La misión de transmitir valores

En este número de El Monitor, numerosos docentes y especialistas opinan y polemizan en torno a los rasgos que caracterizan a una buena escuela. Se trata de un debate fundamental, dado que este concepto orienta no solo los ejes centrales de las políticas educativas, sino también buena parte de nuestro trabajo cotidiano como docentes o directivos escolares.

A lo largo de las últimas décadas, se definió de muchas maneras lo que se entendía por "una buena escuela". Hubo etapas en que se consideró que se trataba de la institución que cumplía correctamente con las normas burocráticas. Sucesivamente, se hizo hincapié en su función disciplinadora, en la capacidad de inculcar a niñas, niños y jóvenes el sentimiento de nacionalidad, o en la de formar de manera adecuada para el mercado laboral. A medida que avanzaba la exclusión social, en cambio, se enfatizó la capacidad de la escuela para "contener" a sus alumnos, promoviendo su función asistencial por encima de su capacidad para crear y transmitir conocimientos.

La compleja realidad actual hace necesario que una buena escuela sea capaz no solo de transmitir saberes y ofrecer una formación de calidad para todos, sino también de formar a las nuevas generaciones en valores humanistas que difundan una cultura de paz, justicia, solidaridad y valoración de la diversidad cultural.

Por supuesto, la calidad y cantidad de los contenidos es una cuestión insoslayable: la escuela es la institución social destinada a este fin. Pero la pasión por la enseñanza tiene un alcance más trascendente; nace de la conciencia de estar transmitiendo valores, formas de convivencia, estímulos afectivos que marcarán la vida de los chicos y los acompañarán siempre. A los docentes no nos alcanza con que nuestros alumnos tengan sólidos conocimientos técnicos. Trabajamos para formar buenas personas y buenos ciudadanos. No nos alcanza con que lleguen a ser buenos profesionales y trabajadores porque conocen su oficio, deseamos formarlos para que lo ejerzan de acuerdo con pautas éticas que aprendieron a valorar desde la infancia. Queremos contar con niños y jóvenes que manejen con destreza las últimas tecnologías, pero sabemos que de poco serviría lograrlo si, al mismo tiempo, no formáramos personas capaces de comprometerse con la sociedad en la que viven, de transformarla, de mejorarla. En síntesis, necesitamos ofrecer una formación en la que se articulen la pasión por el estudio y el conocimiento, y la vocación por los valores ciudadanos.

Un párrafo final merece la reflexión acerca de los rasgos que debe tener una política educativa que estimule el desarrollo de buenas escuelas. Nos inclinamos a pensar que una buena política educativa es la que genera mejores condiciones para el encuentro cotidiano de docentes y alumnos. Estamos hablando tanto de las condiciones materiales (salarios, edificio,material didáctico, tecnología, etcétera) como de las condiciones culturales (capacitación docente, criterios de autoridad, respeto por las normas, etcétera). De poco sirven los cambios en las legislaciones, o propuestas de innovación pedagógica si no impactan en la realidad del aula. Y ello ocurre solo si ingresan a través del trabajo docente. Por eso, aspiramos a que el debate abierto en este número de El Monitor dé lugar a nuevos intercambios y polémicas en cada una de nuestras escuelas. Bienvenidos los aportes.

Lic. Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación

   
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