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Un invento entrerriano
En Viale, provincia de Entre Ríos, Hugo Chiardola, un alumno
de la Escuela Técnica de Producción Agroindustrial
N° 139, creó un artefacto que permite pasteurizar la leche
de manera económica, lo que resolverá un problema clave
de los pequeños productores de la región.
Ivan Schuliaquer / ischuliaquer@me.gov.ar
Fotos: I. S.
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En la Argentina se inventó la
primera pasteurizadora de leche
portátil del mundo. La
máquina soluciona diversos problemas
de muchos de los pequeños y
medianos tamberos del país. Es barata,
permite pasteurizar la producción
propia evitando la comercialización de leche cruda,
aumenta la calidad de la mercadería y, a la vez,
genera un contrapeso a los oligopolios lecheros que fijan
precios de manera arbitraria. Ahora, ¿dónde surgió
este invento? En la pequeña ciudad de Viale -de 13
mil habitantes-, en la provincia de Entre Ríos. Su principal
artífice es Hugo Chiardola, un alumno que lo elaboró
para el proyecto anual que le exigían en su escuela,
la Provincial de Nivel Medio Técnica de Producción
Agroindustrial N° 139.
Hugo hoy tiene 20 años, y estudia ingeniería electromecánica
en la Universidad Tecnológica Nacional
(UTN) de Paraná. Hace más de un año que terminó
su educación media; aunque nunca dejó de ir a la escuela,
donde conserva y sigue mejorando su producto,
por el cual -además de recibir llamados desde distintas
partes del mundo- fue premiado el año pasado
y este en la Feria Internacional de Ciencias e Ingeniería
estudiantil más grande del mundo, la Intel Isef.
La pasteurizadora portátil
Viale es una pequeña isla urbana en medio de una
de las zonas tamberas más importantes de la provincia
de Entre Ríos que, a su vez, es una de las principales
cuencas lecheras del país. La Escuela Técnica de Viale
les exige a sus alumnos un proyecto por año, en el cual
a partir de un plan de trabajo se involucran todas las
materias. En este marco, Hugo Chiardola tuvo que detectar
un problema para solucionar.
-¿Cuándo empieza el trabajo?
-Un año antes de desarrollar la pasteurizadora, nosotros
armamos una enfriadora que permitía al productor
conservar la leche por más tiempo. La idea surgió
por un problema que estaba frente a mis narices.
Vengo de una familia de lecheros, mi papá nació en el
campo y toda la vida tuvo tambo. Digo tuvo, porque no
lo tiene más. Él entregaba la producción a distintas industrias
lácteas de la zona. Pero cuando comenzó la
crisis económica, el campo se empezó a venir abajo y las
exigencias se hicieron cada vez más duras: las industrias
solicitaban mayor calidad, lo que requería otro tipo
de tecnología. Ya no convenía ni siquiera sacar la
producción para venderla puerta por puerta. El problema
en casa nos tocó a todos: a mis padres, a mis
tres hermanas y a mí.
-¿Cómo continuó el proceso de investigación?
-Después de la enfriadora, y ya en sexto año, decidí
seguir con la investigación. Ahí trabajé con Ignacio
Rodríguez, un compañero. La situación del campo se
volvía cada vez peor. Nos preocupaban los problemas
que genera la venta de leche cruda, una costumbre muy
arraigada en el campo. Para evitar riesgos a la salud,
la gente la hierve y pierde la gran mayoría de sus componentes
nutritivos (proteínas, vitaminas y minerales). A
la vez, por más que la comercialización de leche cruda
esté prohibida, los tamberos no tienen otra alternativa.
Esto se mantiene porque el municipio no puede decirle
al productor: "Yo te ofrezco otra cosa". Pasa acá,
en localidades vecinas y en diferentes provincias.
-¿Y cómo surgió la idea de la pasteurizadora portátil?
