El diccionario de los chicos
Marcela Isaías*

En un breve y bello cuento, el escritor Sergio Kern relata una historia en la que un grupo de chicos y chicas de una escuela es invitado a dibujar los personajes de un cuento recién narrado; entre ellos se destaca una niña ciega que los describe con exactitud, valiéndose de plastilinas. La historia -tomada de una experiencia real que vivió el autor rosarino- marca la sustancial diferencia que hay entre mirar y ver, entre dirigir la vista hacia un objeto y percibirlo con sensibilidad e inteligencia.

La analogía sirve para explicar por qué mientras el diccionario de la Real Academia Española (RAE) indica que mamá remite a madre y ésta significa la hembra que ha parido, amar es tener amor a alguien o algo, libertad es la facultad de un hombre de obrar de una manera u otra; y paz, la situación o relación mutua entre quienes no están en guerra.

Para los chicos estas palabras también tienen otras definiciones. Mamá "es la que está cuando comemos y la que llama diez veces si trabaja", amar "es salir a buscar a otro y algo que se expresa con palabras y con el cuerpo", libertad "lo contrario a tener miedo"; y paz,"un valor imposible mientras Bush sea presidente".

Ahora, estas y otras palabras son algunas de las que conformarán el Diccionario urbano (su finalización está prevista para el 31 de mayo próximo), una idea desarrollada en el Primer Congreso de la Lengua para Niños, que reunió en Rosario en noviembre pasado, a más de 2500 chicos de entre 4 y 14 años de todo el país y otras naciones latinoamericanas, elegidos como representantes por sus compañeros de escuelas, clubes y diferentes asociaciones.

La idea de la convocatoria para niñas y niños -este año volverá a darse con otro formato- surgió junto a la del III Congreso de la Lengua Española, que tuvo a Rosario como sede. "¿Por qué los niños no van a discutir sobre su patrimonio cultural lingüístico?", se preguntó María de los Angeles Chiqui González, la gestora de la iniciativa. Chiqui es la directora de La Isla de los Inventos, un espacio cultural de arte y ciencia para chicos, que depende de la Municipalidad de Rosario y que fue sede de este primer Congreso. Ella resultó la primera sorprendida cuando fueron los propios niños quienes llamaban a su lugar de trabajo preguntando cómo podían hacer para participar en el Congresito, tal como se lo conoció más tarde.

En el encuentro hubo charlas con escritores -entre ellos Marcelo Birmajer, Ricardo Mariño y Luis María Pescetti-, artistas plásticos y músicos, una marcha por la ciudad, el encuentro con abuelas narradoras y con chicos de pueblos originarios, y reuniones donde todo lo que había que discutir tenía una protagonista central: la palabra.

Quizás el puntapié que abrió la expectativa sobre lo que pasaría en el Congresito se dio antes de su inauguración cuando, invitados a votar por las palabras más importantes, más de 100 mil chicos y chicas de Rosario y alrededores se inclinaron por: amor, amistad, paz, compartir, jugar, gracias, aprender, mamá, trabajo, amigos, milanesa, sol y familia...

Las palabras elegidas, los debates y las filas diarias para ingresar al congreso no pasaron inadvertidas para los adultos y para los medios nacionales y extranjeros. Más allá de la nota de color que pueda significar ver a tantos niños y adolescentes reunidos, la noticia la daba el contraste entre lo que allí pasaba y la insistencia cíclica de los titulares mediáticos por afirmar que a los chicos no les gusta leer o nada les interesa. En todo caso, el Congresito mostraba qué pasa cuando se habilitan las oportunidades para decir, pensar, hacer, opinar.

¿Qué son las palabras? ¿Cuáles son livianas y cuáles pesadas? ¿Qué pasaría si no existieran? ¿Se mueren las palabras? Estos fueron algunos de los interrogantes planteados en las plenarias del encuentro. Y como en una buena discusión que invita a reflexionar -que mucho recuerda el planteo de Matthew Lipman y Ann Sharp en su Filosofia para Niños-, las respuestas de los chicos no se hicieron esperar: "Las palabras pesadas hacen mal al otro, las livianas son las del corazón", "las palabras se mueren cuando se las deja de usar" o bien: "las palabras no se mueren si hay siempre un chico que las repite".

Días más tarde, al cierre del Congresito, el escritor mexicano Carlos Fuentes daría una conferencia magistral al inaugurar el III Congreso de la Lengua Española (Globalización e identidad linguística). Se lo escuchó decir entonces:" La Tierra existiría sin nosotros, porque es realidad física. El mundo no, porque es creación verbal. Y el mundo no sería mundo sin palabras". Casi la misma y sustancial diferencia que hay entre mirar y ver.

* Periodista especializada en educación.

   
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