Granjeros último modelo

La Escuela Agrotécnica Dr. Ramón Santamarina es, con toda razón, uno de los orgullos de Tandil. En esta granja de 300 hectáreas, el eje del aprendizaje es el trabajo en la producción agropecuaria. A la par de estudiar, los chicos y las chicas ordeñan, reparan maquinaria y alimentan animales, entre otras tareas que, sin embargo, no les quitan energía para competir (y lucirse) en un desfile de carrozas que se realiza todos los años.

Con mayor o menor frecuencia, "personas ajenas al establecimiento" suelen transitar por las escuelas: una reunión de padres, un acto escolar, una fiesta para recaudar fondos son causas suficientes para que la llamada "gente común" traspase de vez en cuando las puertas de una institución educativa. Pero que el arribo a una escuela ocurra motivado, simplemente, por las ganas de pasear y hacer turismo no es algo de todos los días. "En Tandil la escuela-granja siempre se mantuvo vigente, es como la piedra movediza", dice sin exagerar el director Guillermo Martignoni y sus palabras pueden comprobarse navegando en la web. El link "Paseos" del portal de internet de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Tandil dice cómo llegar a la escuela y especifica los horarios de visita.

¿Qué es lo que ha hecho posible que toda carta de presentación de Tandil incluya a la Escuela Agrotécnica? ¿Por qué esta escuela llegó a ser un lugar de paso obligado para los turistas? Que una ciudad exhiba una de sus escuelas como un "atractivo" es razón suficiente para, por lo menos, invertir una mañana en una visita guiada.

300 MANZANAS DE ESCUELA

La extensión de campo en medio del paisaje serrano, en principio, justifica la escapada. "A mí me encanta la escuela, mirá lo que es esto: tenés 298 hectáreas", puntualiza Ismael, alumno de 3º año Polimodal. Si aquella referencia típicamente urbana que dice que una hectárea equivale a una manzana resulta válida, la escuela granja estaría ocupando el espacio de unas 300 manzanas.

La escuela cuenta con un viejo edificio con apariencia de casona construido hace casi 90 años - donde se encuentran algunas aulas, un laboratorio de ciencias, una biblioteca y las habitaciones del internado-, al que se suman el salón comedor, la cocina, dos módulos con aulas recién edificadas, y las cabañas y galpones de las distintas secciones didáctico-productivas: tambo, ganadería, fábrica de quesos, chacinados, avicultura, apicultura, entre otras.Todo esto hace que las 300 hectáreas de la escuela no parezcan tan inmensas. Un staff permanente de vacas, toros, chanchos, gallinas y gallos dan el toque de color y olor a la extensa campiña. Campiña continuamente transitada a paso lento o en tractor por alumnos, profesores, peones de producción y personal de mantenimiento. En la escuela-granja las salidas al campo no necesitan de viandas, cantimploras ni autorizaciones firmadas por los padres: "Es lindo y entretenido, salimos mucho al campo. Si hablamos del molino, nos vamos caminando hasta el último potrero y lo vemos funcionando. Si hablamos del tambo, les enseño cómo funciona una ordeñadora, las partes que tiene, y los chicos hacen la práctica ahí", cuenta el profesor de la asignatura Maquinarias, equipos, herramientas e instalaciones.

"En una escuela común, cerrás el patio o la puerta de la escuela y todos los chicos quedan ahí y ya está. Acá, si un pibe quiere irse a su casa puede salir tranquilamente por un alambrado del fondo del campo. Los chicos y las chicas tienen que saber manejar su libertad porque es imposible controlarlos. Esto es un campo abierto. Entonces hay que tener un criterio de comunicación muy especial con los chicos", dice el profesor Guillermo Martignoni, ingeniero agrónomo de profesión, que lleva 28 años en la escuela y hace 11 que asumió el cargo de director. Se ocupa de dejar en claro, además, que es un "granjero", es decir, uno de los tantos ex alumnos que siguen vinculados con el colegio.

"Hay que estar dispuesto a bancarse cosas en el colegio. En otras escuelas estás calentito dentro de un aula, acá no", expresa el director. Cierto supuesto confort de escuela urbana, más ideal que real, es utilizado para resaltar, por oposición, las particularidades de la escuela-granja: "Por más que haya alerta meteorológico tenés que venir todos los días a descargar los alimentos con palas, porque si no se te puede morir una vaca", señala Ismael.
Dice la historia de la pedagogía que fue J. A. Comenio quien, inspirado en los ciclos de la naturaleza, procedió cual demiurgo inventando lo que se ha dado en llamar el calendario escolar: "En las escuelas todos se tomarán vacaciones de verano y de invierno", parece haber sentenciado el pastor bohemio hace casi 400 años. En la escuela-granja, también a tono con la madre naturaleza, parecen haberse animado a contradecir a Comenio: los chicos trabajan todo el año, hacen guardia los fines de semana, los días feriados, en las vacaciones de invierno y de verano. "Todas las semanas, la chica y el chico que hacen el tambo se quedan a dormir en el internado porque deben levantarse a las 5 de la mañana", dice una alumna de 8º año que vive en la residencia de la escuela.