-Buscábamos un artefacto que sirviera para que el
productor siga haciendo lo que sabe, de manera que
mantuviera su forma de trabajar y de vender; y que esto
permitiera que aquellos que tienen la costumbre de
comprar leche cruda recibieran un producto de mayor
calidad. De esa manera, llegamos al pequeño productor
y ayudamos a la sociedad.
-¿Y cómo fue la construcción del artefacto?
-Propusimos varias soluciones, y la que elegimos fue
la de hacer una pasteurizadora portátil, de bajo costo y
que funcionara con energía eléctrica (la más económica
y accesible). Casi el cien por ciento de la máquina está
hecha con materiales reciclados. Para el recipiente
-la cuba- de leche, usamos un tanque de lavarropas
antiguo de aluminio, con una capacidad de 75 litros.
Entre otras cosas, también usamos garrafas; y toda la
parte electrónica la sacamos del mismo lavarropas. La
pasteurización consiste en elevar la leche a 65°C y mantenerla
sin variaciones durante media hora. Luego, se baja
en forma brusca a 4°C, y se la conserva a esa temperatura.
Esto permite eliminar las bacterias.

Planeta Chiardola
La pasteurizadora construida tenía un costo de tres
mil pesos que contrastaba con los 60 mil que valía una
planta pasteurizadora grande. Con una solución entre
manos para un problema que afectaba a gran parte del
sector primario de la actividad lechera, Chiardola,
Rodríguez y el profesor Humberto Javier Jose -padrino
del proyecto- ganaron en la Feria Nacional de
Ciencias, donde además obtuvieron la posibilidad de ir
en 2005 a la feria internacional de ciencias estudiantil
más importante del mundo en Phoenix, Estados
Unidos. Allí, en la prestigiosa Intel Isef, participaron
junto con 1.500 finalistas de 47 países. En esa oportunidad,
obtuvieron el segundo premio en Ingeniería.
Chiardola siguió trabajando y el mismo año -ya sin
Rodríguez- presentó el proyecto mejorado en la Feria
Mostratec de Brasil, donde obtuvo la posibilidad de
viajar de nuevo a Estados Unidos para participar en
la Intel Isef 2006. Allí se quedó con el cuarto premio
en Ingeniería.
-¿Cómo fue el trabajo para participar en la Feria
Internacional de Ciencias?
-Cuando salió lo de ir a participar a Estados Unidos
en el 2005, ni Ignacio ni yo teníamos computadora. Lo
único con lo que contábamos era la escuela. Para no molestar
a los alumnos, nos dejaban la llave y trabajábamos
a la madrugada. Fue un esfuerzo muy grande. Los ratos
libres sí o sí, los teníamos que aprovechar. Muchos
sábados y domingos en la casa del profesor, metidos
en la computadora todo el día.
-Además, hay un planetoide al que le pusieron tu
nombre.
-Sí, lo cuento pero todavía no lo creo. El año pasado,
cuando ganamos el segundo premio, me llegó una
carta del Massachusetts Institute of Technology, notificándome
que era candidato a que un pequeño planeta
llevara mi nombre. Creí que me estaban cargando,
no se lo conté más que a mi familia. Y bueno, un día
me llegó una carta en la que decía que entre la órbita
de Júpiter y Marte, habían descubierto un planetoide
al que nombraron "21511 Chiardola".
El papel de la escuela
La escuela técnica de Viale funciona en un tinglado
que antes era una estación de trenes. La vía, que en
otro momento unía distintas zonas del litoral argentino,
hoy solo sirve para cruzar desde las aulas hasta el
taller. El predio, que fue entregado como lugar provisorio,
aún alberga a los estudiantes pese a que hoy -gracias
al respeto que ha acumulado en estos años- tiene
más de 300 alumnos. Hugo recuerda cuál fue su primer
contacto con la escuela: él estaba en la primaria y chicos
de la Técnica se arrimaron hasta su colegio para
enseñarles a armar un timbre. Hoy, a ocho años de haber
ingresado, no se decide a egresar.
-¿Qué significa la escuela para vos?
-Si bien acá en invierno te morís de frío porque hace
tres grados menos adentro que afuera, llega un momento
en que a la escuela no la podés dejar, la querés.
