Aniversario
por Rudy

La señorita Silvia, si vamos a ser sinceros, quería y no quería entrar en el aula. Tenía que hablar con los chicos del aniversario del golpe, y si bien por un lado se sentía "orgullosa de su labor como maestra" por poder encarar con sus alumnos temas como estos, por otro lado era totalmente consciente de lo difícil que le resultaba."¿Cómo explicarles a ellos lo que una misma jamás va a terminar de comprender?". Mientras caminaba hacia su clase, pensó en hablarles de sus propias vivencias de aquellos tiempos. Luego recordó que en el momento del golpe ella era una nena, más chica que sus alumnos actuales. ¿Cómo iba a hacer esa nena que tampoco entendía nada, para transmitirles lo que pasó a estos "chicos de hoy"? Allí la señorita entró en pánico. Ya estaba por pedir una sesión de terapia de urgencia, o consultar a la psicopedagoga, a la directora, a otra maestra o a quien tuviera cerca, cuando sus propios recursos actitudinales, conceptuales, procedimentales y mentales llegaron en su ayuda. "¡Soy una adulta!", se dijo, "¡soy maestra, tengo que poder!". Y con esa consigna, casi de superheroína, caminó los pasos que faltaban, y entró.

-¡Buenos días, chicos! -saludó a la multitud infantil que desarrollaba diversas actividades que se podrían catalogar como "gritos, charla, juegos y violencia soft".

-¡Buenos días, seño! -le respondió la sumatoria de las voces de los alumnos aglutinada en una voz que era la de todos y la de nadie a la vez.

Ante la presencia de la maestra, los chicos sintieron la voz de la autoridad, y la desobedecieron: continuaron con sus actividades diversas luego del saludo. Hasta que ella les dijo:
-Chicos, siéntense, que hoy tenemos que hablar de algo muy terrible que pasaba hace 30 años.

-Sí, yo lo sé -dijo Joaquín-, lo vi en la tele en una película, había unos monstruos terribles que destruían todo y mataban a las personas.

-Bueno, era más o menos así, pero esos monstruos eran personas que.

-No, seño, usted vio otra peli, en la que yo vi, eran dinosaurios; unos volaban, otros se arrastraban, y el peor era el tiranosaurio.

-Bueno, Joaquín, a veces el arte imita a la realidad, pero los dinosaurios se extinguieron hace millones de años, y esto pasó hace solamente 30.

-Señorita. hace treinta años yo no había nacido, mi papá no había nacido,mi mamá no había nacido ¿Cómo quiere que sepa si había dinosaurios o no?

-Bueno, Joaquín, pero estarían tus abuelos, tus tíos, los libros de historia...

-¡Internet! -dijo Sebas.

-Bueno, ahora también internet; pero hace 30 años, no había.

-¿No había? ¿la habían destruido los dinosaurios? -preguntó Sebas.

-¿Pero no escuchaste que la seño le dijo a Joaquín que no había más dinosaurios?

-¿Y por qué no había más? ¿Los destruyó Bush para que se transformaran en petróleo? -preguntó Javier-. Porque yo leí que los dinosaurios "nos dan" petróleo y él es capaz de cualquier cosa por un poco más de petróleo.

-¿Cómo decís esa barbaridad? -preguntó Joaquín, esperando que esa frase fuera el inicio de una buena pelea.

-Porque tengo el derecho de decir lo que quiera y eso también lo leí.

Y antes de que Joaquín levantara el puño, la señorita Silvia aprovechó:
-¿Ven, chicos? Lo que pasó hace 30 años es que hubo un golpe de Estado, y nadie tenía el derecho de pensar o decir lo que quisiera.

-Pero, seño, ¿por qué no? -esta fue la dulce Julieta-. Una dice lo que quiere, pero solo se lo dice a las personas de confianza, y ¿quién se entera?

-Mirá, Julieta -siguió la señorita-, todos tenían muuuucho miedo, uno podía decir algo que a los que habían tomado el poder no les gustaba, o les parecía que no les gustaba, y a uno le iba muuuy mal.

-Seño, ¿uno cómo sabía qué era lo que podía decir y qué no, o a quién se lo podía decir y a quién no? -preguntó Javier.

-Esa, chicos, era otra parte del miedo. Y de pronto, la señorita Silvia descubrió que. lo estaba explicando.

   
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