

-¿Qué papel juega la educación para que la energía cuestionadora, natural en los jóvenes, no desaparezca y sea canalizada sanamente en la etapa adulta?

-La educación tiene un papel central al mantener abiertas e inquietantes un conjunto de preguntas. Preguntas que alimentan la curiosidad por el mundo de la matemática, de la naturaleza y, por supuesto, por la construcción del mundo social, más aún cuando son muchas las injusticias que continúan acechándonos. Y los aportes que podemos construir desde la educación, para abrir otros horizontes.

G.T.


Centro y periferia

En las ciudades pequeñas, en los pueblos en los que "todos se conocen", las marcas del pasado tienen un trazado particular. El escritor y periodista jujeño Reynaldo Castro señaló una de esas características: "Cuando las organizaciones armadas decidieron pasar a la clandestinidad, no advirtieron que eso solo era posible en la gran ciudad, porque en los lugares chicos, donde todos se conocen, es imposible". En el debate que se dio luego de la proyección del documental Retazos de la memoria -que narra y reconstruye la historia de los hermanos Garnica, dos de los desaparecidos en la zona de influencia del ingenio Ledesma- su director, Diego Ricciardi, puso la mirada sobre el hecho de que durante los apagones en Libertador General San Martín y Calilegua "la gente se reconocía por la voz".

Todos los estudiantes que participaban en el encuentro, algunos estimulados para la participación a viva voz, otros manteniendo el perfil lento y callado de cada día, sabían de qué se estaba hablando. Uno de ellos pidió el micrófono: "Agradecemos la proyección de este material aquí en Jujuy. Soy del Ramal, viví en Libertador y es verdad que aún hoy no se habla del tema. Sobre todo, porque la principal fuente de trabajo es el ingenio".

Ricciardi aportó: "El silencio no se debe solo a presiones o al temor, sino que está instalado el pensamiento hegemónico que asegura que la empresa es trabajo, y como tal es futuro y es vida. La memoria es distinta en el centro y en la periferia".

Centro y periferia, así, se dieron cita en un espacio que significa una apuesta al futuro, a través del reconocimiento del pasado. Y descubrieron, todos, que existe un hilo común que hermana a todo un país en la tragedia. El crecimiento y la superación del dolor, en cualquier caso, solo es posible a través de la palabra dicha, del saber y de la reflexión. La escuela, entonces, aparece como un ámbito insustituible para cumplir esa tarea. "La escuela tiene una función básica que es la función de la transmisión -afirmó en su exposición Alejandra Birgin, Subsecretaria de Equidad y Calidad del Ministerio-; y sin esa transmisión no hay inscripciónde las nuevas generaciones en los relatos que las preceden y que, por lo tanto, las habilitan a ocupar el tiempo que sigue". Birgin eligió con justicia un ejemplo de esto: "Siempre recuerdo a uno de los últimos nietos recuperados, que al tiempo de recuperar su identidad iba a ser papá y decía: 'Recién ahora puedo ser papá'. Porque recién cuando uno entiende de dónde viene, puede construir un hacia dónde ir".

En el norte argentino se habla en voz baja y se camina lento. Quienes tienen la fortuna de transitar esas calles cada día, saben del valor del susurro y de la cadencia demorada. La historia precisa del tiempo para convertirse en semilla de futuro. En el norte argentino, quizás, se precisa más tiempo que en las grandes ciudades del sur. Pero el tiempo está a favor de los pequeños, como escribió un poeta alguna vez.

"Nuestra posibilidad de transmitir el pasado -afirmó Javier Trímboli- va a determinar qué futuro van a construir o idear los más jóvenes".

     
   
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