Laura Vilte, directora y profesora

Luchar con alegría

Laura Vilte es psicóloga, directora de una primaria en Purmamarca y, además de seguir estudiando, ejerce otros dos cargos docentes. Esta mujer orquesta, que fuera perseguida por la dictadura, pinta un panorama de la diversidad cultural jujeña y habla del papel de la docencia, profesión cuyos atributos principales, enfatiza, deben ser el compromiso y la alegría.


Ocho y veinticinco de la mañana. Entonando Aurora, a capella y de cara al Cerro de los Siete Colores, Laura Vilte comienza su jornada de trabajo en la escuela primaria Nº 21 de Purmamarca, donde es directora. Por las tardes dicta Psicología en el Bachillerato Nº 18 y en el turno vespertino se traslada a Tilcara donde trabaja en los profesorados de Historia y de Lengua del Instituto de Formación Docente (IFD) Nº 2. Como si esto fuera poco, está cursando una especialización en educación superior. Su hija de 11 años, Marina, quien demanda más tiempo de mamá, la increpa: "Para qué estudiás si ya sos vieja". Laura ofrece una explicación tal vez poco convincente para Marina: "Yo tengo 56 años y sigo estudiando porque me interesa la educación; además, uno aprende hasta que se muere. Y me llena de alegría, porque ir a la universidad, volver a conectarme y actualizarme, me energiza para seguir transfiriendo cosas a mis alumnas y a mis alumnos".

Si hay algo que no necesita Laura, a simple vista, es más energía. Su voz grave y caudalosa transmite tanta potencia, que dan ganas de escucharla. Es de esas personas que -uno sospecha- algo interesante, seguro, van a decir.Y, como podrá comprobarse, su historia se presta particularmente para ser leída en diálogo con los quiebres de la Argentina.

1976

Con el título de psicóloga obtenido en 1971 en la ciudad de Córdoba, Laura comenzó a trabajar en el gabinete de un colegio. Su vida y sus proyectos, como los de tantos otros, dieron un giro irreversible el 24 de marzo de 1976: "La noche del golpe militar desaparecieron más de la mitad de mis compañeros, entre ellos Eduardo Requena, y entonces tomé la decisión de irme a vivir a Buenos Aires".

"En diciembre de 1976 desapareció Marina, mi hermana. A raíz de eso decidí volver a Purmamarca porque mis padres estaban muy mal. Fue como un exilio interno. Durante la dictadura trabajé con mi padre y recién en el 82, con el título de maestra normal, empecé a trabajar como docente".

Marina Vilte era maestra, secretaria general del gremio de maestros de Jujuy y secretaria adjunta de la CTERA, que decidió recordarla bautizando con su nombre la Escuela de Formación Pedagógica y Sindical. Marina, además, era coplera. En la película Maestros del viento -que repasa la vida de tres maestros desaparecidos durante la última dictadura militar-, una compañera de celda cuenta que, durante su detención, Marina cantaba coplas "que llenaban la cárcel de alegría más allá de estar detrás de las rejas".

"Lo que más me gustaba en la vida era ser psicóloga y hacer clínica, y la dictadura me lo impidió. Estaba tan mal psicológicamente que no podía trabajar como terapeuta. Entonces decidí ser maestra, un poco para homenajear a mi hermana, pero también para devolverle a mi gente todas las cosas que había aprendido. Me gusta ser docente y creo que es un compromiso de por vida", expresa Laura. Otro compromiso asumido, también motivado por la desaparición de su hermana, es la lucha por los derechos humanos en la organización Familiares de Detenidos y Desaparecidos de la provincia de Jujuy.

1993

Si 1976 constituyó un doloroso punto de inflexión en la vida de Laura, su ingreso en el profesorado de Tilcara, en 1993, se convirtió en otro, pero esta vez gratificante: "Trabajar en la escuela primaria y en el profesorado fue para mí como una retroalimentación investigativa", manifiesta Laura. Los problemas de comprensión de texto detectados en la escuela de Purmamarca fueron encontrando explicaciones y avances con los aportes del grupo de investigación que se conformó en el Instituto de Tilcara. La tarea de este equipo de docentes incluyó la consulta con la comunidad, el estudio de las currículas existentes, y la búsqueda de alternativas para el trabajo con los niños y las niñas. Y el resultado fueron tres libros -en palabras de Laura-"realmente de vanguardia": uno de Geografía, otro de Historia y un tercero de Lengua.

Tal vez por una particular inclinación por las palabras, propia de los psicólogos, Laura se detiene en el tema de la lengua y se explaya: "Toda la Quebrada de Humahuaca tiene una gran tradición oral, y eso hace mucho más difícil la tarea de la escritura, porque nuestras poblaciones eran ágrafas. Hace un tiempo hicimos una encuesta y los únicos libros que tenían los chicos en sus casas eran una Biblia y un manual viejo".

En la Quebrada se habla un español dialectizado que contiene estructuras que vienen del quechua y el aymará. Un ejemplo es la expresión se vamos. "Esto no es producto de la ignorancia.Tampoco es un error casual porque en esta zona no existía la expresión nosotros", dice Laura, y agrega: "¿Qué hacía el maestro frente a esto? Avergonzaba a los niños diciéndoles 'así no se dice'. Y de esta manera los chicos y las chicas iban enmudeciendo. Pero no hay chicos mudos, la escuela los enmudece", enfatiza Laura y recuerda la expresión de un integrante de la comunidad El Moreno: "Por muchos años, el carancho escuela se comió la lengua de los chicos".

