La tentación de quedarse a vivir

En la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento, de San Miguel de Tucumán, tanto sus autoridades como gran porcentaje de las docentes son egresadas de la institución en la que han hecho su recorrido educativo íntegro. El compromiso, el cariño y el inocultable orgullo por la escuela que desarrollan las estudiantes son parte de las muchas tradiciones que el Sarmiento ha mantenido de generación en generación, al igual que algunos valores como la libertad, la exploración y la participación, que acaso explican tanto fervor.

"Esta escuela se propone preparar jóvenes útiles a sí mismas y a la sociedad. ¿Queréis serlo? Entrad".

Estas palabras, escritas con una tipografía antigua en un cartel de chapa oxidado, decoran la entrada de lo que es hoy la sala de computación de la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento, de la ciudad de San Miguel de Tucumán.
 

La placa ya no se exhibe en la fachada de la escuela como sucedía hace muchos años. Y ese español seguramente sonará impostado y poco amigable para una nena pequeña y tal vez temerosa de dar sus primeros pasos en una institución educativa. No obstante, algo habrá en esta escuela de 101 años, pues parece que una vez que sus alumnas aceptan la invitación a entrar, no encuentran motivos convincentes para salir: "Yo ingresé a esta escuela a los 4 años y nunca más me fui", dice Marta Juárez de Tuzza, directora del establecimiento desde el año 2000.

Elena García de Pacheco, docente jubilada -que se presenta como "una obstinada que siente con vigor la necesidad de seguir conectada con la educación"-, sostiene la hipótesis de que es el edificio el que no las deja ir: "No sé qué tiene este edificio, no lo podés dejar. Tiene mística, porque liga a una generación con otra".

El bellísimo patio de galerías, arcadas y faroles de estilo colonial -que recuerdan que la escuela funciona en lo que fue un convento de la Orden de La Merced-, luce con orgullo en su centro un centenario árbol, el San Antonio. A él también se le atribuye la culpa del tremendo apego: "Se dice que el San Antonio lleva en sus raíces, las raíces de la tradición", expresa la vicedirectora, Manuela Aguirre de Romano. Una tradición que, como se verá, es bien singular.

UNIVERSITARIA Y ESCOLANOVISTA

La Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento, que tiene hoy 934 alumnas en sus cuatro niveles -inicial, primario, secundario y terciario-, surgió en 1904 con la finalidad de formar ayudantes de maestros para las escuelas de campaña. En 1912, con el impulso del rector Juan B. Terán, se incorporó a la Universidad de Tucumán, que en 1914 se nacionalizó.

Al poco tiempo, la carrera de magisterio pasó a durar cuatro años y, para que las estudiantes pudieran hacer sus prácticas y observaciones, se añadió la primaria como "departamento de aplicación". En el año 1932, una reforma del plan de estudios con claras marcas escolanovistas decía: "La Escuela Sarmiento, como Instituto de la Universidad, solo se explica en el caso de que dicha escuela sea capaz de convertirse en un departamento de investigación y experiencia didáctica, en el que, asegurados los beneficios que hoy se obtienen de la escuela pública, se persiga el ensayo de nuevos métodos y procedimientos nuevos".

Desde aquel entonces, la escuela busca, en palabras de Elena, "que el aula camine, que salga de las cuatro paredes, que vaya al laboratorio, al jardín". Por su parte, Beatriz Sisack de Schapira, ex alumna y maestra recientemente jubilada, comenta emocionada: "Una palabra que elegiría para caracterizar a la escuela es descubrimiento. Recuerdo la alegría de estar en la escuela, limpiar la jaula de los pájaros, darles de comer a los pececitos, y después entrar al aula y sentir esa cosa mágica...Yo trabajaba con el material de Montessori, ahora sé qué era eso: atar los moñitos, prender los botoncitos".

En 1956 se llevó adelante una última gran reforma, que dio lugar a la estructura curricular que persiste hasta la actualidad y que plantea una organización en cinco ciclos: el de iniciación (que comprende nivel inicial y los dos primeros años de primaria), el escolar (que es equivalente al período que va entre 3º y 6º de EGB), el de exploración (que es similar al 3º ciclo de EGB), el de orientación (que se correspondería con la enseñanza polimodal y que en esta escuela tiene tres orientaciones: bachiller en Humanidades, en Ciencias, y Técnico en Gestión y Organización Contable), y el profesional (que es enseñanza post-secundaria y apunta a la formación de maestras).

Marta Juárez destaca con énfasis que el eje vertebral de la escuela es el ciclo de exploración, que equivale al controvertido 3º ciclo de EGB: "La fortaleza fundamental que tiene este ciclo es que las materias seleccionadas siguen siendo las estructurales, no hemos agregado espacios curriculares que impliquen fragmentar más el conocimiento.Al alumno se le enseña a estudiar, privilegiamos mucho la forma de trabajo. Y se trabajó desde los orígenes con profesores porque siempre sostuvimos que este ciclo no tenía que pertenecer a la primaria".

Por otra parte, el currículum de la escuela ofrece materias optativas que, según dice la directora: "Están para darle la posibilidad al alumno de que realice actividades relacionadas con la expresión, la recreación, como complemento de su formación intelectual. Esas materias van rotando, tienen principio y fin, aparecen con el interés del alumno y desaparecen con el mismo interés".

