Un maestro que da pelota

Antes de consumar la vocación frustrada de casi todos los argentinos varones (ser director técnico de la Selección mayor), José Pekerman estuvo varios años con los juveniles. Además de conseguir tres títulos mundiales con ellos, se ocupó de que algunos consejos y la dinámica misma del juego les sirvieran para crecer no solo como jugadores. Aquí cuenta cómo es conducir a chicos cuyo único horizonte admisible es convertirse en estrellas.

José Pekerman, el actual director técnico de la Selección Nacional de fútbol, está sentado en el hall de la sala de prensa del predio de la AFA. Por los enormes ventanales que lo rodean se ven los bellos bosques de Ezeiza y a distintos equipos juveniles en pleno entrenamiento. Ya en esas prácticas, los jugadores sueñan con triunfar, tal como dice el técnico que dirigió a las selecciones juveniles durante siete años y logró tres títulos mundiales. Él, mejor que nadie, sabe que lo que esos chicos necesitan aprender es mucho más que fútbol.

-¿Puede pensarse a un técnico de fútbol como un maestro?

-Para alguien del fútbol, la palabra "maestro" es demasiado grande. Pero, sin atreverme a esa comparación, creo que en algún momento, más tarde o más temprano, los técnicos también nos damos cuenta de que podemos hacer docencia. A través de nuestra forma de actuar, de mantener algunos valores, creo que uno contribuye a que el jugador entienda más qué es el trabajo en equipo, que pueda ser solidario, que tenga la idea de mejorar como persona. Muchas veces se piensa que uno sólo trabaja para lograr un resultado, que es lo que se mide en la actividad deportiva, pero el técnico también está para dar un buen consejo que vaya más allá de lo específico de jugar a la pelota o de ejecutar bien un ejercicio. Hay que ayudar mucho a la persona para que también produzca un bien a la sociedad. Porque, en definitiva, el jugador es jugador un rato, pero el resto del día es una persona más de la sociedad, que convive con otra gente, en otras áreas. Supongo que los maestros en la escuela deben pensar lo mismo que nosotros: "El chico está conmigo tres o cuatro horas, ¿qué será de él el resto del día?". Con el paso de los años uno valora cada vez más la importancia de aquellos que fueron maestros para nosotros.

-¿A quién reconocés como maestro?

-A mí nunca me gustó la palabra "mejor" o "más importante", ni me gustan los rankings. Además, no es fácil encontrar parámetros para medir las cosas más profundas de las personas. Pero en mi caso tomo como maestro a Victorio Spinetto, un célebre jugador de Vélez, que después fue uno de mis primeros entrenadores en Argentinos Juniors.Yo siempre encontré en él algo más que un técnico: era un padre, un señor. Era una autoridad que no mandaba, en una época en que era más difícil expresarse y había una distancia muy grande entre los protagonistas. Este maestro me dejó cosas muy profundas.

¿Hay cosas que repetís de él ahora, como entrenador?

-Salvando las distancias de tiempo y de formas, algunas cosas muy profundas quedan incorporadas. Él siempre hablaba de que hay que tener valores. El fútbol es un juego de roces donde puede haber golpes, lesiones serias, entonces hay que tener lealtad -esa era la palabra que usaba- porque uno compite contra un rival pero enfrente tiene a otra persona, otro colega, otro compañero.Y ni hablar en los entrenamientos, porque ahí a veces aparece la competencia interna, el "yo soy mejor que vos". A él le molestaba mucho todo eso, y remarcaba que la lealtad entre los compañeros era fundamental. Eso me quedó muy grabado.

-Cuando se trabaja con juveniles, ¿en qué medida cuenta la enseñanza para el fútbol y cuánto para la vida en general?

-Yo digo que para la vida es el ciento por ciento. No va a haber un buen jugador si primero no hay una persona bien formada. Los valores humanos son universales. Por eso yo hablaba de las actitudes y de los ejemplos. No podría ser indiferente con un grupo de jugadores que se insultan, o están distraídos mientras practican un ejercicio. Ahí es donde aparece en mí el maestro y les digo que si están desarrollando una tarea tienen que poner todo el interés. Así, además de mejorar el ejercicio, les doy un consejo que es válido hagan la tarea que hagan: en una empresa, en un colegio, donde sea. No es que un jugador solo juega al fútbol por su habilidad natural, hay que cultivar todo lo que tiene adentro; eso lo va a hacer mejor. Además, los chicos llegan con la expectativa de ser triunfadores. Y el fútbol es una competencia de habilidades donde unos van a poder triunfar y otros no; pero sí serán triunfadores en la vida si mejoran sus aspectos personales. Quien se preocupó por formarse, va a ser útil en cualquier actividad aunque no tenga un gran éxito en lo deportivo. Todos sabemos que popularmente se ve al fútbol solo como un espectáculo, o como un medio de vida para mucha gente, y se olvidan del resto. Por eso es muy importante que se sepa que nosotros -los entrenadores- cuando estamos con los chicos, nos ocupamos también de esa otra parte tan valiosa para la formación de la persona.

-¿Los preparan también para el fracaso?

