Aniversario
por Rudy

La señorita Silvia se preparaba para una nueva jornada laboral. Inspiró y espiró unas 30 veces, giró su cabeza hacia un lado y el otro para relajar su cuello, llevó los codos flexionados hacia atrás y adelante, hizo abdominales mentales, elongó sus neuronas todo lo que pudo, simuló una sesión de boxeo en la que Sarmiento era su sparring y ella, lejos de ser una Millon Dollar Baby (como la película de Clint Eastwood) era una Unos pocos pesos Baby. Y siguió caminando hacia su destino. La entrada al aula siempre le producía una sensación especial. Una mezcla de cariño natural,miedo conceptual, ansiedad actitudinal, verdadera ensalada mixta de sentimientos.
"Pensar que cuando yo era chica -se dijo- la maestra nos hacía memorizar las tablas de multiplicar, y era un orgullo decirlas bien ante toda la clase. Hoy, si un alumno sabe cuánto es siete por nueve, los demás lo miran asombrados, y siguen buscando el resultado en internet para ver si es cierto".

Antes había otro nivel de exigencia, siguió diciéndose la señorita Silvia, y se aco rdó de aquellas lejanas "Co m p o - sición tema: La vaca", que año a año engalanaban sus cuadernos de clase (primero las escribía en borrador), ilustradas con esa vaquita recortada de una revista infantil, con fondo de pasto y cielo hecho por sus propias manos, y sus propias pinturitas verde claro y celeste.

¿Y si les pedía a los chicos una composición sobre el tema? ¿Por qué no? ¿Acaso tendría que recibir a un padre enojado por haber obligado a su pequeño crío a escribir sobre algo que no fuera cibernético? ¡ella sería capaz de bancárselo! Así que entró y dijo:
-Buen día, chicos, saquen una hoja y escriban "Composición tema: la vaca".
-Seño, yo nunca vi una vaca. ¿No le da lo mismo si escribo sobre "El hamster", ya que tengo uno en casa? -preguntó Javier.
-Yo, si hay que escribir sobre algún animal, escribiría sobre Gonzalo -dijo Joaquín, mientras movía su cabeza a un costado para esquivar el golpe que ya había previsto le llegaría antes de terminar de hablar.
-A mí no me gusta hablar de la vaca, porque la vaca nos da su carne; y si hablamos de la carne, aumenta; y entonces mi mamá en vez de hacer milanesas, grita -dijo Ariel.
-Seño, si un día la vaca dice: "Hoy no pude traerle mi carne, se la traigo mañana", ¿le ponen una mala nota? -preguntó Luisito.
-Luisito, ¡las vacas no hablan! -le dijo Flor.
-Debe ser por eso que "nos dan" su carne, su leche, o lo que sea; porque se la sacamos sin preguntarle, total, como no hablan -dijo Lucas.
-Yo quiero hablar de las vacas, pero de las que nos dan la soja -dijo la dulce Julieta.
-¡Las vacas no nos dan la soja! -gritó Javier.
-Bueno, si es por eso -insistió Lucas- tampoco "nos dan" la carne, se la sacamos, se la exigimos, se la quitamos, pobre animalito.
-¡Sí! -siguió la dulce Julieta con una sonrisa angelical-. A algunas les sacamos el lomo, el bife, el asado, el chorizo, la hamburguesa. A otras les sacamos la leche; y a otras, la soja. ¿Nunca viste milanesas de soja, vos?
-Sí, pero no es carne.
-¡Claro que no es de carne, es de soja de vaca!
-No, es de soja de Transgenio -dijo Javier.
-¿Y eso qué es?
-No sé, pero en el envase dice "transgénica", así que son de Transgenio. Debe ser otro mamífero, un ave, un batracio, qué se yo...
-Chicos -dijo la señorita-, el Transgenio no existe, la soja es un vegetal, y "transgénica" quiere decir que sufrió una transformación genética.
-¡Claro! -dijo la dulce Julieta-. Y así fue como se transformaron en vacas.
En ese momento, la señorita Silvia tuvo una revelación: se le reapareció Sarmiento, sin guantes de boxeo, y le dijo, casi en un susurro:
-Dejalos tranquilos, ya van a crecer.
Y se relajó. Treinta alumnos, una maestra: demasiadas exigencias para un solo día.

   
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