La grieta

Equipo "A 30 años"*

Los treinta años que nos separan del 24 de marzo de 1976 son mucho más que un simple número, porque lo acontecido durante esas tres décadas encierra la densidad solamente propia de los períodos de grandes crisis históricas; afirmación esta que vale para la Argentina pero también para gran parte del mundo. Es por eso que proponemos pensar que entre 1976 y 2006 se interpone una profunda grieta, producida por transformaciones violentas, innovaciones tecnológicas y culturales, y derrumbes. Tal como lo sugiere el historiador Eric Hobsbawm, en el fondo de esa grieta, o entre sus paredes, resistiéndose a la caída definitiva, yacen el estado de bienestar, muchos de los valores de la cultura iluminista que fueron el motor de la experiencia educativa moderna, los todopoderosos estados nación, el socialismo como forma social alternativa al capitalismo, e incluso el lazo social, la posibilidad de sostener vida en común.

Si una grieta de esta dimensión nos separa de lo acontecido en 1976, ¿cómo no entender que nos resulte muchas veces arduo aproximar a nuestros alumnos a la complejidad de esos años que constituyeron un punto de inflexión para la sociedad argentina? Más aún cuando durante la década pasada sopló un poderoso viento que provenía de esa grieta y que nos decía a todos -chicos, chicas, jóvenes y adultos- que nos podíamos desentender sin mayores cuidados del pasado, incluso de aquel que nos había pisado los talones; que nos podíamos entregar sin remordimientos a las bondades de un presente con sus promesas de consumo. Fue así como se declararon con estridencia y ánimo de celebración, múltiples finales: el de la historia, el de las ideologías, el del trabajo, incluso el de la escuela, y ante su supuesta inexorabilidad solo nos quedaba adaptarnos a la injusticia.

Pero las crisis de 2001 -la argentina y la internacional- pusieron de relieve que todas esas muertes no eran tales y que menos aún podían ser festejadas.

La cita secreta

"Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra", escribió hacia 1940 el filósofo alemán Walter Benjamin. Una cita entre el pasado y el presente, entonces también entre el pasado y el futuro. Nos decía, con esa breve sentencia, que no es irreversible que lo acontecido en el pasado -con su carga de deseos, pero también de violencias e injusticias- permanezca desconocido para los nuevos. La grieta que nos distancia a los docentes de nuestros alumnos y, a veces también, a los más grandes de quienes recién se inician en la docencia, puede ser entonces transitada.

Es cierto: la grieta puede ser zanjada y podemos reestablecer el diálogo interrumpido con lo que quedó irremediablemente del otro lado. Ahora bien, la cita que nos promete este filósofo es secreta, por lo tanto no tenemos certezas de que en efecto ocurra; desconocemos lugar, fecha, incluso sus resultados. Y es secreta porque la distancia es grande y el viento que sopló con tanta fuerza durante la década pasada y nos persuadía de que era conveniente olvidar el pasado, no solo el del ´76 sino también el de Sarmiento y Facundo, o el de Yrigoyen y Perón; ese viento no ha dejado de soplar.

La invitación de "A 30 años" es a producir la cita secreta, a tornarla real en las aulas de nuestro país. Alguien podría advertirnos que este movimiento ha sido siempre el de la educación, que ha intentado mediar entre lo viejo y lo nuevo, para apostar con mejores probabilidades a que el futuro sea más justo. Y estaría en lo cierto. Sucede que lo acontecido en estos últimos treinta años puso de manifiesto la tremenda pobreza que se apodera de una sociedad cuando esta se desentiende de sus muertos; que es otra forma de desentenderse de los vivos, de dejarlos más solos, a la intemperie.

Invitamos entonces a que las injusticias de ayer hablen con las de hoy, a que las pasiones de una época se encuentren con las de otra, a que las búsquedas que quedaron del otro lado de la grieta se conozcan con quienes de este lado todavía buscamos. Será un aporte desde la educación a que la trama de nuestra sociedad se vuelva más rica y vital.


* Integran el equipo de "A 30 años", dependiente de la Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente del Ministerio de Educación de la Nación: María Celeste Adamoli, Estanislao Antelo, Ana Longoni, Federico Lorenz, Roberto Pittaluga, Javier Trímboli, Jordana Blejmar, Mabel Fernández, Andrea Graziano, Lucía Litichever, Pablo Luzuriaga, José Luis Meiras, Eduardo Toniolli.

   
Una canción

El rock nacional, en tanto música popular, es sin duda un espacio de resistencias, de expresión, de refugio de culturas juveniles, de huellas de época, de prácticas sociales, de encuentros y desencuentros. A 30 años del inicio de la dictadura más cruenta que ha sufrido la historia argentina, muchas de sus letras marcan un recorrido de acontecimientos y sensaciones colectivas que nos pueden ayudar a realizar un "ejercicio de memoria" junto a las nuevas generaciones.

El rock nacional logró afirmarse durante la dictadura como forma de resistencia. Si bien fue blanco de la represión imperante, canciones como La colina de la vida, de León Gieco, o Canción de Alicia en el país, de Charly García, fueron muy escuchadas, y algunas de ellas lograron eludir la censura mediante la utilización de metáforas en sus letras. Durante la Guerra de Malvinas, se prohibió la difusión de música en inglés; y el rock cantado en castellano pasa a ocupar un espacio más visible en la escena pública, marcando un momento significativo en su historia. Para muchos adquiere la identidad de "nacional" en aquel momento. Algunos de los temas que sonaron en el escenario de posguerra fueron Solo le pido a dios, de León Gieco, y Mil horas, de Los Abuelos de la Nada.

La década del ’90 será testigo del ascenso del rock barrial, con una prosa que intenta reflejar los pesares y los sueños de los jóvenes del conurbano bonaerense y de los suburbios de los grandes centros urbanos del país, con bandas como Bersuit Vergarabat, La Renga y Los Piojos, entre otras.
Emergente de este último período, el tema Pistolas, de Los Piojos, puede resultar una puerta de entrada para llevar adelante un ejercicio de memoria, entendido como una mirada retrospectiva sobre la dictadura, a partir de pensar algunas de sus consecuencias en el cuerpo social de la Argentina que le siguió.

 

Pistolas

Tanto tanto te cuidabas y ahora estás escofinada, nadie te fue a ver.
Me acuerdo cuando bailabas, me acuerdo que ni mirabas, nunca entendí bien.
Un escote que termina cuando empieza la caída de algún otario sin red.
No te salvó el día en que salías, discutían y el botón tiró y ya ves.
Cemento caliente al piso rosa la pared que te hizo aullar como un bebé.

Jubilados de un derecho que cortaron como helecho el techo hizo caer.
Solos, y otra vez sin nada después de haber dado entrada sin salida a la vejez.
Retumban las venas los muchachos y las nenas a la carga otra vez.
Pistolas, que se disparan solas.
Caídos, todos desconocidos.
Bastones, que pegan sin razones.
La muerte es una cuestión de suerte.
Es así, no hay más que hablar
te va a salir, por donde no esperaste.

Que se maten nomás, que se maten nomás
que se maten nomás en el Gran Buenos Aires en la parte de atrás
háganse su guetto, quédense en su barrio y que no se ajuste el cinturón de Rosario Santiago del Estero, peleando su dinero pongamos policías que se maten nomás
que se maten nomás.

Quizá no sea el vino....

   
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