Para que no se repita

El 24 de marzo se cumplen 30 años del golpe de Estado que dio lugar a la más trágica dictadura de nuestra historia. Durante seis largos años, el terrorismo de Estado dejó su huella de muerte, silencio, exilio e intolerancia. Como en todos los órdenes de la vida nacional, en la educación argentina quedaron cicatrices imborrables: docentes e intelectuales exonerados, encarcelados, desaparecidos, exiliados o silenciados por el miedo; bibliotecas destruidas, contenidos censurados. Cientos de miles de jóvenes vieron frustradas sus vocaciones por una universidad restrictiva, por claustros empobrecidos y por la persecución lisa y llana.

A su modo, los dictadores no se equivocaban. El saber, la democratización del conocimiento, la reflexión crítica y la dignidad son siempre una usina de libertad incompatible con los regímenes oprobiosos. La escuela es la principal institución para garantizar que el horror no se repita. No podemos ignorar que la dictadura fue posible porque la cultura democrática, los valores de la libertad y la justicia estaban débilmente arraigados en la sociedad argentina.

El mejor homenaje a aquellas figuras que supieron transmitirnos un emblema de resistencia ante la prepotencia irracional y el mejor legado para las nuevas generaciones es hacer de cada aula un templo de la memoria, de la libertad y de los valores democráticos.

Recordar no es anclarnos en el pasado: es la condición para poder pensar el futuro. Todos los chicos argentinos tienen el derecho y el deber de crecer sabiendo lo que ocurrió en su patria. Deben saber que la herencia de la dictadura no pertenece al pasado. La encontramos a cada paso. En los ausentes, en las familias desgarradas; en los jóvenes cuya identidad fue robada, y que continúan siendo infatigablemente buscados por sus familias. Por eso, el 24 de marzo, en todas las escuelas, todos los docentes junto con nuestros alumnos debemos reflexionar sobre lo ocurrido. Es nuestro deber ofrecerles información, estimularlos a ampliarla, ayudarlos a debatir acerca de una etapa dolorosa de nuestro pasado común y acerca de las formas de convivencia social sobre las que deseamos que se asiente el futuro. Es nuestro desafío -como docentes y como ciudadanos- trabajar cotidianamente para reconstruir un sistema educativo que irradie los valores democráticos y morales en los que deben formarse nuestros jóvenes.

Desde las páginas de El Monitor proponemos materiales para alentar esta tarea. Es nuestra manera de sumarnos a la tarea colectiva de recordar, pensar y reiterar nuestro compromiso para que nunca más el autoritarismo y la muerte se apropien de nuestros destinos.

Lic. Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología

   
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