Arquitectura y formación
Hacer escuela
Por Myriam Southwell

La construcción de un sistema de Instrucción Pública para la Argentina tuvo -como una de sus preocupaciones políticas- el dominio, sometimiento y vigilancia del espacio geográfico. Esta preocupación entendía que las condiciones físicas del medio condicionaban la conducta de los individuos y -por lo tanto- el sometimiento del territorio despoblado y el dominio del mal llamado "desierto" era parte de esa mirada de la función civilizatoria de la escuela. Así lo relataba el Inspector Raúl B. Díaz:"Los vivientes a mediados del presente siglo (1909) al estudiar estos problemas de educación, podrán decir: el rancho-escuela no pertenece a esta época; ha pasado ya a la historia junto con el Inspector-arriero que internaba material de enseñanza en los solitarios valles andinos. [.] Esta es también la época de la iniciación del ferrocarril, para los Territorios. [.] mostrando y facilitando la entrada a los grandes emporios del comercio, las industrias y la civilización distantes,distribuyendo nuevas ideas de la vida y del trabajo, cambiando los gustos, las costumbres y las necesidades del cuerpo y del alma. Es el medio más poderoso de información, instrucción, educación y transformación que conoce el mundo." [.] "Al desierto, el mayor enemigo del pasado, ha sucedido la diseminación en los habitantes, lo ralo, el mayor mal del presente. Es la evolución lógica hacia la población densa del porvenir. Si la población surgiera más concentrada, la asistencia a la escuela, la vigilancia del comisario de policía y la acción del juez, serían mucho mejores que en la actualidad".1

Pero el afán por el control del espacio físico no finalizaba allí, sino que encontraba específicas prescripciones acerca de cómo debían construirse espacios cerrados que delimitaran el lugar civilizado, contenido y encerrado, cuna del conocimiento legítimo ("templo del saber"). Para cuando el sistema educativo moderno se plasmaba en la Argentina, de la mano del método simultáneo y de la formación de profesionales enseñantes, las escuelas tenían ya varias décadas de funcionar en locales específicos. Sin embargo, el despliegue del Sistema de Instrucción Pública a finales del siglo XIX puso especial énfasis en la fuerza modeladora que tendría la arquitectura escolar sobre la formación de los "futuros ciudadanos".

"La Honorable Corporación Municipal se ha preocupado mucho y en el presente con más fervor, del embellecimiento de la ciudad, construyendo hospitales y otros edificios públicos, pero ha descuidado mucho su objeto fundamental. La Casa Escuela y el mejoramiento gradual de la enseñanza, con proporciones regulares, disminuirían considerablemente el número de dolientes y mendigos, redimiendo a tantos niños que ahora salen ciudadanos indefensos e ignorantes".2

Como se ve, la presencia del inspector en los confines del territorio era un mecanismo práctico para hacer coincidir los límites del Estado con los de la Nación. Esta presencia era, además, productora de un relato que daba cuenta de la existencia de instituciones educativas como parte del brazo largo del Estado, junto con otros dispositivos institucionales como la "vigilancia del comisario de policía y la acción del juez de paz". "El amplio edificio de elegantes formas y detalles a que asiste el niño pobre como el rico, no solo tiene la ventaja de suavizar las diferencias de las clases sociales por el roce frecuente y la común educación, sino que es también una condición de nuestra democracia que necesita del molde común de la escuela, para formar la sociedad homogénea que, a la vez haga posible el régimen representativo de gobierno, evite las catástrofes que la diversa educación y condición social han engendrado en todos los tiempos y en todas las partes del mundo". (Memorias del Consejo Nacional de Educación, 1887, XLIV).

Por ello, existía una peculiar atención sobre los edificios escolares, cuyo control ponía en manos de los inspectores. Su recurrencia, en los informes publicados en El Monitor de la Educación Común, permite abrir un interrogante sobre el carácter fundacional del proceso de escolarización. Debe decirse que la preocupación por los edificios que hubo entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, no debería referenciarse solo con la difusión de las ideas positivistas e higienistas. El análisis de los inspectores estuvo centrado en la adecuación de los edificios para la actividad escolar pero, también, en la administración adecuada de los fondos de la subvención o los esfuerzos de los distintos niveles del Estado. Además, es posible identificar un movimiento generalizado por la adecuación de la arquitectura y la demanda por nuevas condiciones de la modernización de las sociedades. Esta preocupación fue persistente, y significó un punto de enfrentamiento entre el nivel de los inspectores y la conducción política del sistema educativo en distintas ocasiones.

1. Díaz, Raúl B., La educación en los Territorios y Colonias Federales. Veinte años de Inspector: 1890-1910. Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco,Buenos Aires,1910,pág.57-60.
2. Antequeda, Manuel, Informes de los inspectores de Escuelas en las Provincias de Salta, Tucumán, la Rioja y Mendoza, 1883. En: El Monitor de la Educación Común Nº 26.

   
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