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Debatir nuestro futuro
Los argentinos nos acercamos al Bicentenario en el
marco de un proceso de transformación social, económica
y política que abre nuevas esperanzas: estamos
saliendo de la crisis al mismo tiempo que recreamos
las bases de una sociedad capaz de incluir a todos sus habitantes
en los beneficios del crecimiento y de garantizar
el ejercicio de sus derechos cívicos y sociales.
Ya hemos visto en la década pasada cómo el crecimiento
pudo estar combinado con mayores niveles de exclusión y
de pobreza. En ese contexto, la educación fue concebida
como un espacio de contención social y vio disminuida su
capacidad igualadora. Reafirmar un nuevo modelo de desarrollo,
orientado a la producción, el trabajo, la ciencia y
la tecnología, con una distribución justa de la riqueza,
supone contar con una educación acorde, que garantice a
todos los habitantes el acceso a los saberes necesarios para
ejercer la ciudadanía plena, continuar estudiando y
participar en el mundo del trabajo y en las oportunidades
que abre el desarrollo tecnológico y científico. Una educación
que se convierta en un factor clave de la estrategia
de desarrollo nacional.
Por eso, discutir una nueva ley de educación es discutir el
rumbo del país para las próximas décadas. Debemos interpretar
con realismo el punto de partida y trazar una
política educativa que sea la base de una Argentina más
justa, igualitaria y democrática.
Los avances logrados con la Ley de Financiamiento
Educativo y la Ley de Educación Técnica son fundamentales.
Pero necesitamos superar la fragmentación entre diferentes
subsistemas hoy desarticulados, cuyas desigualdades
tienden a reproducir la brecha social y regional. La
nueva ley debe sentar las bases para reconstruir un sistema
homogéneo e igualitario, con altos niveles de calidad,
que asegure la inclusión universal y ofrezca una formación
a la altura de los desafíos de la sociedad del conocimiento.
Un sistema capaz de actualizar regularmente los
contenidos y concretar cambios pedagógicos que estimulen
la pasión de aprender.
Hablamos de contemplar los desafíos que plantea educar
en un contexto de fuertes cambios culturales y tecnológicos,
que impone nuevas demandas curriculares y de
infraestructura. Hablamos de avanzar en la obligatoriedad
de la educación media y en la universalización del nivel
inicial desde las edades más tempranas.
Necesitamos un proyecto educativo que preserve la
diversidad como valor; la solidaridad y el compromiso
democrático, como fundamentos de una ciudadanía
responsable.
Debatir la nueva ley es debatir cómo garantizamos el
derecho de todos a ingresar, permanecer y egresar de una
buena escuela, el derecho a aprender y a enseñar en condiciones
dignas, el derecho de las familias a participar en
la educación de sus hijos, el derecho de los docentes a una
formación permanente, a buenas condiciones de trabajo y
retribuciones justas, el derecho de las personas con necesidades
especiales a contar con propuestas educativas integradoras.
Para ser legítima y convertirse en política de Estado, una
norma que debe marcar un horizonte en el que se juegan
cuestiones de tal envergadura, tiene que expresarnos a
todos. Por eso, debe ser objeto de un debate franco, amplio
y plural en todo el país, y en el que intervengan todos
los sectores. Muy especialmente, queremos que la participación
de los docentes sea el rasgo distintivo de la discusión
que iniciamos. El debate en las escuelas deberá incluir
tanto el documento inicial como el proyecto que
llegará en el mes de septiembre. Contamos con ustedes.
Lic. Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología
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