Jóvenes y memoria
Sandra Raggio*

“En Los Cardales, la dictadura es como un agujero negro, no existió, no existe. En la escuela, pasamos del peronismo a la actualidad, y si le preguntás a la gente del pueblo, te dice siempre: “¿Acá? Acá no pasó nada”.
Alumno de EMN°1 de Los Cardales

Cualquier acción que promueva el tratamiento de la última dictadura militar, en la escuela encuentra sus límites en las resistencias que, para sorpresa de algunos, aún suscita su abordaje. Como bien advierte el alumno de Los Cardales, no solo es una cuestión de la escuela. Los procesos de elaboración social del pasado están atravesados por conflictos y pugnas en torno a los sentidos que se les asigna en el presente, en relación con los posibles horizontes de expectativas de la sociedad. Por otro lado, el sistema educativo poco ha reflexionado acerca de las responsabilidades que le caben como dispositivo de legitimación y disciplinamiento del régimen autoritario implantado, como así también de las marcas que él mismo ha dejado en sus prácticas y concepciones. La resistencia a tratar el tema por parte de algunos miembros del sistema educativo expresa en parte la renuencia a pensar estos aspectos de la institución, en tanto implica, irremediablemente, pensarse a sí mismos. Sin embargo, sin esta autorreflexión, todo lo que se haga correrá el riesgo de transformarse en esa memoria literal de la que habla Todorov, que nada dice acerca del presente y el futuro, sino todo lo contrario: que encierra al presente en el pasado.

El riesgo es mayor cuando se trata de ámbitos oficiales. El atajo que ofrece un “relato oficial” sobre la historia puede resultar atractivo tanto para los que quieren romper el tabú como para tranquilizar a los adscriptos al “de eso no se habla”. Al establecer de arriba hacia abajo una única relación posible entre el ayer y el hoy se despoja al pasado de sus tensiones. Es que el conflicto no solo expresa la pugna sino también la pluralidad y diversidad de la sociedad para producir significados sobre sus experiencias históricas. ¿Cómo intervenir, entonces?

El diseño del programa “Jóvenes y memoria. Recordamos para el futuro”, lanzado en el 2002 por la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires para las escuelas polimodales, es una propuesta que intenta intervenir sin eludir estas reflexiones.

En torno al eje “Autoritarismo y democracia”, proponemos el abordaje del pasado reciente en la escuela a partir de una premisa básica: que sean los alumnos los que se apropien significativamente de las experiencias pasadas. A partir de la elección de un tema o pregunta sobre la historia de su comunidad o localidad, diversos equipos de alumnos y docentes inician una investigación mediante entrevistas a protagonistas, consultas de archivo y con la producción de un relato donde exponen sus conclusiones. El soporte es también una elección: un video, un mural, una obra de teatro, una intervención urbana, una muestra fotográfica, un CD multimedia, una página web, una revista, un libro, un programa de radio, etcétera.

El programa plantea dos desafíos: uno pedagógico, que refiere a innovar la enseñanza de las ciencias sociales y de la historia en particular; y otro político: sumar a las nuevas generaciones en el proceso de elaboración del pasado común y por tanto a la construcción de identidades colectivas.

Lejos de ocluirse, el carácter controversial, conflictivo e inacabado del proceso de elaboración del pasado -que se expresa en los “agujeros negros”, en los silencios, en las diferentes versiones e interpretaciones sobre los hechospotencia las motivaciones de los alumnos, produce una genuina curiosidad por conocer y comprender, y los incorpora como un actor más dentro del proceso de elaboración del pasado; pues ellos, finalmente, construirán un relato que, aun tramado con palabras o silencios de otros, será dicho con voz propia.

Por otro lado, la dimensión microhistórica de las investigaciones les permite una mirada menos opaca, menos abstracta y a la vez menos esquemática y estereotipada que la que logran aprender en los textos escolares y otras narraciones disponibles.

La experiencia a la que abre paso el programa provoca un trabajo sobre la subjetividad de los participantes, e impacta tanto en las formas de percibir el presente –en tanto lo inscribe en una continuidad temporal más densa, ensanchando los márgenes de la vivencia personal– como en los modos de pensarse y actuar individual y colectivamente. Resulta difícil evaluar estos aspectos y la profundidad del impacto; no obstante, tanto en las investigaciones como en los relatos sobre la experiencia realizados por alumnos, alumnas y docentes, estas cuestiones se expresan una y otra vez.

La experiencia los excede, ya que tanto la institución escolar como la comunidad se ven interpeladas, en una doble dimensión, como territorios de memoria y como actores históricos. Las preguntas de los jóvenes provocan un trabajo colectivo sobre la memoria, expresado en la creación de espacios de habla y escucha antes obliterados, a la vez que inscriben la historia local en la historia nacional.

Finalmente, en la cesión de la autoría del relato a los jóvenes -ahora portadores de la palabra- la relación intergeneracional se invierte; y quienes son tantas veces pensados como receptores para escuchar y aprender, ahora hablan y también enseñan.

Artes plásticas y dictadura

Diana Dowek
En 1972, Diana Dowek realiza una serie de pinturas de gran formato tituladas "Lo que vendrá". En ellas se ven escenas de movilizaciones, multitudes que atraviesan anchas avenidas con los brazos en alto y el paso decidido. Tituladas "Insurrección" o "Revolución", sus telas de aquel momento manifiestan el ánimo optimista predominante ante los tiempos de cambio que se vivían como inminentes.

Apenas tres años después, la artista inicia la serie "Paisajes", también conocida como de los retrovisores (1975). En estas pinturas se alcanza a ver por el espejo del auto del que huye aterrado, al perseguidor o el cuerpo del que yace acribillado, arrojado al costado de la ruta, en una evidente referencia a la operatoria represiva de la Triple A.

Ya durante la dictadura, Dowek inicia la serie de los alambrados. El paisaje, el bastidor del cuadro o una muñeca: todo se cubre con alambre tejido, todo está apresado.

En los contrastes que fácilmente pueden establecerse entre estas series lo que se hace evidente es el pasaje de la creencia en el próximo triunfo revolucionario a la constatación de la más cruenta represión. Había terminado una época, y no solo porque no fue la revolución, sino la dictadura, lo que vino.También porque lo que ocurrió -en la obra de Dowek y la de otros artistas en la segunda mitad de los '70- fue un retorno a la pintura y a la figuración realista, impugnadas por las vanguardias experimentales de la década anterior. Aunque este retorno es leído por Andrea Giunta como "la posibilidad de resistir al poder opresor desde el poder simbólico de la imagen".

* Historiadora, coordinadora del área Investigación y Enseñanza de la Comisión Provincial por la Memoria.

1 Raphael Samuel, Theatres of Memory, Londres, Verso, 1999, p.8
   
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