La escuela, se escucha decir, no está aislada del mundo que la rodea.
Podríamos decir que "el mundo" no solo la rodea, sino que la atraviesa,
irrumpe y se hace presente, sin tocar a la puerta y pedir permiso
para entrar. Docentes, alumnos y alumnas somos sujetos que vivimos
en un espacio-tiempo que nos pone objetivos y límites, nos suscita ansiedades
y miedos, y a veces nos duele más de lo que nos alegra. No estamos
"afuera" del mundo cuando entramos a la escuela; seguimos en el mundo,
aunque de otras maneras. Ver dossier |