Docentes - asistentes - resistentes
por Rudy

La señorita Silvia decidió organizarse. Por mucho que fuera lo que tenía que hacer al día siguiente, ella era una maestra, y "poseía las herramientas actitudinales, conceptuales, comportamentales, pedagógicas y estructurales adecuadas como para superar los conflictos que la coyuntura plantease", según le habían explicado cuando le dieron su diploma. Es cierto, había pasado el tiempo y las cosas cambiaron. Pero bueno, el tiempo pasa siempre, las cosas cambian siempre.

Quizás, se dijo, era cuestión de organizarse. De no hacer dos cosas al mismo tiempo, y mucho menos cuatro, como la tenían acostumbrada "los tiempos que corren", los planes curriculares que hay que cumplir, y las necesidades reales de sus alumnos, sus colegas, ella misma, su familia, el mundo.

-¡Soy maestra, pero soy una sola persona!- casi sollozó.

-¡Soy una sola persona, pero soy maestra!- se respondió.

Y decidió organizarse. Hacer una lista lo más completa posible de lo que tenía que hacer al día siguiente en la escuela. Eso lo resolvería todo.

La señorita Silvia tomó una lapicera y una hoja. Y empezó:

a) Entrar al aula tranquila, tratando de reducir al nivel de un murmullo los aullidos, gritos y silbidos. Decir "Buenos días, chicos", y responderse a sí misma "Buenos días, señorita Silvia".

b) Buscar en el bolso unos tapones para los oídos. Colocarse los tapones. Preguntarles a los chicos si tuvieron problemas con la tarea.Tratar de escucharlos, para lo cual es necesario dar marcha atrás con el asunto de los tapones.

c) Pedir silencio. No conseguirlo. Separar a Gonzalo y Joaquín que se están peleando. Separar a Juancito, que ha quedado atrapado en medio de la pelea de Gonzalo y Joaquín y está recibiendo los golpes de ambos. Tratar de separar a Julián y Gastón que se han quedado unidos con pegamento.

d) Mandar a Gonzalo y Joaquín a la dirección. Ver cómo se van. hacia el patio. Explicarles cuál es la dirección hacia la dirección. Recordar que llevar a los chicos de una oreja no es políticamente correcto ni aceptable para una maestra. Suspirar larga y profundamente. Hacer ejercicios de yoga, de reiki y de tai-chi. Tener una sesión imaginaria de psicoanálisis. Todo eso en medio minuto, porque hay que volver al resto de la clase.

e) Preguntarles a los chicos si desayunaron. Explicarle a Pepito que "sí" es una respuesta adecuada para este punto, y que no hace falta que comente con lujo de detalles lo que comió.

f) Ayudar a Luisito que acaba de vomitar; y a Flor, que se sienta justo delante de él.

g) Recibir a Gonzalo y Joaquín, quienes regresan con una advertencia de la directora a la maestra: "que jamás los vuelva a mandar a dirección o se atenga a las consecuencias".

h) Consolar a Juanita que está impresionada por lo de Luisito, ayudar a Luisito y Flor a limpiarse, separar a Gonzalo y Joaquín, mandando a uno al fondo de la clase, y a otro a la Antártida. Explicarle a Pepito que no hace falta que también cuente la cena de anoche.

i) Ayudar a Lucas a atarse los cordones mientras le dice a Sebas que no le tire del pelo a la dulce Julieta, con un ojo ver qué hace Gonzalo, y con el otro qué hace Joaquín; que si juntos son algo peligrosos, separados son el doble. Lamentar que el cuerpo humano tenga solamente dos manos y dos ojos.

j) Iniciar la clase sobre el tema curricular del día: los adverbios.

k) Gritarles a Gonzalo y a Joaquín que dejen de arrojarse adverbios, peinar a la dulce Julieta, darle permiso a Pepito para ir al baño, decirle a Luisito que hasta el recreo no se puede comprar ningún pebete. Llorar.

l) Tirar la lista a la basura, y prepararse para enfrentar la clase, como todos los días.


   
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