Entrevista con el sociólogo brasileño Renato Ortiz
La mundialización de la cultura

Inés Dussel

Renato Ortiz nació en San Pablo, Brasil, en 1947. Es uno de los especialistas en análisis cultural más reconocidos de América Latina. Se desempeña como profesor titular en el Departamento de Sociología de la Universidad de Campinhas, Brasil. Egresado de la Universidad de París VIII, se doctoró en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Fue investigador de la Universidad de Columbia y del Kellog´s Institute de la Universidad de Notre Dame en los Estados Unidos. Ha escrito varios ensayos acerca de los alcances culturales de la globalización. Entre otros, se publicaron en nuestro país: Otro territorio (Universidad Nacional de Quilmes); Mundialización y cultura (Alianza); Los artífices de una cultura mundializada (Siglo del Hombre); Mundialización: saberes y creencias (Gedisa); Lo próximo y lo distante, Japón y la modernidad-mundo (Interzona).

- Usted dice en sus últimos trabajos que sería conveniente hablar de "mundialización de la cultura" y no de "globalización". ¿Por qué hace esta distinción? ¿Qué elementos nuevos encuentra en los procesos actuales de "internacionalización" de la cultura?

La idea de globalización nos remite a una dimensión de unicidad. Se habla de mercado global y de tecnología global asumiendo una connotación de que existiría una "única" economía y una "única" tecnología. Difícilmente podríamos calificar al universo de la cultura de esta manera. No existe, ni existirá, una cultura global. La cuestión en esta esfera no es la de la homogeneización sino la de la diversidad; por ejemplo, las lenguas diferentes (pese a la hegemonía del inglés). En este sentido, prefiero hablar de mundialización de la cultura. El término nos remite a la noción de concepción del mundo, que es diversa y diferenciada en función de los países, los grupos sociales y los intereses.

La mundialización cultural se encuentra evidentemente asociada con el proceso de globalización económica y técnica, pero no coincide de manera íntegra con él. Por eso los temas de las identidades nacionales y étnicas siguen estando presentes en el contexto de la globalización.

Tal vez el elemento más característico del proceso de mundialización de la cultura sea la desterritorialización de determinados patrones culturales, que se distancian de sus raíces nacionales o regionales, para volverse mundializados. En este caso, ocurre una gran transformación de nuestras categorías espaciales. Al lado de nuestra concepción de una realidad local nacional, hay otra -transnacional- que las atraviesa, redefiniendo el propio mundo en el cual estamos insertos.

-¿Qué efectos producen los medios de comunicación de masas crecientemente mundializados?

No existen medios de comunicación de masas propiamente dichos en escala mundial. La idea de una sociedad de masas presupone la de homogeneización y la de integración. Eso ocurre en el ámbito nacional, y fue en este contexto donde emergió la idea de cultura de masas. En la esfera transnacional, los medios son de alcance mundial sin necesariamente ser de masas. Por ejemplo, la MTV elige cierto sector del público de jóvenes, no todos los jóvenes del planeta, y opera en esa franja. Lo que sucede con la cultura transnacional, mediada por los diversos medios de comunicación, es que ella genera y legitima patrones que se toman como referencia en la comprensión del mundo y en la orientación de las conductas. Por ejemplo, el universo del consumo se generaliza; pero aquí difícilmente podría ser asimilada a la noción de masas.

Conocemos en la actualidad una diversificación del mercado de bienes culturales que opera en diferentes capas: grupos étnicos, adolescentes de una "clase media mundializada", etcétera.

Se cree normalmente que una eventual cultura de masas vehiculizada por los medios de comunicación integraría al planeta en un único sistema. Sin embargo, desconfío de esta idea. Los medios de comunicación tienen la capacidad de conectar a las personas pero no necesariamente de integrarlas en un mismo patrón. Puedo escuchar una radio de Croacia en internet, pero si no sé serbio-croata entiendo poco de lo que se habla. Los militantes fundamentalistas islámicos utilizan los medios de comunicación para realizar sus actividades, pero lo que los aproxima no es la computadora, sino una concepción de mundo específica, relativa al papel de la religión junto al Estado islámico. Justamente, son esas concepciones las que los separan de los musulmanes tradicionales, de los católicos, de los protestantes, de los pentecostales, y del universo laico.

-¿Cuál cree que tendría que ser el lugar de la escuela en estos nuevos territorios de la cultura? ¿Cree que debería afirmar su lugar de transmisión del saber letrado como único saber válido, o que debería sumar otros saberes vinculados con las nuevas tecnologías o con la cultura audiovisual?

-Como institución, la escuela se encuentra en una encrucijada. Ella ya no es más la gran referencia de socialización de las personas, y debe converger, o competir, con las instancias de entretenimiento, ahora articuladas en dimensión mundial. Esta escuela, calcada del modelo tradicional, se ve obligada a revisar los principios de su organización y de sus objetivos. No observo problemas en la asimilación de elementos del universo digital en la educación, ya sea de los chicos o de los adultos. El problema es no caer en la trampa de transformar a la escuela en un lugar más de entretenimiento.

Muchas veces me preguntan si no sería necesario transformar a la escuela en una actividad "menos aborrecida", "menos aburrida". El problema es que se olvidan de que el objetivo escolar no es el entretenimiento, y mucho menos el fomento de una cultura hedonista de consumo. La cuestión es saber en qué sentido lo lúdico se puede combinar con lo pedagógico, pero sería insensato tomar al mundo del shopping y de la televisión como una solución para la crisis del sistema escolar.

   
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