La escuela media: exigente y exigida
Abraham Leonardo Gak*

Este trabajo tiene por objeto aportar al debate acerca de las modificaciones sustantivas que, a nuestro criterio, deben hacerse en la enseñanza media y se enmarcan en el panorama educativo integral de nuestro país. En tal sentido, el debate acerca de las exigencias en y hacia la escuela, relacionado con el concepto de excelencia, cobra fuerza y se resignifica en nuestra propuesta ace rca de un nuevo modelo educativo secundario.

De todas las etapas de la educación formal, la que aparece como la más crítica es la enseñanza media. La escuela sigue siendo hoy reconocida como institución confiable y garante de posibilidades. Este presupuesto es consecuencia de los paradigmas del sistema educativo del siglo XIX, aún vigentes. Sin embargo, en el imaginario popular se vislumbra que la escuela ya no da garantías de un progreso seguro, movilidad social ni tampoco inserción laboral.

Pero sin ella no existe siquiera la posibilidad de entender y ser parte del funcionamiento de una sociedad moderna, con todas las ventajas y desventajas que sus características le otorgan.

Las graves falencias de la educación secundaria se expresan en las dificultades por parte de los alumnos en la apropiación de los saberes necesarios; la repitencia en los distintos niveles que, en muchos casos, culmina con la deserción escolar; que ya no se produce, como en otras épocas, por necesidad de incorporarse al mundo del trabajo sino que se relaciona cada vez más con la exclusión y, consecuentemente , con los riesgos que implica para el universo adolescente.

En momentos en que el capitalismo neoliberal desplaza la lógica de organizar a la población en un territorio para producir ciudadanos a partir de la ley y se instala la del consumo como patrón de la subjetividad, la escuela se encuentra despojada del sentido que la originó. Las instituciones que el Estado articulaba sosteniendo lugares seguros y protegidos se ven invadidas por irrupciones que rompen los contratos.

"En esta dirección lo que cae es el Estado-Nación en su capacidad de imponer un orden simbólico y, por ende, la ilusión civilizatoria de la escuela que prometía formar un sujeto igual ante la ley, portador de una moralidad compartida alrededor de los valores nacionales, capaz de delegar en el Estado los poderes de representación y de participar del bien común"
1.

¿Cómo enfrenta la escuela esta situación? ¿Cuáles son los caminos para instalar una nueva lógica que construya subjetividad en terrenos tan movedizos?

La irrupción en la escuela de la violencia de distintos tipos, la desautorización a la autoridad, el asistencialismo, el trabajo infantil y adolescente, la maternidad y paternidad anticipadas de los alumnos, el consumo y las adicciones varias generan impotencia frente a la representación de lo esperado y esperable, he redado de la modernidad; producidos, entre otras causas, por el desencuentro entre distintos valores culturales.

"El pensamiento crítico moderno devino incapaz de trabajar en el terreno actual porque su operatoria supone un instituido que aliena, limita, reprime y determina la subjetividad. Está entrenado para enfrentar una vida disciplinada, pero nada sabe de lidiar con una dominación que fragmenta"
2.

Esta situación provoca sujetos autorreferenciales, que se definen a partir de sí mismos, en un tiempo que no excede el de la realización actual, en un mercado que dispone de todo -al alcance de pocos- para satisfacer los deseos inmediatos.

¿Cómo construir una escuela que consolide lazos a pesar de la fragmentación imperante?

Debemos pensar en escuelas que accedan a admitir principios distintos de aquellos que les dieron origen y que tiendan a aceptar y generar la pluralidad y la diversidad, de modo que las diferencias no sean la excepción sino el ingrediente fundamental que guíe la construcción de un espacio y tiempo habitables, una tarea ineludible.

Convertirse en adolescentes es inscribirse en procesos desiguales según su pertenencia a distintos grupos. Esta situación invita a pensar en la necesidad de transformar un sistema fundado sobre principios que promueven la unidad y la homogeneización, la centralización y la distribución de conocimientos para todos, por obsoleto y poco efectivo. Hoy la escuela reproduce el orden social al generar la expulsión de quienes se encuentran en situación de desigualdad, confirmando así la injusticia.

¿Se puede seguir sosteniendo en función de principios democráticos un sistema único, cuando ya se demostró su ineficacia? ¿Es posible pensar en circuitos diferenciados, en estructuras, modos de organización y enfoques pedagógicos en función de distintas necesidades? ¿Es posible una escuela que desarrolle competencias y capacidades semejantes con aprendizajes diferenciados?

Bajo estos supuestos, ¿qué escuela queremos?
- Una escuela con un incremento en la relación entre docentes y la cantidad de alumnos y padres involucrados, incorporando no sólo docentes sino también profesionales de otras disciplinas (psicólogos, trabajadores sociales, etc.).

- Una escuela que promueva la capacitación permanente en servicio de sus docentes, tanto en las áreas de sus disciplinas específicas como en aspectos pedagógicos, estableciendo dedicaciones específicas retribuidas, en el marco de una planificación que configure una carrera docente.

- Una escuela vinculada con centros de salud, deportivos y culturales, otras escuelas y con las autoridades municipales de la jurisdicción.

- Una escuela con una fuerte formación básica y con más de una orientación.

- Una escuela que asegure la permanencia, de puertas abiertas, con una marcada identidad, una escuela para la democracia capaz de construir ciudadanía.

La educación que se brinde debe partir de los intereses de los adolescentes, de los saberes no formalmente adquiridos y experiencias de la vida diaria para construir acercamientos al conocimiento que generen el placer de descubrir e interpretar lo cotidiano, incluyendo el desarrollo del gusto estético, literario, musical y el disfrute en la búsqueda del conocimiento.

