Correo de lectores

Y por casa..., ¿cómo andamos?

Estimados:
¡Cuántas dificultades con nuestros alumnos! Violencia escolar creciente. Docentes preocupados. Chicos con más y más dificultades de aprendizaje. Docentes desconcertados. Chicos hiperkinéticos, con atención dispersa... (insoportables, bah...) Y lo jorobado es que a veces no encontramos soluciones...

¿Serán los gabinetes psicopedagógicos la solución para todos estos problemas?

Sin duda son un enorme aporte para la escuela, pero, ¿no les pediremos magia? ¿Qué deberían hacer los especialistas con los chicos-problema? ¿Tranquilizarlos, adaptarlos, curarlos, para que se porten bien, estudien y no molesten? Francamente, me temo que les exijamos demasiado... y me gustaría preguntar, sin que nadie, por favor, se enoje: ¿No estaremos descuidando un frente que nos corresponde como docentes? ¿Qué hacemos cuando aparece un chico con problemas de aprendizaje o problemas de conducta? Centramos el problema en el chico (y, a lo sumo, en su entorno familiar:"También, con la familia que tiene", decimos). Ponemos el problema en él y en su vida fuera de la escuela, y nos olvidamos de qué ocurre con la vida del chico dentro de la escuela... donde nosotros se la organizamos.

Está bien que llamemos a los padres, derivemos al chico a una consulta. Pero ¡cuidado!, estamos partiendo de un supuesto: el que está mal es el chico y, acaso, su familia. Pero debemos analizar otro frente: ¿por qué la actividad que organizamos en la escuela queda intacta? ¿es un ámbito sagrado, incuestionable?

Hacemos, sí, adaptaciones curriculares, contenidos imprescindibles al alcance del chico. Pero casi nunca cuestionamos el programa, ni el modo de trabajo, que sigue inamovible para los chicos sin dificultades. ¿Y si pensáramos que estos no tienen dificultades porque poseen un umbral de aburrimiento más alto, mayor capacidad para la rutina, o menor creatividad? Digo... como para ir abriendo la reflexión.

Sigamos tratando de abrir la mente: ¿no sería bueno animarnos a revisar el desencuentro entre lo que la escuela propone y los chicos desean o necesitan? ¿No les resultará imposible a los chicos metabolizar lo que les proponemos en una escuela demasiado alejada del mundo en que viven? Si a un chico le duele la panza, sería muy mal médico el que solamente le diera un analgésico sin preguntar qué comió, ¿verdad? Hay algo que le hizo mal. El buen médico procurará entonces que lo evite, sin limitarse al analgésico. Pero si aparecen varios chicos con dolor de panza... nos están "diciendo" que habrá que revisar la comida.

Siguiendo la metáfora, si parece haber cada vez más chicos con problemas, ¿qué les estará cayendo mal? ¿No será que la escuela responde al siglo XIX y no a la "modernidad líquida" actual, que es el ámbito en que los chicos viven? ¿No nos estarán "diciendo" que hay que revisar lo que les damos?

Creo que es imprescindible plantearnos estas reflexiones.

Prof. Oscar Krütli
Dir. Ini. EGB 1 y 2 MERLO (San Luis)
myok@vdolores.com.ar

cartasmonitor@me.gov.ar | Pizzurno 935, of. 16 - (C1020 ACA) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

   
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