Una parada creativa


Subite al Colectivo es un programa organizado por el Ministerio de Educación, que recorre el país para ofrecer talleres tan variados como Magia, Teatro y Cine documental, entre otros, a alumnos de distintas escuelas y también a chicos y chicas no escolarizados. Este es el relato de la escala en Añatuya, Santiago del Estero.

Hasta Añatuya llegó el programa Subite al Colectivo, organizado por el Ministerio de Educación de la Nación para los Centros de Actividades Juveniles, con el objetivo de ofrecer once talleres durante tres días. Esta vez, fue la Escuela Normal N°2 Florentino Ameghino la que brindó el espacio central para que pudieran participar sus propios alumnos, otros de distintas escuelas y chicos y chicas no escolarizados.

Añatuya es una ciudad de 32 mil habitantes, distante 200 km de la capital de Santiago del Estero. Posee serios problemas debido a la falta de agua potable (muchos dicen que el agua de red está contaminada y recomiendan no beberla). Al parecer, el río Salado ya trae contaminación a causa de los desechos que arrojan los ingenios, allá en el norte, y se les suman otras industrias en el camino.

A unas quince cuadras del centro se encuentra la casa de la infancia de Homero Manzi, autor de los versos de Sur y de Malena quien solía referirse a su ciudad como Aña mía. Los cuartos están vacíos; afuera, ha quedado solamente una placa: "Obra en reconstrucción. Casa de Homero Manzi. Gobernador de la Provincia. Dr. Carlos Arturo Juarez. Julio 1999". Los pobladores cuentan que el dinero que había, desapareció; y todo quedó en proyecto.


LOS TALLERES

Los jóvenes se desplazaban dentro de la escuela, y también en algunas cuadras de los alrededores se veían grupos que se dirigían a participar en las distintas actividades. La llegada del colectivo con once artistas que coordinarán talleres durante tres días, ha producido una intensa movida.Y aquí estaban, tratando de decidir entre Acrobacia, Cine documental, Magia, Malabares,Mimo, Murga, Pintura mural, Rolos y zancos, Swing,Teatro o Títeres gigantes.

El proyecto Subite al Colectivo visita los CAJ - Centros de Actividades Juveniles-; con el propósito de acercar propuestas que amplíen el horizonte cultural de los jóvenes. Los CAJ son espacios de encuentro, funcionan en su mayoría los sábados en escuelas medias o polimodales, y ofrecen actividades artísticas, tanto a alumnos como a jóvenes que se hallan fuera del sistema escolar. Existen 496 en todo el país y antes de fin de año habrá cerca de 800.

"Estamos muy sorprendidos de ver que algunos chicos tan tímidos y cohibidos estén ahora participando y desenvolviéndose con soltura", comenta Cristina, preceptora de la escuela.

Mauricio Gutierrez (27 años), a cargo del taller de Acrobacia, comenta: "Las diferencias entre las ciudades son clarísimas; aquí, por ejemplo, trabajamos mucho la acrobacia de dos; en otros lugares se daba más la acrobacia de piso, individual. Pero el vínculo con los chicos es siempre alucinante; aun cuando en todas las paradas es diferente, por ejemplo se nota que aquí los chicos están acostumbrados a pautas más solemnes; y por eso responden bien, porque llegan a una actividad donde se sienten libres".

Mauricio viene de realizar una experiencia fuerte, coordinando un taller en una cárcel en la ciudad de Santiago del Estero, con 25 alumnos de entre 15 y 18 años. Cuenta que a pesar de la situación, dice que muchos se divirtieron con el taller y pudieron disfrutar del trabajo corporal. En sus distintos recorridos el proyecto Subite al colectivo destinó algunos de sus talleres a chicos en situación de encierro, es así que los institutos de menores y los penales que alojan jóvenes de entre 18 y 21 años pudieron participar de la propuesta. Martín, uno de los talleristas de cine comentaba: "Hoy estos chicos van a soñar otra cosa".

Paula Rosenfeld parece estar tratando de infundir ánimo a los participantes: "El teatro no sólo es actuar, también hay otras tareas: vestuario, maquillaje, escenografía...". Según ella, "esta disciplina cuesta mucho si los chicos son inhibidos verbalmente, y salvo que me encuentre con un grupo que tenga experiencia, trabajo con lo básico; que tenga experiencia, trabajo con lo básico; incluso así, los logros son importantes y el tercer día todos quieren participar en la muestra".

