Participación en serio

Lo que muchas veces se agota en una mera declaración de principios, en el Instituto Superior de Formación Docente N° 809 de Esquel, provincia de Chubut, es una realidad cotidiana. La participación "responsable, comprometida y activa" de los estudiantes está planteada como elemento central del proceso de aprendizaje. Y su alcance no se limita a las aulas; también contempla una inserción profunda en la comunidad, que requiere una sintonía fina con sus necesidades.


Ustedes abrieron el canal de diálogo; ahora bánquensela", dice uno de los alumnos, cara a cara con las autoridades de la institución donde cursa el profesorado. La contundencia de esa sola frase sugiere la magnitud de la apuesta que comenzó a plasmarse, desde hace un año, en el Instituto Superior de Formación Docente (ISFD) Nº 809. Lo que se impulsa es la participación -entendida como parte de la formación- de los futuros maestros, tanto hacia adentro como hacia afuera de esa institución que funciona en Esquel, provincia de Chubut. Así enunciada, la consigna no parece diferir de las intenciones de muchos documentos oficiales, pero fuera de los papeles es una práctica educativa cuya única certeza es que no tiene vuelta atrás. Ivana Ferniot, directora del Instituto, lo sabe: por eso no se siente irritada por las críticas, sino satisfecha.

Sábado 9:30 horas. Desde una de las oficinas se escapan las voces de las alumnas -a veces calmas, otras exaltadas- que leen y analizan junto a la coordinadora Fernanda Reinoso, los resultados de una encuesta realizada entre los estudiantes sobre el funcionamiento del Instituto. "Ahora la profesora ya nos aprobó, pero con eso no alcanza porque la cursada fue mala y ya la perdimos", comenta Julieta Galván, en representación de sus compañeros de carrera. En la reunión, las chicas dan nombres y precisiones y, con mucha frescura, se sumergen en un proceso de apertura institucional que no todos apoyan, ni está exento de diferencias, enfrentamientos y escollos.

Entre la sede de Esquel y la que funciona a 120 kilómetros, en Lago Puelo, el ISFD N° 809 cuenta con cerca de 500 alumnos y 100 profesores. Orientado hacia las áreas sociales y humanísticas, se dictan dos profesorados ya tradicionales: el de Educación Inicial y el de 1º y 2º Ciclo del EGB. A estas carreras se suman otras que se abren por un período determinado, para responder a alguna necesidad local concreta. Una de ellas es el Profesorado de Lengua y Literatura: la última promoción de docentes en estas asignaturas se recibió en Esquel hace unos treinta años.

En 2005 se estrenó el Profesorado de Educación Física. Lo que en principio surgió como un requerimiento ministerial fue resignificado por el ISFD, a partir de la premisa de que el aprendizaje no debe ser solo intramuros.

"La actividad física no puede verse reducida al espacio de unas horas semanales durante el período escolar, ni estar acotada al entrenamiento y la selección de atletas competitivos y de alto rendimiento -sostiene Andrea Molachino, coordinadora de la carrera-. Y el campo laboral no se ciñe al aula sino a ámbitos no formales como los barrios, los clubes, las asociaciones, aportando herramientas para el cuidado físico y el buen uso del tiempo libre". A lo largo del año, los alumnos fueron auxiliares de campamento, participaron en actividades recreativas escolares, colaboraron en las caminatas organizadas por grupos de ayuda a personas con sobrepeso, e integraron el equipo logístico de los Juegos de la Araucanía (una competencia entre la Patagonia argentina y la chilena), donde la ciudad de Esquel fue premiada como la mejor organización.

Esta nueva carrera ha alborotado al Instituto en más de un sentido: desde la hiperactividad del grupo y el repiquetear ensordecedor de la pelota hasta la masiva presencia masculina.

Viernes, 11 horas. Mariana Lacanette tiene abrazada y sentada sobre sus rodillas a una de las nenas del jardín maternal del barrio Estación, donde hace las observaciones exigidas en la Tecnicatura Superior en Asistencia Infanto-juvenil, otras de las carreras del ISFD. La nena le contó que el papá le había pegado a la mamá, y la semana anterior le había dicho que iba a tener un hermanito.

"Como profesional, tenés las mismas preocupaciones que una asistente social, pero especializada en niños y adolescentes -explica la estudiante, respecto a la carrera que eligió-. Y a mí me parece que hay cosas que son más fáciles de cambiar si las agarramos desde que son chiquitos".
   
Lacanette tiene 25 años y vive sola desde los 16. Trabajó en un comercio hasta que se enfermó de estrés y de falta de expectativas. "Si de adolescente me hubiera cruzado con una asistente infanto-juvenil, seguramente me habría ayudado", agrega.