LAS SARMIENTINAS

Desde su mandato fundacional como escuela preparatoria de maestras, la escuela Sarmiento es exclusivamente de mujeres. Por un corto y efímero período fue mixta, pero no hay mayores datos de esa época. Expresa la directora: "El mandato de Juan B. Terán decía que la escuela tenía que brindar una formación vocacional 'de mujer', privilegiaba el aspecto intelectual porque pensaba a la mujer como una economista de su hogar". Cecilia Catuara, profesora de computación y egresada de la escuela, reflexiona: "Para la época, la imagen de mujer que tenía Juan B. Terán era progresista. Él hablaba de una mujer que tuviera su propia voz, que opinara, que supiera de política".  

Los vestigios de este feminismo de la primera ola, de fines de siglo XIX y principios del XX, aún operan en la escuela. Según se dice, gran parte de las egresadas de la Sarmiento -conocidas como las sarmientinas- han emprendido con éxito sus recorridos profesionales y laborales.

Sin desconocer los logros de la escuela -o tal vez, precisamente, por conocerlos y querer potenciarlos-, alumnas, egresadas y docentes partidarios de la coeducación han instalado hace tiempo el debate.Y las posiciones están divididas en todos los claustros. Los límites edilicios, la falta de baños y la presencia de un colegio similar al Sarmiento pero para varones, el Gymnasium, suman para que la decisión de abrir la escuela a varones siga resultando más dificultosa que posible.

EDUCAR PARA LA LIBERTAD

"Sobre todo nos inculcan la libertad de elegir", cuenta Florencia, que cursa 9º año y encabeza el bloque de Finanzas del Centro de Estudiantes. "Lo más importante en esta escuela es educar para la libertad. Creo que esa impronta la llevamos internamente. La libertad está en la capacidad de pensar, de tomar decisiones, de elegir, de crear, de imaginar", expresa Beatriz Sisack.

Marta Juárez explica: "Nosotros basamos la organización escolar en la autodisciplina. Desde el jardín de infantes, las chicas van conociendo qué se puede hacer y qué no. ¿Qué cosa no se puede resolver mediante el diálogo, devolviéndole al alumno la confianza y la responsabilidad? Hemos tenido hechos graves en la escuela y los trabajamos de esa manera. No es que no exista el castigo, no existe la figura de la amonestación, porque entendemos que es un documento que no provoca cambios sino que simplemente funciona como una amenaza".

Si bien la idea de autodisciplina y esta apelación tan fuerte a la libertad se enrolan en la tradición escolanovista, en esta escuela no dejan de dialogar con su impronta universitaria. Impronta que se hace bien evidente en la forma de gobierno de la institución. Comenta la directora que ella toma sus decisiones conjuntamente con un consejo consultivo -que por sus atribuciones es casi como un consejo directivo- integrado por seis docentes, tres alumnas, una egresada, un padre y un no docente.

Los vínculos con la universidad también influyen en el carácter laico de la Sarmiento. Dice Juárez: "En Tucumán se enseña religión en forma obligatoria en todas las escuelas públicas, pues es un espacio curricular; entonces muchos eligen la escuela Sarmiento por su prescindencia religiosa".

EL CENTRO

  Otro rasgo distintivo de la escuela es el Centro de Estudiantes. Recuerda Cecilia Catuara: "Yo egresé en 1985. Aun en la época de la dictadura, la escuela conservó algo parecido al Centro de Estudiantes que se llamaba Club Colegial, pero era otro sistema. Del '83 al '84 nos propusimos recuperar el Centro de Estudiantes y encabezamos la movida para hacer el estatuto".

Cecilia señala un cantero del patio y prosigue: "En esta escuela hubo una alumna desaparecida; algunas de estas azaleas fueron plantadas en su homenaje. Y dentro de las egresadas, las desaparecidas fueron más de diez".

Josefina, Florencia, Yasmín y Maite son cuatro estudiantes que forman parte de la actual comisión directiva del Centro de Estudiantes. "Nosotras nos metemos mucho en las cosas que queremos hacer en la escuela o por la escuela y dejamos un poco de lado la política externa, pero cuando llegan momentos de crisis sí participamos y nos preocupamos", dice Josefina, de 11º año, y continúa: "Frente al paro de docentes participamos muy activamente, vamos a las asambleas, a las marchas, para apoyar la lucha de los docentes, que también es nuestra, por el presupuesto".

"En el Centro aprendés a manejarte, a toparte con otro tipo de gente", dice Maite, de 9º y a la cabeza del Bloque de Cultura. "Si hay algo que aprendés es que muchas cosas se pueden cambiar", dice Florencia y sigue: "Yo paso más tiempo en la escuela que en mi casa, pero soy consciente de que lo hago porque me gusta, porque quiero a la escuela y quiero que mejore, y porque quiero cambiar algunas cosas". Cuando se le pregunta qué quiere cambiar, Florencia explica: "Yo creo que tenemos muchas libertades, pero hay situaciones frente a las que nos quedamos pensando '¿por qué esto es así?'".

Las cuatro comentan que la escuela "les encanta", y lejos de estar haciendo la cuenta regresiva esperando el momento de salir definitivamente, disfrutan de su estadía en ella. ¿Y cómo se imaginan afuera? "Y, acá estás más protegida", dice Yasmín, de 8º. "Ante algunas cosas nos vamos a tener que adaptar; nos pasará como a todos los que salen del secundario", agrega Maite. "Pero si hay algo que te enseña la escuela es a ser independiente", remata Florencia con confianza.

Las sarmientinas se muestran algo renuentes a desligarse del colegio que las invitó a entrar cuando tenían apenas 4 años, pero al mismo tiempo saben que afuera las espera un mundo que podrán vivir con mucha intensidad y riqueza, gracias a las marcas que les dejó esta escuela que tanto quieren.

Ana Abramowski

   
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