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Entrevista: Estela Barnes de Carlotto
La larga lucha contra el silencio
"El problema más terrible es que los responsables del
terrorismo de Estado no confiesan y no ayudan a esclarecer la historia", dice Estela Barnes
de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Docente durante 28 años, la desaparición
de su hija Laura en 1977 (estaba embarazada y luego fue asesinada por la dictadura) convirtió
su vida en una búsqueda infatigable de verdad y justicia. Pero enfatiza que el compromiso de Abuelas con los derechos humanos no se
agota en el esclarecimiento del destino y la identidad de los chicos nacidos en cautiverio.
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Estela Barnes de Carlotto nació en 1930, en la Ciudad de
Buenos Aires: "Yo nací con un golpe militar, cuando desalojaron
a Yrigoyen", recuerda. Luego de vivir en varias localidades de la
provincia de Buenos Aires, a los 10 años se instaló en La Plata, ciudad
que adoptó como suya. Podría decirse que su vida estuvo siempre ligada
a los niños: durante 28 años se dedicó a la docencia, primero
como maestra de grado y luego como directora. Soñó con tener hijos
y tuvo cuatro: dos mujeres -una asesinada por la
dictadura- y dos varones. Hace 29 años que rastrea
a su nieto desaparecido, Guido, hijo de Laura. Y es
la presidenta de la Asociación Civil Abuelas de Plaza
de Mayo, la organización no gubernamental abocada
a encontrar a los hijos de detenidos-desaparecidos
nacidos en cautive r i o, robados y entregados a
otras familias, que lleva localizados 81 chicos secuestrados.
En 1976 Estela era una docente de clase media, casada
con un químico, que ya estaba pensando en jubilarse
para dedicarse a sus nietos. No había tenido
ninguna militancia política hasta que secuestraron y
asesinaron a Laura. En ese momento sintió que no
tenía opción, que no había otra cosa que hacer que
buscar la verdad y la justicia. En ese camino aprendió,
además, otra acepción de la palabra "maestra".
"Algunas Abuelas fuimos maestras o directoras
de escuela; las otras aprendieron a ser maestras en
la lucha " , responde cuando se le pregunta por la
relación entre la práctica docente y la militancia.
Ella aprendió a reclamar frente al poder, a no tenerles
miedo a los "grandes personajes":
"Aprendimos que un rey es un hombre, que tiene
derechos, pero sobre todo tiene obligaciones de
Estado". Carlotto aprendió a disertar en ámbitos internacionales,
a enfrentar micrófonos y flashes, a
salir en la televisión y en los diarios. Pero en su porte,
su entonación y sus modos persiste algo de la
directora de escuela que siempre quiso ser.
-¿Cómo elegiste dedicarte a la docencia?
-Yo me siento maestra con vocación desde muy chiquitita.
Siempre sentí admiración por las maestras.
Cuando todavía no había terminado la escuela
primaria fui catequista en una iglesia, es decir, ya
me sentía con poder de mando. Yo era muy buena
alumna y terminé la primaria con casi todos
diez. Luego ingresé a La Misericordia, donde encontré
una congregación de monjas muy progresistas.
Recién recibidita me designaron maestra
suplente en Coronel Brandsen, una localidad
a 40 kilómetros de La Plata.
-¿Cómo fueron tus inicios como maestra?
-Yo me inicié en una escuelita Lainez (N. de R.: la
L ey Lainez creaba escuelas nacionales en lugares
desfavorables) y debía atender cuatro grados
conjuntos. Eran chicos de la periferia, muy pobres.
Después fui maestra titular, y más tarde me
presenté a concurso y gané la dirección de la escuela.
Cuando se produjo la transferencia de las
escuelas Lainez a la provincia de Buenos Aires,
yo era presidenta de la Junta de Clasificación así
que, sin volver a mi escuelita, conseguí una escuela
a dos cuadras de mi casa. Ahí terminé mi
carrera docente, siempre con cargo directivo. La
dictadura y mi jubilación me encontraron siguiendo
un curso, que terminé ya jubilada. Yo me
jubilé a los 48 años y con 28 años de servicio.
-Cuando secuestraron a tu hija, ¿vos estabas en la
escuela?
-Cuando secuestraron a Laura, en noviembre de
1977, yo estaba ejerciendo la docencia en la esc
uela 43 de La Plata. Al enterarme de que ella
estaba esperando un bebé, quise tener todo el
tiempo para buscarlo y decidí iniciar los trámites
de mi jubilación anticipada. A Laura la asesinaron
el 25 de agosto del 1978. Nos entregaron
el cuerpo -cosa insólita- y pudimos velarla.
