En busca de la igualdad educativa

Uno de los principales objetivos de la actual gestión educativa es reconstruir un sistema educativo nacional que permita, a partir del respeto por las características federales de su organización, alcanzar marcos comunes de funcionamiento que garanticen la igualdad de oportunidades educativas para todos los argentinos.

Todas las evaluaciones coinciden en que, durante las últimas décadas, se profundizaron las tendencias a la desarticulación del sistema educativo, aumentando los niveles de desigualdad.

En los años 90, la transferencia de los servicios educativos de la Nación a las provincias sin los recursos necesarios, las diferencias interjurisdiccionales con que se aplicaron las reformas propiciadas por la Ley Federal de Educación, y la profundización de los procesos de polarización y desigualdad social fueron factores que contribuyeron a fragmentar el sistema educativo. En este contexto, las estrategias que se desarrollaron con el objetivo de recuperar la unidad del sistema, no han logrado evitar que se consolidara esta tendencia.

Hoy, las acciones que llevemos adelante deben asumir la compleja preocupación por lo común. En este sentido, el Consejo Federal de Cultura y Educación ha logrado importantes avances en torno a la aprobación de algunos parámetros nacionales que contribuyan a privilegiar las tendencias a la unidad.

La aprobación de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) como el eje de una política que asegure igualdad de oportunidades educativas constituye una definición que plantea que la unidad nacional debe estar sustentada en aprendizajes equivalentes para todos los niños y las niñas, independientemente de sus condiciones de origen.

Sabemos que en una política que busca colocar en el centro a la enseñanza, recuperando un lugar para la tarea docente, es imprescindible mejorar múltiples condiciones. Por eso, estamos trabajando tanto en el fortalecimiento de la profesionalidad docente (en particular, su formación y capacitación) como en la producción de materiales para el aprendizaje en el aula, y de otros dirigidos a las familias. La definición de un piso común de días de clase para todo el país, la paulatina elevación de la exigencia en los aprendizajes, la aprobación de la Ley de Educación Técnica -que apunta a recuperar esta modalidad en todo el país- son otras estrategias que fortalecen esta tendencia.

Pero la posibilidad de avanzar hacia una mayor unidad del sistema exige también disminuir las desigualdades materiales que diferencian las condiciones educativas en las distintas jurisdicciones. Algunas de ellas están vinculadas a las condiciones de trabajo docente. Por ello se ha aumentado y prorrogado por 5 años el incentivo salarial docente con que la Nación apoya a todas las provincias, y particularmente se ha incrementado la porción destinada a compensar desigualdades del salario inicial de los docentes.

Esto permitió que, por primera vez en nuestra historia, alcanzáramos un piso salarial común en todo el país. En la misma dirección, el Presidente de la Nación firmó un decreto que recupera el tradicional sistema de jubilación docente que había sido derogado en la década de los noventa.

Al mismo tiempo, y con el objetivo de generar condiciones de mayor igualdad, se están desarrollando programas destinados a mejorar las condiciones edilicias, de equipamiento y material didáctico de las escuelas que atienden poblaciones con mayores necesidades socio-económicas.

Las becas, los libros, las computadoras y muchos otros elementos distribuidos entre quienes no pueden adquirirlos de otra manera, también contribuyen a la igualdad frente al aprendizaje entre y en el interior de las provincias. La posibilidad de avanzar hacia la unidad del sistema en un contexto de fragmentación, depende en parte de que seamos persistentes en la aplicación de estas estrategias. Pero también exige que desarrollemos otras políticas, dirigidas a problemáticas que aún no fueron suficientemente abordadas. Es el caso de las diferentes estructuras educativas que coexisten en el país.

Por último, somos conscientes de que no alcanza con que quienes conducimos el sistema educativo trabajemos en dirección a transformar las estrategias pedagógicas, aumentar la inversión de recursos y desarrollar la voluntad común de otorgar unidad al sistema educativo nacional.

Para que de una vez por todas avancemos es necesario y urgente generar, lugar por lugar, mecanismos de participación activa para los docentes.

Solo producen cambios verdaderos las políticas que entran al aula de la mano y el saber de los maestros. En este aspecto todavía hay deudas y El Monitor pretende ser una herramienta más de aporte al debate necesario que abra los caminos para la imprescindible participación de maestros y profesores.

Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación

   
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