Hacia una ley de financiamiento educativo

El pasado 9 de septiembre el Presidente de la Nación elevó al Congreso el proyecto de ley de Financiamiento a la Educación, la Ciencia y la Tecnología, que propone un incremento gradual del presupuesto hasta alcanzar, en el año 2010, el equivalente al 6% del PBI.

El amplio abanico de personalidades que se dio cita para acompañar el anuncio presidencial mostró el creciente consenso que existe en considerar la educación como un eje central de la estrategia de desarrollo. De manera inédita, los gobernadores, dirigentes sindicales, figuras de la cultura, representantes de los organismos de derechos humanos, referentes empresariales, rectores de las universidades nacionales y dirigentes de los gremios docentes se unieron para expresar su apoyo a la iniciativa.

La perspectiva de contar con una ley de estas características genera, por primera vez en mucho tiempo, las condiciones para planificar el crecimiento y la transformación del sistema educativo hacia la Argentina del Segundo Centenario.

Para avanzar en esta dirección es necesario tener metas claras y evaluables que permitan asegurar su cumplimiento. Estas metas deben garantizar que el esfuerzo social vea sus frutos en una mayor escolarización de la población y al mismo tiempo en un sustantivo mejoramiento de la calidad de la educación que se brinda en todos los niveles del sistema.

Respecto de las metas cuantitativas, resulta imperioso avanzar en la escolarización de los chicos en las edades más tempranas. Es necesario incorporar a los niños de tres a cinco años que provienen de familias de sectores populares, pues es la mejor estrategia para que su escolaridad básica sea exitosa. También tenemos deudas con el cumplimiento de los 10 años de escolaridad obligatoria. Ello exige llevar adelante políticas que faciliten la permanencia en la escuela a través de becas, material didáctico y apoyo pedagógico para aquellos que más lo necesiten. Los esfuerzos por ampliar la escolarización también requerirán estrategias específicas para extender la cobertura en la escuela media, en la educación de adultos y, muy especialmente, en la alfabetización.

Sin embargo, no nos cabe duda de que la principal y más compleja tarea estará dirigida a los aspectos cualitativos. Es en este campo donde las estrategias de transformación requieren más tiempo y constancia, y donde los aspectos específicamente pedagógicos adquieren mayor dimensión.

Aumentar el tiempo de clase de los estudiantes que provienen de familias de menores recursos es imprescindible, pero también hay que garantizar que este tiempo extra signifique más aprendizajes. Mejorar las condiciones salariales y de trabajo de los docentes también es un camino que debemos recorrer inmediatamente. A la vez, debemos acompañar estas mejoras con una transformación en la carrera docente que favorezca una capacitación de base y permanente de alta calidad.

Un aspecto que exigirá un profundo debate es la elaboración de políticas que permitan avanzar hacia una creciente igualdad en el acceso a los saberes que debe garantizar el sistema educativo. Para ello es imprescindible terminar con la fragmentación y segmentación que determina que los chicos que provienen de las regiones y de las familias más pobres reciban inferior calidad educativa. En este sentido es tan necesario que debatamos en el Consejo Federal de Educación mecanismos que nos permitan tender a la unidad de nuestro sistema, como desarrollar desde el Ministerio de Educación estrategias para compensar las desigualdades regionales y familiares. Como vemos, los desafíos que plantea la Ley no son pocos. Contar con mayores recursos es condición necesaria pero no suficiente para alcanzar una educación de calidad para todos. Se requiere abrir el debate amplio y profundo acerca de las transformaciones legislativas y pedagógicas necesarias para alcanzar este objetivo. Los docentes deberán tener un protagonismo central en este debate.

La perspectiva de que paulatinamente se resuelvan los déficits materiales volverá a colocar en nuestras manos la construcción de esa escuela que nuestros niños y jóvenes merecen y que el país necesita para alcanzar un futuro de progreso, bienestar e igualdad de posibilidades para todos.

Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación

   
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