En esta parada el taller más concurrido es el de Magia. El coordinador Alejandro Moroni comienza a explicar un truco con cartas, los comentarios cesan y se genera un llamativo clima de suspenso.



En un patio que ha prestado otro colegio, el sol reverbera en los rojos, amarillos, verdes, naranjas y fucsias que producen bellos efectos visuales. Es el taller de Swing, a cargo de Mariana Rivarola (31 años). Explica que swing significa péndulo, balanceo; tiene su origen en diversas culturas de África, Europa, y países árabes; en el caso de la Argentina, también con boleadoras, como los números que -precursores- realizaban Norma Viola y El Chúcaro en la Argentina. Los objetos que las chicas están haciendo giran a distintas velocidades, son banderas y cintas flúo. En un momento, el espacio es insuficiente, porque también están ensayando los participantes del taller de Malabares, bajo la mirada de Leandro Martínez. Los chicos se ríen ante el viento que dificulta algunas pruebas con aros, clavas y pelotas.

En otra aula, está Mónica Zinna al frente del taller de Mimo; Mónica se desempeña como coordinadora de este colectivo, es médica cirujana y está convencida de que lo emocional hace a la salud, al estilo de aquel médico Patch Adams, que representó en el cine Robin Williams. "El arte en su totalidad se comporta como un camino de liberación; la risa, el juego -ya lo decía Freud, que se mantenga toda la vida- generan bienestar psíquico, físico y anímico", explica. A su taller han venido dos docentes de Añatuya; uno de ellos da clases de Teatro en el CAJ, y el otro es su profesor de Teatro en un Centro Cultural.

La participación activa de adultos (profesores, directivos y otros) enriquece el trabajo, ya que los jóvenes están poco acostumbrados a relacionarse con sus docentes en un clima de aprendizaje con modos tan informales.

En Rolos y Zancos están jugando con el cuerpo y con objetos; "el cuerpo en función de objetos y objetos en función del cuerpo", según Martín Moneta, el tallerista. Divertidísimo, Nicolás (13) ha descubierto que puede subir escaleras con facilidad, a pesar de los zancos. Más allá, los rolos: chicos y chicas tratan de mantener equilibrio, sobre una madera que está apoyada en un caño.

En un espacio abierto, como una plaza, llamado el Anfiteatro, está Romina Giménez con un grupo de chicas. El bombo murguero y un redoblante retumban en la tarde fría y soleada. Nadie se anima pero, al fin, dos chicas pasan al centro a bailar. A unos metros, otros jóvenes observan sin atreverse a participar. El resto de las integrantes comienzan a bailar y a recitar el texto que compusieron el día anterior. El entusiasmo va creciendo al ritmo de los sonidos y de los cuerpos.

En el taller de Títeres y muñecos gigantes, coordinado por Florencia Massun, están trabajando Carina (14) y Yesica (14) quien, como es experta en peinar a sus primas, propuso trenzar tiras de goma espuma y colocárselas al muñeco gigante que han realizado con base de alambre, y luego forraron.Ayer era blanco y hoy está recibiendo toques de colores y botones pegados que hacen de ojos. Cerca, Pamela (16), Romina (15) y Carolina (16) se cortaron mechones de su propio cabello y lo pegaron como cejas y bigotes al títere que ahora están pintando.

LA MUESTRA FINAL

Tercer día. Alrededor de las 16.30 se inicia el encuentro/muestra ante padres, madres, hermanos, docentes, alumnos y vecinos. Aire cargado de entusiasmo, pero también de nerviosismo. Los talleristas subrayan desde el micrófono que lo que está por verse es producto del trabajo que comenzó hace solo tres días.

Hay una actividad que recién puede verse ahora. Se inicia la proyección del video que han realizado guiados por Martín Almeyda. Entrevistan a docentes y alumnos, interrogan acerca del amor; continúan preguntando si se aprende más en la calle o en la escuela.También se habla acerca de "hacerse la cuca o cuquiarse", expresiones que usan para referirse a "hacerse la rata". En la primera fila, algunas autoridades se incomodan y comentan entre sí cuando los chicos ingresan a los baños y comienzan a leer en voz alta los graffitti.