Laura explica su postura respecto de la enseñanza de lengua: "Cuando a un niño desde chico se le dice 'en tu casa se habla de una manera, pero acá vas a tener que escribir de esta otra', el niño crece sin avergonzarse de su cultura. La idea es que entienda que en determinadas situaciones va a tener que usar la lengua estándar para no ser discriminado. Ese es un desafío fundamental que exige de los docentes entender la diversidad cultural y lingüística".

El planteo de Laura y el equipo de Tilcara sobre este tema es discutido: "Hemos sido muy criticadas por indigenistas que plantean enseñar quechua en las escuelas. Ellos piensan que queremos que los chicos olviden su lengua, pero lo que hacemos es tratar de ayudar a los chicos para que entiendan un proceso. Los chicos no hablan quechua. Si en la Quebrada tuviéramos quechuistas hablantes, yo defendería a muerte que se siguiera manteniendo esta lengua, pero por desgracia se ha perdido. Y, como toda lengua, existe en la medida en que se usa socialmente. A nosotros nos quedan estructuras y términos que rescatamos y seguimos usando".

Sobrevolando el relato de Laura está la cuestión de la identidad, enfatizada, sobre todo, en su dimensión colectiva: "En la escuela realizamos proyectos que integran la cultura y el hacer cotidiano de los chicos en los contenidos curriculares. Pero nuestro planteo no es quedarnos en lo nuestro, sino el intercambio. Acá casi todos somos descendientes de pueblos originarios, pero por ahí vienen niñas, niños y docentes que no lo son. Por eso es una perspectiva intercultural".



2004

"Lo que más me gusta de mi tarea es trabajar con jóvenes", responde Laura ante una pregunta algo fastidiosa que la apresura a elegir algo entre todo lo que hace.

A ella le cuesta encontrar las palabras justas para definir la situación de los jóvenes de la Quebrada, y esto no es azaroso: en el transcurso de una misma semana, se suicidaron dos jóvenes en Tilcara, otro en Abra Pampa, y un cuarto intentó fallidamente hacerlo. La Laura psicóloga expresa: "Ayer en el bachillerato suspendí la clase para discutir este tema. Creo que todos tenemos que juntarnos y empezar a hablar y decir cosas a los alumnos".

Con un mercado laboral restringido, las alternativas para los jóvenes de la Quebrada son bastante acotadas. "Muchos chicos que egresan del bachillerato se ponen a estudiar hotelería -cuenta- porque la veta ahora es el turismo. Ojalá que no sean simples camareros y camareras".

El año pasado, la Quebrada de Humahuaca fue declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad. Desde la perspectiva de Laura esto trajo algunas ventajas, pero más que nada desventajas: "Como hay mucho turismo hay que vender la cultura: las coplas, el culto a la Pachamama. Quizás esto tenga su lado positivo, porque de alguna manera implica volver a mirar lo propio. Pero lo negativo es que no hay devolución de las tierras a los dueños originarios. Se están vendiendo tierras por monedas a los grandes capitales para que pongan sus hoteles. Es cierto que hay más fuentes de trabajo y más desahogo económico, pero es desarrollo para muy pocos y no existe un desarrollo genuino para nuestra gente".

Laura encarna bien ese enunciado de la pedagogía crítica, que plantea conjugar el lenguaje de la crítica con el de la posibilidad: "En estos momentos mis esperanzas están cifradas en el IFD. Estamos procurando formar docentes con otras miradas, que puedan posicionarse ideológicamente de manera diferente.Yo creo que lo fundamental en todo esto es que uno marque caminos mostrando que la docencia es compromiso.Y recuperar el compromiso con la tarea, con los chicos, con las chicas y con los jóvenes, pasa también un poco por quererlos. Si uno los quiere va a poder relacionarse mejor con ellos".

Ese mismo cariño irradian sus palabras al expresar: "Yo me maravillo de las cosas que hacen, cómo están tan enganchados. Ojalá puedan ser profesores diferentes. Para mí es una alegría dar clase. Cuando un docente tiene alegría al dar clase es porque ha podido compenetrarse con su tarea, está feliz con lo que hace. El docente que va enojado a dar clase no ha podido identificarse con su tarea. Yo, a veces llego muy cansada y entro al aula, y disfruto y me río y juego con los chicos".

Una vez más, intimidada por una pregunta, ella confiesa algunos de sus miedos: "A veces me preocupa aflojar. La escuela primaria tuvo un momento de gloria, pero siento que se ha estancado un poco, que hay que volver a retomar los proyectos. Mi miedo es no poder dar continuidad a la tarea. Todos los años me planteo irme de la escuela, pero después siempre me quedo. Es que vivo acá, esta es mi gente y es muy duro dejarla".

Laura deja para el cierre de la conversación, como hacen los grandes oradores, palabras que dan aire y estimulan: "Yo creo que la labor no es individual sino colectiva. Si no hubiésemos estado en un equipo donde poder debatir y polemizar, no habríamos hecho cosas. A veces aparecen conflictos que te paralizan, pero hay que tratar de salir adelante. Creo que lo fundamental es comprender que la tarea no es a solas. Cuando nos planteamos metas muy individuales, empezamos a perder. Nosotros hacemos muchas cosas que a veces se salen del currículum, pero lo hacemos conscientes de que somos un equipo y que podemos defender y mantener nuestras posturas. Solo podremos enfrentarnos con lo instituido si estamos con otro al lado".

Ana Laura Abramowski
   
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