GRANJEROS Y GRANJERAS

Botas de goma o alpargatas, pantalones color marrón y boina permiten identificar, dentro y fuera de la escuela, a los alumnos de la granja. Hijos e hijas de productores, peones rurales, veterinarios e ingenieros agrónomos; jóvenes provenientes de familias de comerciantes y empleados; chicos y chicas del campo y de la ciudad conforman una matrícula de 500 alumnos, de la cual un 30 por ciento son mujeres. "Las chicas tienen que hacer lo mismo que los chicos, no hay diferencias a la hora de ponerse a trabajar, y te diría que en muchos casos son mejores que los varones. De hecho, los últimos abanderados han sido casi todas mujeres", expresa el director.

Las 150 alumnas de la escuela no se sienten intimidadas por los olores, el barro y los avatares del trabajo rural, y esto se remonta a los orígenes del establecimiento. La escuela Agrotécnica fue fundada en 1916 como hogar agrícola para mujeres vinculadas con el mundo rural. Desde aquel entonces la escuela cuenta con un internado -que hoy alberga a 50 alumnos, 35 varones y 15 mujeres-, que funciona con prioridades similares a las de los momentos fundacionales: dar preferencia a los chicos oriundos de campos aledaños.

No solo la incorporación de mujeres a la enseñanza sistemática hizo de la escuela-granja un referente. "Las escuelas agrotécnicas nacionales fueron formadoras de gente de toda Latinoamérica", comenta Martignoni. Y agrega: "Todas las escuelas agrotécnicas se formaron bajo el modelo francés, o sea, aprender haciendo: el chico manejando la realidad del sistema productivo. La explotación productiva como metodología de enseñanza-aprendizaje".

APRENDER TRABAJANDO

La antinómica frase existencial "¿trabajás o estudiás?" -clásica de los reclamos paternos, pero también de los interrogatorios típicamente juveniles parece haberse superado en la Agrotécnica de Tandil.

"A estos chicos nadie les tiene que contar cómo es el mundo del trabajo, porque trabajan y esto les permite adquirir criterio técnico; y este se logra manejando un tractor, reparando una máquina, dándole de comer al animal, criándolo todos los días, pesándolo, vacunándolo, ordeñándolo", sostiene el director.

"Cuando se introduce el trabajo en el sistema educativo es necesario asumir una serie de realidades que para el resto de las escuelas son chino básico. A la hora de trabajar, los chicos deben manejar máquinas. Aparte del seguro de Ministerio hemos contratado otro, aunque eso no quita que en determinado momento se pueda producir un accidente, ¿pero cuál es la alternativa? ¿No le das el tractor al chico para que lo maneje? Se lo tenés que facilitar para que aprenda, y eso implica un riesgo. El tema de la responsabilidad civil hay que considerarlo, pero sin que te paralice", resalta Martignoni.

Federico y Agustina son de 3º Polimodal. Esta semana están trabajando en comisión en la fábrica de quesos. En el sótano, con una temperatura de 15 grados y 67 por ciento de humedad, relatan: "Los quesos están un día salándose y después en el sótano pueden estar meses, depende del queso. Los de rallar son los que requieren más tiempo, los de postre son más blandos y necesitan menos tiempo de estacionamiento". Agustina y Federico confiesan que su debilidad por los quesos no ha mermado por el trabajo en la fábrica: "A mí me gustan los quesos de postre y los saborizados; el de albahaca me encanta", dice ella. "Yo prefiero el queso de rallar", dice su compañero.


ESCUELA Y COMUNIDAD

La Agrotécnica no solo se preocupa por reflejar, puertas adentro, el mundo productivo de Tandil y alrededores sino que también busca intervenir sobre él. "Cualquier demanda que surja en la comunidad, desde el punto de vista técnico y educativo, enseguida es trasladada a la escuela y nosotros intentamos responder". Una serie de convenios con instituciones oficiales y privadas son una muestra de ello.

