Presencia de lo ausente


Los textos y las imágenes del libro Treinta ejercicios de memoria están representados gráficamente como fichas del Memotest. La elección es acertada: la memoria tiene una mecánica tan fragmentaria y aleatoria como la del famoso juego.

"El Memotest es un maravilloso juego que permite al jugador desarrollar su memoria", prometen las instrucciones de este desafío donde lo que importa es encontrar los pares. A primera vista, en el libro, los pares coinciden: treinta personas del quehacer cultural fueron convocadas para escribir un texto cada una, y acompañarlo con una imagen (una foto, un recorte de diario, una obra de arte).

El libro -como el juego- permite diversas combinaciones, que interrumpen la linealidad. La socióloga María Pía López eligió el gauchito que sirvió de emblema del Mundial para recordar la pedagogía militar que obligaba a dibujar con lápices de colores banderas de todos los países; mientras que otro sociólogo, Christian Ferrer, se propuso explícitamente no referirse ni al gauchito, ni al pañuelo de las Madres ni a la cadena Nacional de Radio y Televisión, pero sí hablar del periodismo.

"Los desaparecidos, la dictadura, el horror, no son pasado sino que están en presente y como tal se mueven, se bifurcan en el entramado del cotidiano, el cigarrillo que fumo, la letra que aprieto para escribir estas palabras, el perro que me mira con ojos de perro, todo a mi alrededor habla, grita, esa época infame", escribió la cineasta Albertina Carri y, al lado de su texto, la página quedó en negro. "Estas líneas van sin imagen porque esa imagen está dentro de nuestros cuerpos, está en la tierra que habitamos y se mueve como los muñequitos de animación o como la sangre de hija de desaparecidos que llevo en mis venas".

A poco de avanzar, se hace evidente que no todas las fichas tienen su correspondencia. Hay nombres y fotos de cuerpos que no están. Hay una enorme presencia de lo ausente. En la obra de Fernando Traverso hay una bici; y en el texto de Laura y Alejandro Vilte, un instrumento que no deja de sonar: ambos sin dueño.

Liniers revive a Héctor Germán Oesterheld -creador del inmortal El Eternauta, guionista de historietas, desaparecido- recuerda a la letal nevada de copos fosforescentes y escribe: "Estoy seguro de que, si uno observa con cuidado las fotos y filmaciones de Videla, Massera y Agosti, parados con sus uniformes planchados, erguidos detrás de algún escritorio repleto de micrófonos, algunos puntos blancos se ven. Alguno pensará que son problemas del material de archivo de aquella época. Yo creo que son copos de nieve. Y que si te tocan te matan". En su texto, Graciela Montes recuerda a Daniel Luaces, compañero del Centro Editor de América Latina, asesinado por la Triple A. "Lo enterramos al día siguiente en el cementerio de Avellaneda. Hicimos cientos de llamados, queríamos que todos supieran. Pero muchos tuvieron miedo de ir: el terror ya estaba instalado".

El rol jugado por la sociedad civil y su responsabilidad en medio del horror es -según señalan también Maristella Svampa y Pilar Calveiro- la gran ficha faltante. Seguramente, cuando esa dimensión se haga pública, podrá empezar un nuevo juego.

Judith Gociol


   
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