¿Qué tienen de "buenas" las "buenas" escuelas? Guillermina Tiramonti 1

En una investigación reciente realizada en el marco del Área de Educación de FLACSO, incluimos el estudio de las experiencias de escolarización de los jóvenes pertenecientes a los sectores sociales más favorecidos. Estábamos interesados en caracterizar la desigualdad y para ello creíamos necesario reponer una mirada abarcativa del conjunto de situaciones institucionales. Partimos de la idea de que es a través de la constatación de las distancias, las diferencias y los contrastes, que los individuos, los sectores y los grupos pueden ser posicionados en el mapa social y educativo.

Por otra parte, queríamos aportar elementos para discutir o fundamentar el supuesto de que las escuelas que atienden a este grupo social son de "calidad", y por lo tanto es deseable que sean replicadas para la atención de los jóvenes pertenecientes a los sectores sociales más desfavorecidos.

Lo primero a plantear es que el campo de la educación de las elites no es homogéneo, y que dentro de él se pueden reconocer diferencias importantes entre grupos de escuelas que construyen su propuesta pedagógica y de socialización en diálogo con la comunidad que atienden. Son, entonces, los valores, las creencias y las expectativas de un sector sociocultural específico las que definen el perfil escolar.

Algunas de ellas, las que atienden a sectores pertenecientes a las elites tradicionales, organizan su propuesta a la luz de los valores de la tradición religiosa y los símbolos asociados a la distinción de clase y del linaje familiar. El disciplinamiento del carácter a través de un control permanente de los espacios escolares, el sometimiento a la autoridad como una forma de aceptación de las asimetrías en las relaciones de poder y la legitimación del mando caracterizan la socialización de estas instituciones.

Otro grupo de escuelas, que atiende también a los estratos más altos de la estructura social, muestra un perfil distinto. En esas escuelas se recrea una simbología asociada a la del empresario exitoso, cosmopolita y victorioso en un mundo fuertemente competitivo. En este caso, el valor académico de la institución no se juega sólo en la futura inclusión universitaria -que se descuenta-, sino también en una socialización y en una renovación del capital cultural y social que proporcione los recursos para "competir" exitosamente. Sus miembros están vinculados con las áreas más dinámicas de la economía, es decir, empresas industriales, finanzas, comunicaciones y comercio exterior. Para ellos, la estrategia de conservación de los espacios adquiridos requiere capacidad de innovación, cambio y adaptación al flujo de las exigencias del mercado. Recrear un modo de vida cosmopolita, en diálogo permanente con los centros de poder en los que se naturalizan las posiciones de privilegio y los consumos de elite, y generar un sentido de pertenencia a este grupo y a esta "tradición", parece ser el norte orientador de estas instituciones.

Si bien en ambos tipos de instituciones se hace hincapié en la excelencia académica como elemento distintivo de la institución, se trata más de la adquisición de un capital que acompaña una posición de poder en el campo económico o social, que de una valoración en sí del conocimiento y el desarrollo intelectual.

Otros grupos asociados a profesiones liberales, a los ámbitos académicos y, en general, a lo que se llama "operadores simbólicos" -que han ascendido socialmente por la movilización de recursos provenientes del capital cultural- han desarrollado una estrategia que articula instituciones "centradas en el saber y la excelencia intelectual" con el incentivo de la creatividad individual como una fórmula capaz de generar innovadoras trayectorias de ascenso social. En estos grupos hay una apelación a la tradición intelectual de orientación humanista, característica de las elites progresistas de nuestro país.

Dentro de este grupo también existen diferenciaciones, porque en algunos casos el eje está puesto en el desarrollo de la creatividad de los alumnos; y en otros, en la inclusión lisa y llana en una tradición intelectual. En los primeros hay un fuerte impacto de la cultura psi; y en los segundos se privilegia la conformación de personalidades ilustradas, con vocación de "elite".

En general, todas ellas son -o buscan ser- instituciones "totales", que monopolizan el tiempo y las actividades de sus alumnos y generan de este modo un cerco que los protege del afuera. En el contexto de un mundo cambiante, las familias e instituciones que atienden a estos diferentes subsectores de la elite construyen circuitos muy protegidos y regulados para la socialización de los jóvenes. Estos chicos transitan su adolescencia dentro de medios institucionalizados, donde los adultos controlan la población con la que se relacionan y las actividades que realizan. Estos jóvenes tienen escasa o nula exposición a ambientes recreativos o grupos de amigos heterogéneos. En la escuela se estudia, se hace teatro, deportes, pintura y todo tipo de actividades que, a la vez que permiten el desarrollo de las aptitudes personales, tratan de evitar la incursión de los chicos y las chicas en otros ambientes.

Podría decirse que estar dentro de este circuito preserva y amplía los capitales culturales y sociales de origen. El formato de la institución "total" está claramente asociado a la generación de un espacio que busca mantenerlos a resguardo de intromisiones capaces de poner en cuestión creencias, valores, formas de relacionarse y posiciones que se naturalizan.

Los intercambios con jóvenes de otros sectores sociales son escasos o inexistentes; muchas veces, los "otros" no son pensados como iguales sino concebidos como sujetos de la solidaridad, que es el eufemismo que se usa para las prácticas asistenciales.

En el otro extremo de la escala social -en los sectores más pobres- la vida de los jóvenes transcurre por ambientes poco protegidos, con escasa presencia de instituciones. En la mayoría de los casos asisten unas pocas horas diarias a la escuela, y el resto del tiempo la calle es su hábitat. A partir de esta comprobación, existe una "tentación" a proponer una institución total para estos grupos. Pero, ¿ese es el modelo adecuado para chicos y chicas que están amenazados por un futuro marginal?, ¿cómo neutralizar la tendencia a la reproducción social que trae consigo una escuela que encierra? Y, por último, ¿cuál es la institución que fomenta y posibilita los intercambios con ambientes sociales y culturales heterogéneos, y mejora de este modo las posibilidades de inserción de estos chicos? Nos parece que es en torno a estas preguntas que habría que pensar en qué es una "buena escuela".

1. Directora de FLACSO, Sede Académica Argentina.

   
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