Entrevista a Mara Brawer, experta en mediación escolar

"El diálogo debe atravesar toda la vida escolar"

Mara Brawer es docente, licenciada en Psicología y en la actualidad, es la directora de Asistencia a la Víctima, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En 2001, creó y dirigió en la Secretaría de Educación de esa ciudad el Programa de Gestión Participativa de Conflictos. En el Ministerio de Educación, el año pasado condujo el Programa Nacional de Mediación Escolar, y hoy integra el Observatorio de Violencia en las Escuelas.



-¿Cómo son los modos de convivencia actual en la escuela y qué relación tienen con la sociedad?

- No hay formas estandarizadas de convivencia, ni una sola forma de convivir. Cada comunidad, cada sector social, cada población, tiene sus modos de relacionarse; y eso está en la escuela. Una sociedad autoritaria, violenta y poco inclusiva repercute en las relaciones que se dan en la escuela. Sin embargo, como posee una función específica que tiende a igualar, a incluir, esos comportamientos sociales se reorganizan; no se reproducen de manera idéntica. Si existen problemas de comunicación en la sociedad, también los hay en la escuela. Vivimos en una sociedad excluyente y competitiva; las distintas modalidades de relación se repiten en la escuela, pero no se refleja exactamente lo mismo. No es la misma violencia la que se da en una cancha de fútbol o en el barrio, que la que sucede en un lugar donde la función específica es la búsqueda de la inclusión, de la igualdad y la construcción de conocimiento. La escuela es uno de los pocos lugares donde se privilegia la circulación de la palabra. Y sabemos que ponerles palabras a los conflictos disminuye los niveles de violencia.

-¿Qué formas organizativas de convivencia están más probadas y qué ventajas y desventajas tienen?

- La escuela, además de ser -por su función- uno de los ámbitos por excelencia donde se aprende a convivir, debe tener estrategias proactivas para favorecer la resolución pacífica de conflictos: en ese sentido, los programas de mediación, parlamentos infantiles o juveniles, pedagogías participativas, metodologías colaborativas, ayudan no solo a verbalizar los conflictos sino también a aprender de ellos. No es lo mismo que un profesor diga "El grupo que primero termina tiene un 10", que impulsar un verdadero trabajo en equipo, en el que todos construyen colaborando con un fin común. Se trata de construir estrategias de participación y colaboración, que toda la vida escolar esté atravesada por el diálogo, por aprendizajes cooperativos, a través de tareas concretas1. No estoy de acuerdo en proponer:"Composición tema: la convivencia", o "Capítulo: los valores". El otro punto es que la escuela sola no puede. La sociedad no puede pedirle a la escuela que modifique aquello que la sociedad misma no está dispuesta a cambiar. Es imprescindible que la escuela tenga normas claras de funcionamiento y una fuerte escucha de todos los actores institucionales. Experiencias como los consejos de aula, parlamentos, han demostrado que son positivas y que favorecen la convivencia democrática. La implementación de Consejos de Convivencia, por ejemplo, tiene sus dificultades porque la construcción de un funcionamiento fluido y adecuado lleva su tiempo. Sin embargo, son preferibles a las sanciones, ya que los consejos permiten la construcción progresiva de consensos en torno a la norma, sobre su necesidad para regular la vida social y las formas participativas de actuar frente a la transgresión de ésta.

- Usted dirigió experiencias en la Ciudad de Buenos Aires y en el Ministerio de Educación sobre resolución de conflictos, ¿podría contarnos algo acerca de ellos?

- En el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, entre 2001 y 2003, llevamos adelante un programa de gestión participativa de conflictos. El equipo entraba en acción cuando los conflictos excedían la capacidad de las instituciones para resolverlos. Tomas de escuelas, reclamos, enfrentamientos de padres con la escuela; fue todo un aprendizaje. En las primeras tomas de colegios por parte de los alumnos, las autoridades nos pedían represión; al final, quedó un aprendizaje en algunos sobre la importancia de la participación y el diálogo con los chicos. Era un equipo interdisciplinario que generaba espacios de intercambio entre distintos sectores y restauraba las posibilidades de diálogo. Esto se daba tanto en relación a los temas políticos -por ejemplo, los relativos a derechos estudiantiles- como a todos aquellos temas que, por diferentes circunstancias, desbordaban las posibilidades de acción de la escuela.

En el Ministerio, iniciamos el año pasado la implementación del Plan Nacional de Mediación que dirigen Mariana Moragues y Marta García Costoya, que tiene un objetivo sobre todo pedagógico. Está vinculado a la enseñanza y al aprendizaje de lo que se denomina, según la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud,"habilidades para la vida". Esto es el conjunto esencial de aptitudes relacionadas entre sí, que se requieren para enfrentar de manera positiva y eficaz las situaciones y desafíos de la vida cotidiana, y que están implicadas en todos los abordajes que, desde la escuela, se pueden realizar para alcanzar los objetivos de la mediación. Lo que se promueve es el diseño y la implementación de proyectos de mediación en las instituciones educativas, focalizados en los alumnos. A fin de llevar adelante este proceso es fundamental la participación de los diferentes actores institucionales, para definir los aspectos principales y su modalidad y alcance.

1 Una enumeración descriptiva de algunos abordajes -como el desarrollo del razonamiento moral o la creación de instancias colectivas, entre otras-, se puede ver en el documento Marco general en www.me.gov.ar/mediación.
   
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