"En avicultura, desde 1997, tenemos un convenio con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, el Plan Pro Huerta Granja y el INTA. En la escuela están los planteles de gallinas batarazas y gallos colorados, y de la cruza sale una pollita que se distribuye entre familias carenciadas de todo el sudeste de la provincia de Buenos Aires. La agencia del INTA entrega a cada familia 10 o 12 gallinas ponedoras para consumir sus huevos. A través del trabajo de los chicos con los profesores, todos los martes nacen 500 pollitas que serán distribuidas", relata Martignoni.

Desde comienzos del ciclo lectivo la escuela incorporó una ensachetadora de leche. Este emprendimiento fue posible por el trabajo conjunto con la Universidad de Tandil y el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires. La planta de pasteurización permite proveer de una cierta cantidad de leche semanal a Acción Social de la Municipalidad de Tandil, y además vender leche a los comedores escolares de la ciudad a través del Consejo Escolar.

La escuela siempre estuvo muy compenetrada con la comunidad. Prueba de ello es la particular conformación de la asociación cooperadora, pues además de participar en ella padres y docentes, la integran entidades intermedias de Tandil (la Cámara Empresaria de Tandil, la Sociedad Rural, la Cooperativa Agropecuaria de Tandil, el INTA, entre otros). "La cooperadora es dueña de todo el aparato productivo y organiza todo lo referido a la generación de recursos. Además de los productos tradicionales que se fabrican y se venden acá y en los comercios de Tandil, se abastece de animales a productores de la zona que vienen a comprar toros, vaquillonas, cerdos madres, conejos...", comenta el director.

LA FARÁNDULA

Ismael está cursando 3º de Polimodal y planea el año que viene ir a estudiar turismo y hotelería en Buenos Aires. "A mí me gusta la naturaleza, me gusta el campo y sé bastante, pero no quiero seguir veterinaria como mi papá. Más que el título de técnico agropecuario no quiero".

Ismael se ocupa de presentar a sus compañeros clasificándolos a partir de sus elecciones vocacionales: "Ella va a estudiar cine, aquella rubia va a estudiar medicina en Córdoba, ese chico que está ahí, biología en La Plata; y aquel otro, agronomía en Balcarce". Si bien las escuelas agrotécnicas se pensaron en sus orígenes como terminales, en la actualidad la mayoría de los chicos planea seguir estudiando. Muchos se inclinan por carreras afines al sector agropecuario (agronomía, veterinaria, tecnología en alimentos).También hay jóvenes que deciden dedicarse a la apicultura, a fabricar quesos artesanales o a instalar sus propios criaderos de conejos y de gallinas.

La palabra "egreso" en sus múltiples acepciones -el viaje, la fiesta y el egreso propiamente dicho- suele desvelar a casi todos los chicos y las chicas a punto de terminar la escuela media. Los jóvenes de la granja tienen un motivo más para no dormir: la farándula.

La farándula consiste en un desfile y competencia de carrozas realizadas por los estudiantes del último curso de todas las escuelas medias de Tandil. El año pasado representaron la historia de la lucha entre la hamburguesa y el choripán. Este año decidieron que el número girará en torno al oso hormiguero y las hormigas. La puesta en escena, que dura 9 minutos, requiere de la elaboración de las carrozas, el vestuario, las coreografías, la música, la bandera, y el texto que va narrando la historia.

Con la incorporación de 7º grado, la escuela oferta el 3º ciclo de EGB completo. El Polimodal, por su parte, se divide en dos orientaciones: Ciencias Naturales, y Bienes y Servicios. A partir de un subsidio otorgado por el FONIT (Fondo Nacional de Institutos Tecnológicos) del Ministerio de Educación de la Nación, está prevista para el 2005 la creación de un Instituto Tecnológico Superior donde se dictarán tecnicaturas superiores no universitarias. Se ofrecerán dos carreras: Técnico Superior en Industrias Agroalimentarias y Técnico Superior en Gestión y Desarrollo de Emprendimientos Agropecuarios.

"La escuela deja marcas para siempre", dice el director. El relato entusiasta de Ismael -futuro licenciado en turismo y hotelería- acerca de la última visita guiada que le tocó coordinar, es un muestrario de ellas: "Tenía que explicarles todo, hasta lo más básico. Fuimos a avicultura y los chicos no sabían que el pollito después se hace gallina, por ejemplo. Nosotros sabemos bastante de eso y podemos hablar de inseminación artificial, detección de celos, cosas un poco más complejas".

La Agrotécnica de Tandil posibilita recorridos como el de Ismael. Porque, al mismo tiempo que ofrece una interesante experiencia educativa ligada al trabajo y la producción agropecuaria, deja espacios para que los chicos -y no necesariamente por la vía del rechazo- tengan ganas de probar otros rumbos y ensayar nuevos destinos.

Ana Laura Abramowski

   
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