Durante las vacaciones de invierno no había clases, y yo
estaba en la escuela trabajando. Para mí es más que
una segunda casa. Pasaba más tiempo acá que en mi
casa, donde solo comía, dormía y me venía para la escuela.
Aún hoy, ya terminé y sigo viniendo. Creo que nosotros
hemos llegado a quererla gracias a los profesores,
que son los que han luchado con mucha gente para que
se aceptara la propuesta.
-¿Qué te dio la escuela?
-Sobre todo alegrías. Hay libertad, porque uno puede
realizar proyectos que realmente quiere hacer -a diferencia
de otras escuelas técnicas-, y también se puede
tomar mate mientras trabajamos. Todo lo que he
logrado es gracias a la escuela. Si no fuera por ella, hoy
no me estarían haciendo esta nota, porque la escuela a
mí me permitió cruzar la frontera.
Tiempo presente
Hugo reparte sus días entre el trabajo y el estudio.
Por un lado, contratado por la municipalidad, mejora
el prototipo de la pasteurizadora portátil, para entregar
una máquina con materiales que cumplan con las normas
sanitarias. Por el otro, estudia ingeniería electrónica
en Paraná, a 50 kilómetros de Viale.
-¿Cómo continúa el proyecto de la pasteurizadora?
-La demanda que ha tenido el trabajo es impresionante.
Me han llamado desde distintos puntos del país
porque necesitan una máquina de estas características,
parece que es una buena solución para un problema de
mucha gente. Tengo que ver cómo me arreglo. La situación
económica de mi familia no es la mejor, y debo
trabajar. Y más allá de que haya desarrollado un
producto como este, la necesidad de aprender me hace
estudiar.
-¿Cómo imaginás tu futuro?
-Dios quiera que me pueda recibir. Me gusta solucionar
problemas aplicando tecnología, y me apasiona
poder modificar cualquier artefacto mecánico que tenga
movimiento, con el objetivo de mejorar la calidad
de vida de la gente. A mi moto, la compré vieja y la
restauré. Y mi sueño es hacer eso: lo que me gusta.
Ojalá algún día pueda concretarlo. Pero todo se va dando.
Uno a veces planifica una cosa y sale otra.
Hugo saluda, se acomoda la campera, y se sube a la
moto. Toma la ruta que atraviesa Viale. Su imagen se va
haciendo difusa. El camino que sigue, desde acá no se ve.
| Controlador a distancia para calefones |
En la Feria Internacional Intel Isef de este año en Estados
Unidos, Hugo Chiardola no fue el único participante de la
Escuela Técnica de Viale. También viajaron con él, los alumnos
que habían obtenido el primer premio en Tecnología en
la Feria Nacional de Ciencias de 2005: Daniela Saavedra,
Rodrigo Martiñan y Marcelo Haffner -de quinto año-, quienes
inventaron un controlador a distancia para calefones
que permite regular la temperatura del agua. El profesor que
coordinó el proyecto fue el tallerista de Tecnología Aldo
Grinóvero.
El aparato, según sus creadores, tiene varias virtudes: utiliza
en forma racional la energía, prolonga la vida útil de los calefones
y brinda mayor comodidad para el usuario, ya que
evita los inconvenientes que surgen cuando uno quiere modificar
la temperatura del agua y no está cerca del calefón. El
controlador fue realizado de manera íntegra con materiales
reciclados: un motor de levantavidrios de autos y dos engranajes
quitados de una piedra de afilar cuchillos, entre otros
objetos.
Marcelo explica cómo funciona el artefacto:"El cableado
eléctrico va hasta donde haya agua caliente (al baño, la cocina,
o donde sea). Y allí se colocan dos pulsadores conectados
desde el calefón: uno sirve para bajar la temperatura y el otro
para subirla". Rodrigo completa:"El calefón no sufre ninguna
modificación. Solo se adapta el dispositivo, que está preparado
para reducir o aumentar el caudal de gas a distancia". |
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