Aunque las prácticas y las actividades fuera del instituto son realizadas por los alumnos en cualquier momento del día, el ISFD N° 809 funciona formalmente de lunes a viernes desde las 18 -y los sábados por la mañana- en un edificio compartido con tres escuelas más. Así, el Instituto está siempre en disputa por el espacio y por la lógica de una construcción donde el conocimiento se presenta ordenado en dos plantas, largos pasillos y aulas alineadas. A pesar de todo, el bello paisaje de Esquel logra colarse por las ventanas. Desde las aulas pueden verse los cerros La Zeta, La Cruz y 21; las pistas de esquí de La Hoya; el valle 16 de Octubre y los picos nevados de la Cordillera.

Jueves, 21 horas. De espaldas al pizarrón, el especialista Antonio Díaz Fernández explica algunos fonemas en lengua mapuche. Esta clase forma parte de los llamados "espacios curriculares abiertos" implementados por el Instituto. En el último año de todas las carreras, los estudiantes pueden elegir dos materias para cursar y esta es una de las que surgió por iniciativa de ellos mismos.

En general, los egresados empiezan el ejercicio de la docencia en las zonas rurales, habitadas por los descendientes de las pocas comunidades indígenas que -acorraladas en terrenos de dudosa capacidad productiva- sobrevivieron a la Campaña del Desierto.

Uno de los coletazos de la política impulsada por Julio Argentino Roca alcanzó a la Reserva del Cacique Nahuelpan, en Esquel, a mediados de los años 30. Según describió Jorge Oriola -coordinador de EGB 1 y 2 del Instituto- en su libro Esquel, del telégrafo al pavimento, en 1937 la comunidad indígena fue desalojada de sus tierras por orden oficial. Tras treinta años de habitar esa Reserva, más de 300 personas fueron desterradas a golpes y tiros.

Andrea Ruiz, egresada del 809, tiene a su cargo las clases de la escuela N° 107 que nuclea a las sesenta personas que viven dispersas en los cerros de Nahuelpan. En 2003, el colegio estuvo a punto de cerrarse porque tenía muy pocos alumnos. La comunidad recurrió entonces al Municipio, que implementó el proyecto de traer a los hijos de las familias mapuches radicadas en Esquel, a estudiar a Nahuelpan con un micro que todos los días recorre de ida y de vuelta los veinte kilómetros que los separan de la ciudad. El único medio de locomoción que une ambos lugares es La Trochita: un tren turístico que corre sobre vías de solo 75 centímetros de ancho y no tiene frecuencia fija.

Ni los padres ni los alumnos de la escuela de Nahuelpan saben mapuche. Luego de años de discriminación, las familias dejaron de transmitir su lengua y a los chicos los avergüenza reconocer su identidad.

Lo mismo pasa con muchos estudiantes del Instituto, pese a que sus raíces indígenas se hacen evidentes desde los propios registros de alumnos, testimonios involuntarios del origen de la población de Esquel: en los listados figura una gran cantidad de apellidos de ascendencia galesa y otro tanto de ascendencia mapuche.

Jueves, 21 horas. En otra de las aulas, un profesor dicta clases de Primeros Auxilios. Explica -como puede- las posibles reacciones del cuerpo porque no tiene el muñeco que habitualmente se utiliza para las prácticas.
Hay uno solo en todo el sistema escolar de la ciudad y para utilizarlo hay que pagar un alquiler, de modo que solo lo piden cuando toman exámenes.

Primeros Auxilios es uno de los cursos incluidos entre las actividades de capacitación, extensión y difusión que fomenta el Instituto. El abanico va desde un coro, las clases de teatro y el taller de video, hasta la organización de encuentros y jornadas (Investigación Educativa, Ciencias del Lenguaje y su Didáctica, Ciencias Sociales, Educación no Formal e Intervención Comunitaria) y la edición de la revista Miradas Cotidianas. "La publicación surge como un registro de expresiones y un canal donde volcarlas. De algún modo documenta la vida de la institución, pero desde otra textura. A veces vemos que las escuelas están disociadas de lo que ocurre afuera, la revista es un espacio no acotado a lo académico", explican los profesores Daniel García y Mariela Massacese.

Publicado en 2003, el primer número acompañó la campaña "No a la mina", llevada adelante por la población de Esquel que se oponía a la explotación de oro y plata por parte de la empresa multinacional Meridian Gold. Movilizaciones de hasta 8 mil personas desembocaron en un plebiscito popular en el que el 81 por ciento de los votantes se opuso al emprendimiento minero. Aunque el proyecto está ahora detenido, todavía hay inscripciones de "No a la mina" en las paredes de la ciudad y los días 4 de cada mes se realiza una marcha.

Sábado 13 horas. "Yo pienso que si algún día vamos a ser docentes críticos y activos en la transformación de la realidad, hay que empezar ahora, no esperar el título para hacerlo", dice Julieta Galván en la reunión de evaluación de la encuesta. Se queja porque sus compañeros no participan lo suficiente.

