Forrado de azul araña
A mí me gustan los cuadernos de tapa dura donde está San Martín, con su traje de General de la Nación y su caballo blanco. Mi mamá dice que no importa lo que hay en la tapa porque igual va forrada con azul araña, para que no se arruine, y después con el Billiken, para que no se arruine el azul araña.
Graciela Cabal, Secretos de familia, Buenos Aires, Sudamericana, 1995.
 

José L. C. asistió en cuarto grado a una escuela de la Ciudad de Buenos Aires, en 1898. Son muchos los cuadernos de marca "San Martín"1 que utilizó José según la materia: de aritmética, geometría, historia argentina, geografía, economía doméstica, higiene, instrucción cívica, idioma nacional, moral y francés. Además tenía otros: el de deberes y apuntes, el cuaderno borrador (escrito en lápiz), el cuaderno de caligrafía y el cuaderno de diseño (dibujo). En sus cuadernos están las copias, los dictados, los ejercicios y problemas, las composiciones, la perfecta caligrafía y también los castigos como: "En ausencia de mi maestra debo portarme bien" escrito cien veces.

Para 1926, como uno de los intentos de reforma propiciados por algunos representantes del movimiento de la "Escuela Nueva" (José Rezzano)2, se estableció la utilización de un cuaderno único en las escuelas nacionales. ¿Qué cambios se pretendían con esta renovación?.

"El niño escribe en él de primera intención, sin borrador. En el orden sucesivo de sus tareas, al correr de los días, están sus trabajos de observación, de experimentación, sus ejercicios de redacción y composición, sus problemas, sus dibujos, los planos de sus trabajos de construcción, su diario, las notas recogidas en sus excursiones, visitas a los museos, fábricas, instituciones. La lectura de su cuaderno único [.] es la historia completa de su vida escolar y la demostración de su progreso. El 'cuaderno en limpio' y el 'cuaderno borrador', por simulación e hipocresía han desaparecido"3.

El cuaderno único respondería más acabadamente al concepto de trabajo taylorista imperente en la época, intentando crear un isomorfismo entre escuela e industria. Se convertiría en un "cuaderno del hacer" para sustituir la escuela verbalista4.

Sin embargo, la re n ovación producida por las ideas de la "escuela nueva" se subsumió a los imperativos de un orden conservador a partir de la década de 1930, por lo que el cuaderno único mantuvo en su estructura la forma del horario mosaico por materia. La cantidad de ejercicios, la pulcritud, la letra linda, el cuaderno borrador o de tareas siguieron presentes. Este cuaderno terminó adaptándose a las necesidades de los maestros "normalistas" y generando un nuevo producto: "el cuaderno de clase". Con solo un cuaderno, el director podría supervisar el trabajo de todo un grado y el del maestro ; y con siete cuadernos, el inspector podría controlar el trabajo de toda una escuela5.

A fines de la década de 1960, los estilos personales comenzaron a aparecer en los cuadernos -aunque mantenían la misma estructura anterior-; y otros soportes, como los textos escolares y las carpetas, empezaron a ser utilizados para escribir en ellos.

Seguramente algunos de los que lean esta nota habrán usado los cuadernos Bachiller, Lanceros, Coloso, Laprida o Avon de mitad de siglo xx y quizás, por qué no, los San Martín, Patria o Urquiza de principios de siglo. Seguramente habremos luchado contra los borrones, los esquineros, los forros de papel araña. y en cada uno de ellos habremos construido parte de nuestra historia, parte de la historia de la educación.

María Cristina Linares
Universidad Nacional de Luján.
Museo de las Escuelas
(museodelasescuelas@yahoo.com.ar).

1 Patrimonio del Museo de las Escuelas.
2 "Sistema de labor y programas del Consejo Escolar 1" llamada: Reforma Rezzano, 1920.
3 Rezzano, Clotilde G. de, Didáctica General y Especial, Buenos Aires, Kapelusz, 1938.
4 Gvirtz, Silvina, Del curriculum prescripto al curriculum enseñado. Una mirada a los cuadernos de clase, Buenos Aires, Aique, 1997.
5 ibíd.

   
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