-Sí, por supuesto. Uno tiene claro que esto no es una ecuación matemática: alguien estudia, da tantas materias y se recibe. El fútbol tiene mucho de aventura porque son innumerables los aspirantes y porque las reglas no son tan claras. El jugador depende de sus habilidades pero también de su estado físico, de su maduración. Y uno no sabe cómo van a evolucionar todos esos factores con el correr de los años. Con los chicos es un peligro no advertirles esto. Es como el maestro cuando no aprueba a un alumno hasta que no sabe un tema, y pasa a ser el ogro. Nosotros somos un poco el ogro, porque le pinchamos el globo al chico que viene con la ilusión de que va a ser un genio del fútbol, estimulado por la publicidad y las imágenes que siempre muestran a los exitosos... Pero nosotros tenemos que pensar antes en la persona que en el jugador. Por eso apelamos a lo otro: que vayan a la escuela, que terminen de estudiar, que lean. Y sé que es un esfuerzo muy grande para ellos porque además le tienen que dedicar mucho tiempo al fútbol -que tampoco queremos que abandonen-, y es verdad que el que se entrena mejor, juega mejor. Estamos siempre exigiéndoles mucho, porque somos conscientes de que estamos aplicando nuestra profesión con vocación de enseñar.

-Si avanzan en la carrera futbolística, se les complica la educación formal.

-Lo peligroso es que se mezclan mucho los problemas sociales y económicos, y entonces los chicos cada vez más prematuramente ponen más interés en el fútbol que en todo lo otro. Yo creo que los tiempos deben invertirse: todo lo otro es más importante y el fútbol -en forma gradual- se ubicará en el lugar indicado. Y si aparece algún joven con muchas más perspectivas que los otros, y debe abandonar el tercero o cuarto año del secundario porque ya está jugando en primera, igual puede hacer computación, idiomas u otras cosas. Hay que inculcarles que hoy cuentan con innumerables posibilidades de hacerlo.

-¿Cómo se hace para constituir un grupo y para fomentar lo colectivo, cuando a los jugadores se los quiere convertir en estrellas desde tan chicos?
 


-Creo que en el aspecto interno eso está resuelto. Desde los clubes se ha mejorado enormemente. Hoy no se puede ser entrenador si uno no tiene título, y en los clubes hay entrenadores capacitados, preparadores físicos, docentes, cuerpos médicos... Ese aspecto ha mejorado muchísimo; lo que es incontrolable es lo externo.A nosotros no nos importa que hoy un chico salga en la tapa de Olé, porque ese chico va a venir aquí y tenemos todos los elementos para decirle: "Esto es una publicidad que le interesa a tu club, porque después lo capitaliza. Pero vos no te lo creas, porque vos no sos eso".

- ¿Con "externo" te referís a la sociedad o al negocio que se hizo del fútbol?

-El fútbol es un medio de vida, entonces la actividad se hizo inmensa. Cada uno busca su lugar y su parte en esto. Cuando un medio de comunicación encuentra una noticia importante, la tiene que divulgar: contra eso no podemos ir. Como tampoco se puede evitar que a un jugador que se destacó en un partido que miraron ocho millones de personas, le griten por la calle "Ídolo, sos fantástico". Pero los que estamos cerca del futbolista sí tenemos que actuar. Hablo del club, cuando está en el club, la Selección, cuando está en la Selección, y del entorno familiar. Muchas veces pensamos si alcanza con lo que hacemos con él. Porque, a lo mejor, todo lo que uno hace no sirve, si compite con todas esas otras cosas. Lo que pueda hacer un chico acá compite con las actividades que realiza en el resto del día.

-Cuando hablás de enseñar, ¿pensás solo en lo que les aconsejás o también en las cosas que se enseñan en la propia mecánica del juego?

-A través del fútbol se puede enseña geometría, matemática... Porque el campo de juego está dividido en sectores; entonces los chicos empiezan a saber lo que es el tiempo y el espacio. La pelota tiene que recorrer un camino y el que corre tiene que cortar una diagonal o bajar en forma vertical. No es que los jugadores solo corren detrás de una pelota, están ejercitando estrategias mentalmente. Todos los aspectos del juego ejercitan la mente y llevan al aprendizaje de un montón de cosas. Además, el juego habla también de la templanza y el carácter de los jugadores. Aprende a contenerse aquel que es egoísta, prepotente. Aprende a cumplir las reglas. El juego es una herramienta fantástica para educar. Por ejemplo: la solidaridad. El juego por sí solo te enseña lo que es, porque juegan once compañeros con una sola pelota y, al mismo tiempo, los once no la pueden tener. La Selección de fútbol, la de básquet, la de hockey, la de vóley, han dado una muestra ejemplar de juego en equipo; de solidaridad, de esfuerzo compartido y de haber conseguido éxitos al mismo tiempo. Esto indica que cuando hay valores dentro de un grupo, los éxitos son más fáciles de lograr. En una época en que todos sabemos que es duro sobrevivir, que los equipos hayan dado esta muestra ha sido muy bueno porque indica que ese es el camino. Además, hacer las cosas como equipo siempre favorece a los individuos que están dentro del grupo.

-Pero el mensaje social es habitualmente el inverso: padres que les dicen a sus chicos, mientras los miran jugar un partido: "Dale, reventalo".

-Es cierto, el mensaje es: "Destacate vos, hacé tu gol porque te van a llevar a tal lugar, te tenés que mostrar, tenés que ser el mejor". Pero a los chicos que recién están empezando, que no han hecho nada porque no pudieron haberlo hecho, ¿cómo los de afuera les vamos a decir que son tan buenos? Estamos creando monstruos... Eso está contraindicado, es un mensaje equivocado; un pecado que tarde o temprano va a ir en contra del chico. Antes, los equipos argentinos estábamos esperando al genio que nos iluminara y que nos llevara al triunfo. Y no es así: el líder está en cada uno de nosotros. Si logramos que cada chico se sienta seguro de lo que está haciendo, y que sea solidario con la empresa de la que forma parte, vamos a transformarnos en una sociedad mejor.

Judith Gociol e Ivan Schuliaquer


   
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