El 30 de agosto, ironía triste, me salió la jubilación.
Salvo dos maestras, el resto del personal
no sabía lo que nos estaba pasando y cuando vinieron
al velatorio me decían llorando: " Estela,
¿cómo pudo vivir esto?". Po r q ue yo seguí yendo
a trabajar todos los días como si no me pasara
nada, visitando los grados, asistiendo a los docentes.
El dolor que llevaba adentro podía expresarlo
en otro lugar, pero no tenía que llevarlo
a la escuela, esa siempre fue mi conducta. Y
me incorporé a las Abuelas en marzo o abril de
1979.
-¿Y lo que estaba pasando en el país, ingresaba en
la escuela de algún modo?
- Sí, porque nosotros recibíamos chiquitos de un
instituto de menores, y había muchas dudas acerca
del origen de esos chicos. Muchos no tenían
aspecto de abandonados. Luego, las maestras a
veces venían espantadas de lo que veían en la calle
o de lo que les tocaba vivir a ellas. En una
ciudad universitaria como La Plata, en la que hubo
centenares de víctimas, la persecución era visible.
A la noche se escuchaban las ametralladoras,
los gritos.
-¿Se hablaba de eso con los chicos?
- No, para nada, ni los grandes hablaban entre sí.
Cuando desapareció Laura, yo no manifestaba lo
que me estaba pasando, me autocensuraba, porque
del otro lado iba a recibir la incomprensión
y la crítica: "En algo andaban", "Por algo será",
"Esta señora no cuidó a sus hijos".Y los argumentos
conocidos -si usaba falda corta, el pelo,
la barba- que la dictadura se ocupó muy bien de
instalar en la sociedad como referente de culpa
para las víctimas. No se hablaba, todo era terror.
- ¿ Cómo recordás el 24 de marzo de 1976 en la escuela?
- Yo tengo más memoria del antes y del después. Lo
que puedo recordar es la situación de otros golpes
de Estado, y que mucha gente los festejaba.
Me acuerdo de las marchas militares que pasaban
en la escuela.Y nosotros, ¿qué hacíamos? Aceptarlo.
Pienso que si mi generación hubiera tenido la lucidez
de oponerse a las muertes que hubo en la
Plaza de Mayo en el 55, no habría habido un golpe
de Estado. Pero nosotros no hicimos nada, no
teníamos cultura de protesta. Los obreros, los estudiantes,
q uizás sí; pero la sociedad común, no.
Ese es un pesar generacional que tengo y un reconocimiento
de que éramos indiferentes.
-¿Cómo fue tu incorporación a Abuelas?
- Fui muy bien recibida, dijeron "Qué suerte que
sos maestra, vas a servir para hacer tareas que
otras no sabemos hacer". Éramos un grupo de
mujeres llenas de dolor, sin saber qué hacer, con
miedo. Antes del advenimiento del primer gobierno
constitucional ya empezamos a hacer mucha
docencia, tanto dentro como fuera del país.
Frente a la Guerra de Malvinas trabajamos concientizando
sobre quiénes eran los que nos estaban
gobernando. Hoy, eso ya se ha hecho rutinario,
vamos adonde nos llamen, a hacer
docencia: escuelas primarias, secundarias, universidades,
grupos barriales; no faltamos nunca.
No solo seguimos viviendo de la búsqueda de
verdad y justicia de nuestros nietos, sino que hemos
abierto nuevos caminos. No somos indiferentes
a otras violaciones de los derechos humanos:
hablamos de la niñez, de la vejez , del
deterioro de la educación y de la salud, de la falta
de vivienda, de quien hace un piquete para
dar de comer a sus hijos.
-Si hoy fueras maestra, ¿cómo trabajarías el tema
de la dictadura?
-Si tuviera que enseñar la historia reciente, lo haría
con mucha delicadeza pero con mucha verdad,
y la enseñaría como obligación porque no
se puede obviar esa etapa. Debemos dar explicaciones
de por qué estamos empobrecidos, por
qué la dirigencia política nos decepciona, por qué
hay tanto movimiento social de protesta, por qué
estamos las Abuelas, las Madres, los Familiares.
Si eso no se les explica a los chicos, los chicos
preguntan.A Abuelas vienen delegaciones enormes
de chicos. Nosotras vamos y ellos vienen.
Damos charlas, proyectamos videos, hay Teatro,
Música, Danza, Tango por la Identidad. Todo eso
está circulando en la Argentina y por el mundo.
Todavía hay escuelas donde los directores dicen
¡no!. Filmus hizo un convenio con todos los ministros
para trabajar el tema de los derechos humanos
y llevamos un video, Puerto de Partida, con
un cuadernillo didáctico para que lo propaguen.
