Un lugar en el fin del mundo

En Río Grande, Tierra del Fuego, una de las ciudades más australes de la Argentina, funciona el Colegio Provincial Haspen, un ejemplo de integración de alumnos excluidos del sistema escolar. De los escasos 60 estudiantes de sus inicios, Haspen tiene en la actualidad alrededor de 700 jóvenes que cursan en tres turnos, y se convirtió en una de las instituciones educativas más reconocidas de la provincia.

Ana Abramowski
Fotos: Luis Tenewicki


En 1999, la EPEM Nº 3 dejó de identificarse a partir de esta impersonal sigla para comenzar a llamarse "Haspen", que en lengua yámana significa "cobijar", "albergar", "contener". Fueron los alumnos del colegio quienes por unanimidad eligieron este nombre significativo.

El Colegio Provincial Haspen está ubicado en Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, y fue creado en 1995 para, precisamente, incluir a aquellos alumnos que por diversos motivos eran expulsados del circuito escolar: "Eran chicos con historias de repitencia y con edad avanzada; ninguna escuela los aceptaba, eran los excluidos del sistema. Entonces se creó este proyecto. La orientación era en cooperativismo y microemprendimientos, pensando que los alumnos pudieran tener una inserción laboral", comentan Héctor López Auil y Miriam Francesquini, profesores del colegio.
Río Grande se encuentra al norte de la isla Grande de Tierra del Fuego, y debe su nombre al río que la atraviesa para luego desembocar en el Océano Atlántico.

Es la ciudad más grande de la provincia más joven de la Argentina, tiene más de 55.000 habitantes. El paisaje que la rodea es el de la meseta patagónica. Las casas son bajas y coloridas. Gracias al régimen de promoción industrial y exención impositiva puesto en marcha en la década del setenta, se radicaron industrias, fábricas y empresas ligadas al petróleo y a la electrónica. Esta situación la convirtió en la "ciudad industrial" de la provincia, y fue la razón para que una gran cantidad de personas decidieran migrar a la zona, atraídas por las nuevas posibilidades laborales. Río Grande es una de las ciudades más australes de la Argentina, muchos turistas extranjeros llegan allí con ansias de conocer "el fin del mundo".

En sus inicios, la EPEM Nº 3 era una escuela secundaria a la que concurrían alrededor de 60 alumnas y alumnos. Funcionaba en horario vespertino porque, durante el día, muchos de estos jóvenes trabajaban. Hoy asisten a la EGB3 y al ciclo Polimodal del Haspen -cuyas terminalidades son "Economía y Gestión de las Organizaciones" y "Humanidades y Ciencias Sociales"- cerca de 715 jóvenes distribuidos en tres turnos. Sus ocho promociones de egresados dan cuenta de que se transformó en una escuela elegida por muchas familias de Río Grande para enviar a sus hijos e hijas: "Los padres dicen que esta es una de las escuelas más completas", comenta Dominga María Leone, vicedirectora del turno tarde.

"Nosotros nunca hicimos diferencias, ni dijimos ¡qué elemento vamos a recibir!", advierte Luis Felippa Coronel, quien participó en la gestación de este proyecto y, cuando la escuela abrió sus puertas, eligió trabajar dictando asignaturas de Ciencias Sociales. Luego pasó por la vicedirección y, desde abril de este año, está al frente de la dirección del establecimiento.

El colegio Haspen se hizo conocido gracias a su disposición para recibir a los jóvenes excluidos del sistema.
Pero no solo les dio albergue, la institución también se ocupó de buscar las vías más favorables para generar buenos aprendizajes. De esta inquietud parten sus dos proyectos centrales: la articulación de niveles y la EGB3 no graduada.



Primer paso: articular

Hace seis años comenzó a implementarse el proyecto de articulación de niveles, que oficia de "columna vertebral" de la escuela: "Durante tres años nos reunimos con los docentes, directivos e integrantes de gabinetes de las EGB2, que mayoritariamente nos envían alumnos, y nos pusimos a analizar por qué se produce un quiebre entre la salida de lo que antes era la escuela primaria y el ingreso en la secundaria. Queríamos evitar lo que se dice siempre: 'la culpa es de'. Nuestra premisa era 'Nadie tiene la culpa, pero el problema está y lo tenemos que arreglar'", asegura Felippa Coronel.

El objetivo de los encuentros era discutir, intercambiar y generar acuerdos para evitar que la transición de un nivel al otro dejara alumnos en el camino, así lo explica Luis: "Por un lado, ordenamos los contenidos.
Muchas veces el problema es que el chico no dio en el nivel anterior determinados contenidos. Por otro lado, ordenamos las experiencias de aprendizaje, los lenguajes de cada institución. La política de articulación se inicia el año anterior al ingreso a la EGB3, porque los chicos vienen de visita a la escuela, y nosotros vamos a la EGB2. Y cuando los chicos entran a 7º tenemos diez días en los que hay juegos matemáticos, juegos de lengua, juegos de inglés, para ver qué saben y sobre eso se arman los proyectos".

A partir de este proyecto de articulación de niveles, el colegio Haspen construyó un código de convivencia que todos los años se revisa. En la EGB3 se suprimieron las amonestaciones: "La falta más dolorosa es que el alumno no venga a la escuela. Más allá de la merienda reforzada, que no todos toman, está la parte afectiva y hay chicos que se enganchan mucho con nosotros. No venir a la escuela es un castigo, porque acá tienen horas de paz y de tranquilidad", dice Felippa Coronel.