Luego de varias exhibiciones, todos a la calle, que ha sido cortada para permitir el desfile de la murga; los saltos, y el ritmo de la percusión, junto con el texto de la glosa, dan el cierre colorido y bullicioso a la alegría que se respira, contagiosa.

Nada ha quedado igual. En la pared de enfrente de la escuela, la tarea que coordinó Juan Pablo Rabal: el mural pintado por los chicos y las chicas muestra la vieja estación de trenes, que hace años dejó de funcionar. Entre sus vías se han plantado docenas de árboles. Tal vez, el mural pueda convocar a los antiguos vecinos para que les cuenten a estas generaciones cómo era la actividad agrícola que existía con la bodega, en aquella ciudad que fue y ya no será más.

El colectivo parte hacia Santa Fe y, luego, pasará por Entre Ríos.También existe otro colectivo, que está realizando un circuito en el norte; para visitar los CAJ de Jujuy, Salta y Tucumán.Ya ha habido otro que anduvo por Misiones, Corrientes y Chaco, y luego habrá otro visitando las provincias de Cuyo, y luego otro, y otro más.

Los talleristas que han participado de otros recorridos reciben noticias de los chicos de esas ciudades. Una chica le escribió a Mauricio para contarle que se seguían reuniendo los que habían tomado el taller con él, los chicos de Jujuy que estuvieron en el taller de cine cuentan que ya llevan hechos 5 cortos después de la partida del colectivo, los que participaron de teatro en espacios abiertos en La Esperanza (Jujuy) siguieron al colectivo a Monterrico (Jujuy) y a Cerrillos (Salta) y hoy están armando un grupo de teatro comunitario en su localidad.



Por otra parte, es alentador enterarse de que las ideas que propone el colectivo cultural impulsaron a los chicos de Castelli (Chaco) y de Eldorado (Misiones) a reproducir los talleres en otras localidades cercanas; en Corrientes la Secretaría de Cultura tomó la propuesta y les dio continuidad a los talleres de murga, zancos y percusión destinados a chicos de diferentes CAJ, y las habilidades alcanzadas en los talleres de malabares y de swing fueron incorporadas a una comedia musical que están poniendo en escena los jóvenes del CAJ de Ituzaingó (Corrientes) por donde también pasó el colectivo.

Los chicos y las chicas de Añatuya despiden con cariño y alegría a los talleristas, cantando y vivando alrededor del colectivo. Seguramente nada ha quedado igual.

Silvia Pazos

"Fue como encender una mecha"
Algunas reflexiones de Alejandra Birgin, Directora Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente, acerca del Proyecto Subite al Colectivo.
• “La inclusión de estos talleres artísticos está relacionada con hacer aportes para renovar los contenidos y las formas de transmisión en el ámbito escolar y no escolar. Pero, claro, pretender que la situación que se vive alrededor del colectivo pueda repetirse cada mañana, es difícil. La escuela tiene una serie de saberes sistemáticos que es imprescindible que transmita, pero es muy importante reconocer que existen otros formatos”.
• “El arte es un camino muy rico, pero a veces poco explorado en la escuela. La experiencia del colectivo y de los
CAJ muestra cómo los chicos producen cruces muy significativos; por ejemplo, al contar una leyenda del lugar a través de la producción de un documental o de teatro de sombras. Y también logran hablar de asuntos a los que resulta complejo ponerles palabras. Como los chicos de Tucumán, que hicieron un corto muy interesante sobre el tema de la violencia familiar. Encontraron otro modo de decir, que muchas veces podría ocupar la palabra escrita en la escuela. Sin duda, es imprescindible seguir trabajando sobre el valor de la palabra y sobre otras posibilidades de simbolizar. La potencia de Subite al colectivoradica en desarmar lo que se ha convertido en una frase cada vez más repetida -y sin embargo alejada de la realidad-, esa que asegura que los jóvenes son abúlicos o indiferentes. Cuando el colectivo deja una ciudad, ya nadie se atreve a decir que a los chicos no les gusta nada, que a los jóvenes nada les interesa”.
• “La propuesta del colectivo cultural en cruce con las actividades de los CAJ lleva a otros saberes. Y en ese sentido ´también da clase´. Pero fue como encender una mecha”.
   
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