El 28 de noviembre pasado, Estela Carlotto acompañó al ministro Daniel Filmus en la presentación del CD "Escuelas
por la Identidad", que compila material multimedia e integra la Colección Educ.ar de recursos para docentes.
El CD -desarrollado de modo conjunto por el portal Educ.ar, la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo y la productora
de contenidos educativos Foro 21- reúne textos de diferentes disciplinas, testimonios de variados actores
sociales, un amplio abanico de perspectivas para abordar este tópico -relatos de experiencias, documentos jurídicos,
ponencias- y recursos didácticos para el aula.
"He sido maestra, muchas abuelas fueron maestras, y otras aprendieron luego a serlo, porque desde el principio
quisimos salir a explicar por qué luchábamos, a los barrios,a las escuelas, a los sindicatos -contó Carlotto durante
la presentación-. Ahora tenemos abiertas las puertas del Ministerio para hacerlo de manera formal, porque lo
hacíamos a nuestra manera, esporádica, casual. Ahora el tema de la identidad está instalado en las escuelas".
El titular de la cartera educativa nacional, por su parte, explicó: "Queremos que todos y cada uno de los chicos de
la Argentina sepa y defienda sus derechos, y que se conozca la lucha de las Abuelas por el derecho a la identidad.
Las escuelas de nuestro país serán templos de la memoria".
Al igual que los otros volúmenes que integran esta colección, el CD está organizado como un sitio de internet, de
modo que su uso sea también un entrenamiento para navegar en la red de redes. Los docentes podrán solicitar el
material completando el formulario on-line en el portal Educ.ar (www.educ.ar), por e-mail a info@educ.ar o telefónicamente
al (011) 5129-6500. |
-En estos años de docencia, desde Abuelas, ¿cuáles
fueron los logros principales?
-En principio, introducir la posibilidad de que se
hable del tema. Los que antes decían: "Mírenlas
a estas señoras, ¡qué locas!, ¡mienten!" o "Ya pasó,
miremos para adelante", no pudieron instalar
la desmemoria. La gente hoy ya no dice eso;
solamente un grupo persiste en la negativa, que
será el que quiere que no se hable de esto porque no le conviene o porque le toca. Mucha gente
nos dice: "Gracias por lo que están haciendo,
sigan, no abandonen, porque esto lo hacen por
todos".
-¿Qué problemas sigue habiendo?
-El problema más terrible es que los
responsables del terrorismo de Estado,
las Fuerzas Armadas, de seguridad y civiles
cómplices no confiesan y no ayudan
a esclarecer la historia. Nosotras estamos
seguras de que quienes secuestraron
a nuestros nietos, nacidos o por
nacer, saben dónde está cada uno de los
500 chicos que estamos buscando. Pero
nadie habla, hay un silencio corporativo
que no hemos podido destruir.Y con
las leyes de impunidad perdimos casi
20 años conviviendo con los asesinos.
Las únicas que podíamos llevar a la Justicia a los
apropiadores de nuestros nietos éramos las
Abuelas, p o r q ue ese delito no fue perdonado. En
cambio, alguien podía decirme: "Señora de
Carlotto, yo maté a su hija" y después irse a su
casa y yo no podía hacerle nada. Hoy la Suprema
Corte declaró estas leyes inconstitucionales y todos
los organismos estamos reflotando las causas
que estaban dormidas y hay un movimiento
jurídico muy grande. Pero siempre chocamos con
el silencio.
–¿ Qué esperarías para el próximo 24 de marzo?
–El 24 de marzo de 2006 nos da la dimensión de 30
años, lo cual es una vida larga, pero el saldo positivo
es que nunca nos quedamos quietos, nunca
bajamos los brazos, y seguimos. A pesar de tener
21 años de gobiernos constitucionales, de
tener signos de apertura de esta última gestión
para resolver el tema, no nos quedamos quietos.
Seguimos. Colaboramos con el Estado, pero con
independencia para hacer lo nuestro. Es mucho
lo que hay que hacer todavía. Creo que los resultados
son haber encontrado 81 chicos. Cada
grupo, de acuerdo con su especificidad, sigue
abriendo caminos, incorporando novedades, nuevas
dinámicas y técnicas. Yo creo que el 24 de marzo
hay que recordarlo como lo que fue, como el
comienzo del horror, y hay que recordarlo como
una lucha de un pueblo. Un pueblo con muchos
defectos, pero que tiene la virtud de ver ante la
contrariedad una especie de desafío. Y seguimos,
no nos hemos arrodillado, seguimos de pie.
Inés Tenewicki y Ana Abramowski
Fotos: Roberto Azcárate
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