Escuelas de la zona han pedido permiso para imitar los proyectos de Haspen, y adaptarlos a sus particularidades institucionales. "Es importante que los proyectos que tiene una institución no mueran allí -afirma el directivo-, sino que se expandan, se hagan populares, que sirvan. No hay que hacer diferencias con los chicos, ni rotularlos, está prohibido", concluye, recuperando el espíritu fundacional de la escuela.



Todos y todas pueden aprender

"Cuando aparece un problema hay que definirlo, porque a lo mejor se lo puede encarar de otra manera y solucionarse antes de tiempo", explica Felippa. Así se concibe el carácter problemático de los aprendizajes en la EGB3 no graduada, proyecto iniciado hace seisaños y pensado para contemplar las necesidades de alumnos y alumnas con dificultades para aprender.

"A la primera promoción de EGB3 no graduada le llevó cuatro años culminar el ciclo pero, en realidad, dura el tiempo que les demande a los chicos. Este primer grupo, que era de 14 o 15 alumnos, hoy ya está en segundo año del polimodal, acá y en otras escuelas", aclara María Paula Pina, coordinadora de la EGB3 no graduada, y completa: "En algunos casos los chicos no hacen todo el ciclo, están un tiempo y vuelven a las salas comunes. Algunos vienen con la problemática bien marcada y tienen que estar sí o sí".

Agrupar a los "chicos con problemas de aprendizaje" puede contribuir a mejorar y personalizar su atención, pero también a estigmatizarlos. Por otra parte, un riesgo de estos proyectos es que alumnos portadores del rótulo de "problemáticos" sean directamente enviados a integrar estos grupos sin demasiadas consideraciones. ¿Cómo evitar las rotulaciones y las clasificaciones? María Paula Pina, consciente de este peligro, asegura: "Nosotros ponemos el acento en que todo el mundo tiene posibilidades de aprender, y creo que eso es lo que mantiene a este proyecto preservado de este gran riesgo".

"Uno de los riesgos que hay en estos proyectos es que se produzca un corte, un quiebre, que se pierda de vista el contexto. Por eso los profesores tienen que saber cuándo un alumno está listo para circular por otros espacios. Esto hace que el alumno se sienta reconocido, revalorizado, y que la familia también mire a su hijo de otro modo. Este es otro trabajo que también se hace en la EGB3 no graduada. No solo que el chico sepa que puede sino que la familia sepa que su hijo puede", sintetiza la coordinadora.

Ante la pregunta acerca de la particularidad del trabajo áulico en la EGB3 no graduada, el profesor Luis Magrini, que dicta Ciencias Sociales, responde: "En los cursos comunes uno concurre, enseña y se va. En cambio, en estos cursos uno tiene que ir, enseñar, y conocer a los chicos, que son alumnos con diferentes expectativas y diferentes problemáticas. Lleva mucho más tiempo pero lo atrayente es que, a diario, se presenta un desafío nuevo; uno no sabe con lo que se va a encontrar, por más que tenga su clase preparada".

El proyecto contempla el trabajo en parejas pedagógicas y también la presencia de tutores. Los ideólogos afirman que ahí radica su fortaleza: "El tutor genera un contexto de estabilidad -advierte Pina-, porque ante las variaciones de los profesores, los cambios de horarios, pareciera que no hay nadie estable. Entonces, el tutor es una figura permanente que acompaña al alumnado y se constituye en pareja pedagógica cuando hace falta".

La EGB3 no graduada está vinculada al rendimiento escolar, a posibilitar que los chicos y chicas se entusiasmen con la propuesta de la EGB3, para preservarlos de la deserción. Este año se ha conformado un grupo más pequeño al que llaman "adecuaciones curriculares significativas": "En este grupo hay adecuaciones de objetivos, de docentes, porque no tienen once profesores sino cinco. "Allí hay realmente problemas de aprendizaje, y en lo que va del año vemos que se sienten a gusto y pueden seguir aprendiendo.", reconoce María Paula Pina.

Los profesores de la escuela cuentan el caso de un alumno, Rodrigo, que pasó por las aulas de la EGB3 no graduada. Hoy cursa el Polimodal y, en paralelo, concurre a un centro de formación profesional donde estudia electricidad: "La EGB3 parecía un agujero negro, ahora puede sostener las dos cosas", resumen los docentes con entusiasmo.

Al colegio Haspen concurren alumnos que se han destacado en las Olimpíadas de Matemática, tanto a nivel regional y nacional como internacional. El referente de esta labor es el profesor de Matemática Héctor López Auil, quien además trabaja como coordinador del ciclo Polimodal. Por otra parte, la escuela cuenta con un espacio que se llama prensa radial y gráfica, donde los jóvenes se van acercando al mundo del periodismo y el diseño gráfico.

Luis Felippa Coronel, además de conducir el establecimiento, dicta Sociología, Proyecto de Investigación Socio-comunitaria y Ciencia Política en el Polimodal. "Mi objetivo es que los jóvenes traten de comprender lo compleja que es la realidad social donde ellos están insertos. Desde los espacios curriculares que tenemos, lo que podemos hacer es generar ciertos campos para que los chicos abran los ojos. Yo siempre les digo que hay que saber leer entre líneas, hay que pensar, no se tienen que colmar con la primera respuesta que reciben".

"El aprendizaje se transforma en un escenario con múltiples posibilidades de logros. Nuestro desafío fue y es no decir nunca que un chico no puede", asegura, satisfecho, el directivo.

   
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