Educación, valores y convivencia democrática

Una escuela es una apuesta por la vida y el futuro. Incluso en condiciones difíciles, las escuelas renuevan siempre su compromiso con la convivencia, el diálogo y el conocimiento.Todos los días, más de 10 millones de chicos junto con sus maestros, en 40 mil escuelas argentinas, dan vida a la esperanza de construir un mundo más equitativo y solidario.

El debate generado a partir de la tragedia de Carmen de Patagones merece algunas consideraciones. En una sociedad que se ha acostumbrado a convivir con crecientes niveles de violencia, los educadores nos esforzamos por transmitir a nuestros alumnos la necesidad de defender la vida por encima de cualquier otro valor.

Hoy la escuela se encuentra interpelada y es bueno que así sea. Se necesitan cambios profundos y estamos trabajando en esa dirección. Pero pongamos las cosas en su lugar. No es la escuela la que promueve la violencia, no es la escuela la que genera pobreza y falta de horizontes. Por el contrario, incluso en condiciones tan adversas como las vividas durante la última dictadura militar, o bajo el modelo de exclusión de los ´90, la escuela fue la única institución que continuó cobijando a quienes el mercado marginaba, creando un clima de convivencia mucho más armonioso que el que imperaba fuera de sus aulas.

Frente a este panorama, no se trata de buscar soluciones fáciles o escandalosas, como la instalación de detectores de metales. No ganaríamos nada trasladando la violencia a la otra cuadra. Debemos proteger la vida dentro y fuera de la escuela. Y debemos defender a la escuela como el espacio público más favorable al aprendizaje, al intercambio de ideas y a la solidaridad.

Las estrategias de prevención de la violencia escolar más eficaces son aquellas que logran una mayor integración entre la escuela, la comunidad y la familia. Esto facilita la detección de problemas, permite acompañar a los chicos ante un conflicto y trabajar con ellos para resolverlo. Los programas de Mediación Escolar, los Centros de Actividades Juveniles -que funcionan los sábados en las escuelas-, y en general las metodologías de resolución pacífica de conflictos como los Parlamentos Infantiles, Consejos de Aula y Consejos de Convivencia, están dando buenos resultados.

Para abordar el tema de la violencia es también fundamental contar con la información adecuada. Por eso, el Ministerio de Educación, junto con Unesco- Brasil y la Universidad de San Martín, ha puesto en marcha el Observatorio de Violencia en las Escuelas, que permitirá planificar estrategias adecuadas para enfrentar con éxito esta problemática.

Es necesario también contar con espacios de capacitación específica, compartir experiencias y prepararnos para trabajar en contextos difíciles, muy distintos a los que conocimos durante nuestra formación como docentes.

Debemos generar un modelo de enseñanza que estimule la pasión por el conocimiento. Contemplemos los intereses de los alumnos y agilicemos la capacidad de la escuela para responder a sus necesidades. Y, ante todo, recuperemos para nuestras escuelas su esencia pedagógica, erosionada por el impacto de la crisis. Así lograremos que ellas sigan aportando, desde su función específica, a la construcción de una sociedad pacífica y democrática.

Esta no es una tarea que la escuela pueda cumplir en soledad: necesitamos la cooperación de las familias, de toda la comunidad. Debemos recuperar el respeto hacia la autoridad del docente, hacia la escuela en su conjunto. El éxito de nuestra tarea depende, en buena medida, de que las familias nos respalden y acompañen a los chicos en esta etapa contradictoria de la vida, a veces agravada por un contexto socioeconómico desfavorable y por el desafío de constantes cambios culturales.

Protejamos a la escuela. Cambiemos todo lo que haya que cambiar para que siga siendo el mejor reaseguro para la esperanza.

Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación

   
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