Exigir es confiar en la capacidad de nuestros alumnos

Desde el primer número de El Monitor, venimos reiterando la convicción de que difundir el conocimiento es la única manera de construir bases sólidas para el progreso social. Sólo la educación puede, simultáneamente, atender a las necesidades del individuo, permitir la movilidad social ascendente y contribuir al crecimiento del país.

Por eso, los educadores hemos seguido apostando al esfuerzo cotidiano, aun en tiempos en que nos tocó ser testigos del deterioro del sistema: el modelo autoritario de las sucesivas dictaduras, la creciente desinversión y el empobrecimiento de nuestro pueblo fueron algunas de las causas de esta decadencia. Tal proceso de deterioro t rajo aparejado un debilitamiento de la ex i ge n c i a . Retener a las niñas y a los niños en la escuela fue un imperativo porque la escuela era, en muchos casos, el único espacio de contención. Pero la vocación de la escuela trasciende ese objetivo de emergencia.

Perjudicaríamos a nuestros alumnos si, escudados en las dificultades que todos conocemos, dejáramos de confiar en su capacidad de superar los desafíos que les planteamos.

Nuestra persistencia se funda en que seguimos confiando en la capacidad de los chicos para esforzarse, aprender y mejorar. Seguimos confiando en nuestra capacidad de ser cada día más creativos, infundirles la pasión por el saber, estimular su curiosidad y responder a sus necesidades. Por eso, nos exigimos cada día un poco más y por eso exigimos también un poco más por parte de los chicos.

La exigencia es la clave para recuperar los niveles de calidad educativa que nuestros niños y jóvenes necesitan para poder continuar estudios superiores, integrarse en el mundo del trabajo y llegar a ser ciudadanos responsables, formados en los valores democráticos y en la cultura del esfuerzo y la solidaridad.

La única manera seria de transmitir estos valores es predicar con el ejemplo. Y el ejemplo debe darlo en primer lugar el Estado. Resulta estimulante haber recuperado después de décadas, la figura de un Estado que asume su rol garante del acceso a la educación de calidad para todos y comienza a traducir ese compromiso en hechos concretos: mayor inversión educativa, sanción de normas que favorecen el desarrollo del sistema, mejor equipamiento e infra estructura escolar, estímulo a la capacitación docente, entre otras cosas. Sólo desde un Estado dispuesto a dar el ejemplo, podremos exigir a la comunidad educativa y a la sociedad en su conjunto una actitud de mayor responsabilidad para recuperar los niveles de calidad educativa que nuestros chicos y chicas merecen. Sólo desde un Estado dispuesto a respaldar al docente cuando exige, podremos inculcar la cultura del esfuerzo.

El apoyo a la educación desde el Estado debe iniciar un círculo virtuoso que estimule el compromiso de todos . Una sociedad comprometida con la educación supone no solo que las autoridades aporten más recursos y generen mejores condiciones de trabajo, sino también docentes que participen más en la elaboración y aplicación de estrategias para mejorar la enseñanza, estudiantes más esforzados, padres más involucrados en el aprendizaje de sus hijos, medios de comunicación dispuestos a afianzar los valores del esfuerzo, el estudio y el trabajo. La gesta por la calidad educativa nos pertenece a todos: todos tenemos algo que aportar, una responsabilidad que asumir, un desafío que vencer.

Lic. Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología

   
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