Históricamente, los perfiles requeridos para la iniciación en el campo laboral se distinguían de los necesarios para la formación ciudadana y propedéutica. En la actualidad, las capacidades demandadas para ambos perfiles son homólogas, ampliando y complejizando la diversidad de conocimientos y experiencias básicas.

Los requerimientos actuales determinan que en la formación de los jóvenes se deban enfatizar el desarrollo del pensamiento crítico, las competencias comunicativas, la capacidad para el trabajo en equipo, la flexibilidad y creatividad, la habilidad para resolver problemas y tomar decisiones, la adaptación a los cambios, el desarrollo del pensamiento lógico - formal, el dominio del idioma nacional y de un segundo idioma.

La escuela debe dotar de instrumentos conceptuales que permitan pensar el mundo, los seres y las cosas de modo que cada uno pueda desbaratar falsas evidencias, desnaturalizar lo obvio, interrogarse y generar interrogantes. Estos instrumentos les permitirán liberarse de prejuicios, entender e interpretar el lugar que les ha tocado ocupar en la sociedad, única manera de acceder a la emancipación y a su transformación.

Habrá que ampliar y variar las modalidades de enseñanza para contribuir a elevar la autoestima personal, la seguridad en sí mismo, la defensa de sus derechos y conciencia de sus responsabilidades, el reconocimiento de sus potenciales y la manera de ponerlos en juego, el cuidado propio, de los otros y del ambiente, el enriquecimiento de su formación integral. Para asegurar la permanencia, la escuela podrá ofrecer diferentes modalidades de cursada que permitan la continuidad de los estudios y eliminar la repetición, sin desmedro de la calidad educativa.

Serán necesarios cursos hetero géneos y estables para construir lazos de inclusión entre el grupo de pares, condición imprescindible para la identidad, sin desconocer las necesidades diferenciadas de los alumnos y, por ende, elaborar estrategias diversificadas para darles respuesta. Nos referimos al establecimiento de trayectos diferenciales con apoyos de variadas características.

Proponemos una escuela de puertas abiertas, que trascienda lo escolar para configurarse como un centro de producción cultural y de encuentro comunitario, constituyéndose como referente de los jóvenes y sus familias, promoviendo la incorporación, permanencia y el egreso de los estudiantes. Este aspecto está relacionado con el uso del tiempo y el espacio ocioso de la escuela, que requiere una escuela abierta de lunes a lunes, con diversos proyectos deportivos, culturales, sociales, recreativos y de servicio por parte de la comunidad de referencia.

Se necesita una cultura escolar que genere identidad y pertenencia desde el propio diseño, para lo que se deberán incorporar en el proceso aportes de la comunidad donde se inserta y de organizaciones que aborden diferentes temáticas referidas a los jóvenes.

Deberá promover entre los alumnos valores de solidaridad y formación ciudadana a partir de la enseñanza de contenidos escolares específicos, del desarrollo de proyectos institucionales y comunitarios, como así también a través de la confrontación de ideas entre docentes y alumnos o entre los mismos alumnos, propiciando una actitud reflexiva para el análisis y la transformación de la sociedad, en un marco democrático, solidario y ético.

En cuanto a la cuestión de la exigencia y su estrecha vinculación con la excelencia, efectivamente planteamos criterios de exigencia:

- Hacia los gobiernos para que provean los recursos necesarios para atender la tarea educativa.

- A la escuela como institución en el sentido de que se haga cargo de los distintos y complejos problemas que la sociedad le demanda, tanto en cuanto a los aspectos que hacen a la vida del adolesce nte (enseñanza , contención, comprensión, atención de necesidades básicas, recreación, estímulo a las capacidades creativas) como a las diversas funciones relacionadas con docentes, familias y comunidad en la que se inserta.

- A sus directivos no solo una austera y correcta administración de recursos sino también un permanente trabajo de actualización curricular y de metodologías de enseñanza, acorde con los continuos cambios que el contexto demanda.

- A los docentes para que asuman el compromiso de capacitación tanto en lo disciplinar como en lo pedagógico y riguroso cumplimiento de sus funciones.

- A los padres para que se involucren activamente en la vida de sus hijos, participando en las múltiples instancias que la escuela debe ofrecerles.

- A la comunidad para que considere la escuela núcleo sustantivo de sus actividades, contribuyendo a revalorar la educación como uno de sus pilares esenciales.

Si los distintos actores cumplen con estas exigencias, podremos a nuestra vez exigir a los alumnos una participación activa y responsable en la tarea de enseñanza-aprendizaje, por cierto necesaria para su formación integral.

Una escuela de excelencia, a nuestro criterio, será aquella en la que todos los actores involucrados cumplan cabalmente con sus responsabilidades y logre de este modo el objetivo de generar buenos ciudadanos, pensantes y críticos, con condiciones para construir su propio destino.

Queda abierto el debate. Si queremos orientar a nuestro país en el camino de los derechos económicos, sociales y culturales, sin excluidos y sin pobres, algo deberemos hacer con la escuela media, y pronto. Lo que no hagamos, o hagamos mal, repercutirá en la calidad de vida y la posibilidad de que nuestros jóvenes puedan enfrentar los desafíos de esta época y, al mismo tiempo, tendrá decisiva influencia en un desarrollo con equidad para la sociedad argentina.

* El presente trabajo se basa en la ponencia "La escuela como destino posible" presentada junto con la Lic. Ester Motrel en las jornadas El Plan Fénix en vísperas del segundo centenario, en agosto de 2005, Buenos Aires.

* Rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini.

1 Duschatzky, S., Birgin, A., 2001.
2 Lewkovitz, I. y otros, 2001.

   
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