Probablemente, Machuca sea una película para ver en las escuelas. ¿Por qué? Porque es una
historia que va directo a lo difícil. ¿Qué es lo difícil? No es la famosa diferencia. Tampoco es
la diversidad. Es la inquietud que provoca la proximidad de lo extraño.
Pedro Machuca y Gonzalo Infante son dos niños chilenos. Machuca es pobre mientras Infante
es rico, o no es pobre. Digamos de Infante que es un burgués incipiente que tiene una bicicleta
buenísima. De Machuca digamos lo que dice de él, entre hipos y resaca, su propio padre:
limpiará baños. Ellos se conocen (se saben próximos y diferentes) pero no se juntan. Es
un párroco poco común el que lo consigue y nace entre ellos una amistad. Estamos en Chile
y corre, agitado, el año 1973. Hay desabastecimiento, conflictos ideológicos, temor y esperanza.
Está Salvador Allende pero está Pinochet. Hay socialismos, nacionalismos, comunismos. Y
hay gente en las calles que no siempre parece más buena. Machuca e Infante tienen familia.
Las familias tienen problemas similares a los de nuestras familias por aquellos años.
Machuca vende banderitas en las manifestaciones, con Silvana. Silvana es una auténtica
tentación.
El colegio en cuestión (privado y religioso) está lleno de trémulos muchachos en trámite de
crecer. Mc Enroe (el cura poco común que tiene la batuta) no confunde lo privado con la privación
y no se priva de reunir lo que no parece reunirse automáticamente. Introduce en el
colegio privado y rico a unos pocos chicos pobres.
El film desoye la acusación misma de las típicas madres ricas: no se ha de mezclar lo que no
puede ser mezclado. Ricos con pobres,"peras con manzanas". En la película circula uno que
otro ejemplar escrito de El Llanero Solitario. Y está Toro, claro. Los blancos tampoco se juntan
con los indios, dice alguien.
¿Y para qué juntar entonces? ¿Con qué objetivo? Para decir no a la "guerra civil". Eso que dicen
las paredes chilenas anima al cura. Mientras tanto, lo civil no es objeto de una guerra sino
un trabajo. Y eso cuenta la película. El trabajo (arduo, enorme, complejo) de practicar las
reglas mínimas necesarias para vivir (convivir) con lo que no se comprende.
En ese trabajo, narra la vieja economía escolar entre la hostilidad y el amor. Entre el desprecio
y el aprecio. Uno ve lo que uno ha visto en su trayectoria escolar: fuertes y débiles
con el miedo de fondo. Uno ve la prepotencia que no parece variar. Los débiles, expuestos y
desnudos frente a las humillaciones de los fuertes. Los fuertes que por momentos no son tan
fuertes. Se ven solidaridades. Infante se niega a participar en una golpiza colectiva a su reciente
amigo. Más tarde le hará la prueba de inglés. Machuca le dará a cambio un poco de
Silvana, que además de deseable es valiente.
Por momentos, lo que sucede es bellísimo. Se puede constatar la enseñanza (irreemplazable)
de ir por primera vez a la casa (y a la vida) de otros. Se aprende ahí otra versión de sí. Resulta
que hay gente que vive de otro modo, se viste de otro modo, come de otro modo, cree en otras
cosas y eso no es el fin del mundo. Suena una canción de Neil Diamond.
Luego vienen unos besos maravillosos y lo que parece mezclarse es el alma. El final no es bellísimo.
Y eso no está mal. Porque no se trata tanto de lo que está bien o mal sino de lo que
no termina. La tarea de aprender a vivir con lo que no se comprende, no termina. La tarea de
lidiar con la ambigüedad que nos habita, tampoco. Como la educación y como la democracia
que no son cosas hechas. Están siempre por hacerse o, como esta película, que parece estar
siempre por verse.
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Ficha técnica
Machuca
Dirección: Andrés Wood.
Origen: Chile y España (2004).
Duración: 120 minutos.
Género: Drama.
Intérpretes: Matías Quer
(Gonzalo Infante), Ariel
Mateluna (Pedro Machuca),
Manuela Martelli (Silvana),
Aline Küppenheim (María
Luisa), Federico Luppi (Roberto
Ochagavía), Ernesto Malbrán
(Padre McEnroe), entre otros.
Guión: Roberto Brodsky,
Mamoun Hassan y Andrés
Wood.
Disponible en video y DVD. |