Este año, por primera vez, representantes de los alumnos de cada carrera asistieron sistemáticamente a las reuniones del Consejo Consultivo que, integrado también por el Consejo Directivo y los coordinadores de las carreras, analiza -entre otras cuestiones- los proyectos académicos que se van a implementar.

El Centro de Estudiantes no se conformó aún. Entre los profesores hay dos líneas de opinión. Por un lado, están los que creen que los alumnos son adultos y que tienen que organizarse solos. "Otros, en cambio, sostenemos que los chicos vienen de quince años de educación donde se clausuró la participación, entonces hay que estimularla -explica Ferniot, la directora-. Pero no me refiero a la participación desde la mera crítica, sino a una participación responsable, comprometida y activa, con postura crítica, en todo caso. Porque un docente se hace no solo en las aulas sino en las experiencias que la institución formadora le posibilita".

Viernes, 19 horas. Carla Rolón y Julieta García dicen que eligieron el profesorado porque les resultaba económicamente más accesible que la Universidad y les
garantizaba trabajo seguro. Creían, además, que era un estudio fácil. Pero la cursada no les resultó tan liviana.


Esquel tiene unos 40 mil habitantes; es una localidad donde la construcción está en alza, en una provincia con turismo y regalías petroleras. Declarada por las actuales autoridades provinciales como "la ciudad que educa", está ubicada en una región donde hay una gran necesidad de docentes. Pese a esta disponibilidad, el 40 por ciento de los que ingresan al Instituto abandonan a mitad del primer año y otro porcentaje lo hacen cuando empiezan las prácticas. Es entonces cuando constatan que no hay un solo modelo educativo y que deben decidir cómo van a implementar aquel que sea acorde con su ideología.

-Eso a mí me confundió mucho, yo sé lo que quiero hacer y lo que no, pero a partir de la experiencia de las prácticas, en las que vi un modelo opuesto al modelo en que yo me formé, me surgieron muchos interrogantes -explica Rolón.

-Porque quizás tenés toda la estructura en contra, sos una sola del montón- agrega su compañera.

La encrucijada no es menor.Y en el Instituto van a pensarla con las herramientas en las que confían: planean desarrollar un nuevo trabajo de investigación, que se sumará a los que docentes y alumnos llevan adelante desde 1997.

Judith Gociol
Fotos: E. Rey

Otro ladrillo en la pared

En la sala, a oscuras, los cuerpos van y vienen. Todos de negro y con unas anteojeras que no les permiten ver. Van y vienen hasta provocar exasperación.
Stop, grita el coordinador, que no deja de dar órdenes a lo largo de toda la función: Ritmo, ritmo. Stop. Los cuerpos, no quiero cuerpos lavados. Ac-ti-tud docente, quiero actitud docente. Vamos. Ritmo y actitud. Stop.
La directora, la supervisora, el docente nuevo, la maestra jardinera, el padre, la portera: todo el sistema educativo queda expuesto con mirada aguda y descarnada en Ladrillos pedagógicos, la obra de teatro preparada por un grupo de doce alumnos del Instituto de Formación Docente N° 809.

La estrenaron en noviembre pasado, en el Cuarto Encuentro Patagónico de Ciencias Sociales -organizado por el propio Instituto- y lo que los asistentes tuvieron delante de sí, no fue una puesta sino un espejo. Vamos a dar comienzo a nuestro VII Encuentro Hábitos para la Convivencia Institucional Escolar, seminario reconocido por el Ministerio y la Ley Federal. Stop.
La prepararon de noche, después de clase, y durante los fines de semana, en el estudio que Daniel García -director de teatro y uno de sus docentes- tiene montado en su casa. "Yo tiraba algunas consignas pero todo es creación de ellos. Lo que surgía, no lo podía censurar y la verdad es que también tuve miedo: estoy en el sistema educativo desde hace 30 años, soy profesor del Instituto, inspector del Polimodal y padre de hijos adolescentes... Yo también me reflejaba en ese espejo".

Ritmo, ritmo. No pierdo la actitud. Stop. Esto es patético. Docentes que forman a diario 300 niños por escuela, todos los días formados de igual manera. ¿No saben formarse? Petisos al centro, no. Distancia.
El lenguaje académico como pura cáscara, las formas sin fondos, o fondos que mejor no ver, la esquizofrenia entre el decir y el hacer, las relaciones de poder y jerarquía, el autoritarismo: la puesta parece seguir la estructura de un videoclip en donde cada una de las imágenes sintetiza, de modo autónomo, percepciones complejas.

Ratas, ratas. Repitan: "Soy una rata". Más fuerte. Stop. En la obra, todo el plantel docente es de signo rata según el horóscopo chino. Todos menos los cargos superiores: esos y esas son víboras. Después de la presentación, Ivana Ferniot, la directora del Instituto, se encontró en el Congreso Docente con dos supervisores que se miraron y le dijeron: "Acá estamos las serpientes".

   
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