Una nube llena de historias

El correntino Pablo Medina es el fundador de La Nube, un espacio dedicado a los chicos y a la investigación docente, con más de 60 mil títulos, colecciones de títeres, juguetes y discos. Este maestro habla aquí de su experiencia con los tobas en el Chaco, de la tradición del relato oral y de por qué leer es también un hecho político.

La colección Biblioteca General Perón, donde aparecieron los primeros textos de ciencia para niños; la colección Sopena, de clásicos infantiles en pequeño formato; la revista Billiken y la Rayo Rojo; un diábolo de madera, las figuritas y los barriletes... Los recuerdos de infancia de Pablo Medina son ahora parte de La Nube, la biblioteca y centro de documentación que fundó cuando la última dictadura militar lo obligó a dejar su puesto de maestro y la militancia en el sindicato docente. En el inmenso galpón reciclado en Jorge Newbery al 3500, en el barrio porteño de Chacarita, hay 60 mil títulos ligados a la temática de la infancia y otro tanto en colecciones de títeres, discos y juguetes de madera, parecidos a los que él mismo aprendió a fabricar junto a su padre, ebanista silencioso y anarquista. "Creo que en la vida se va recogiendo todo y en algún momento se van tocando y uniendo los paisajes", dice Medina.

Pablo Medina nació en la provincia de Corrientes hace 67 años, y se recibió de maestro en la Escuela Normal José Manuel de Estrada. "Empecé y terminé en pleno peronismo", dice para sintetizar su formación. Su primer trabajo fue en una escuela rural en el Chaco -entre las localidades de Charata y Villa Ángela-, donde vivía con otros maestros, llegados de distintas zonas del país.

En esa lejanía descubrió el uso natural y poderoso de un recurso que, tiempo después, se instituyó como técnica pedagógica: la narración oral. "En el lugar había muchos maestros que contaban cuentos, porque esas historias eran parte de la tradición cultural. Los cuentacuentos no son una novedad, no es cierto. Éste es un país de habladores, de grandes conservadores de la tradición oral".

Luego de seis meses, Medina cobró su primer sueldo. Entonces compró por carta, a la librería El Ateneo en Buenos Aires, una serie de libros de filosofía y de ética, en la línea -recuerda- de Las fuerzas morales, de José Ingenieros, que había leído cuando tenía 12 años. "Con mi hermano lo sabíamos de memoria, y nos desafiábamos el uno al otro, repitiendo las frases del libro como si fueran consignas de combate", recuerda.

Todos los títulos están clasificados según las secciones: "Argentina", "América Latina" y "Universal". Arriba, a la derecha, en el área Mitos y Leyendas está la colección Petaquita, de editorial Peuser, la primera serie para chicos dedicada a la tradición popular.Y también los diez tomos de Cuentos y Leyendas Populares de la Argentina, de Humberta Vidal de Battini, de Editorial del Estado.

En el Chaco, Medina también enseñó en una escuela de Pampa Páez que era zona de influencia del mítico y sabio cacique toba Catán, a quien el maestro fue a visitar, preocupado porque los hijos e hijas de esa comunidad no iban a la escuela. Para llegar, los chicos y chicas tenían que caminar siete u ocho kilómetros, y en el colegio debían darles algo de comer ya que después se volvían otra vez a pie. Y en tiempos de cosecha dejaban de estudiar porque tenían que trabajar junto a sus padres.

"La primera forma de comunicación que tuve con los chicos y las chicas tobas fue el juego, después el dibujo y los cuentos, sobre todo los de animales, porque eran parte de su universo cotidiano. Por eso lo que hacía era aggiornar la currícula. Es lo que después descubro en Paulo Freire, cuando habla de la temática vivencial y generadora. Para mí fue muy importante haberme encontrado con toda la pedagogía de posguerra para lograr otra manera de llegar a los alumnos y alumnas".

 

Entre todos, entonces, crearon el Museo de la Naturaleza. "Los chicos tenían que buscar restos de fósiles, plumas, hojas, y aprendíamos a partir de esas cosas. Fue interesante porque la naturaleza constituía el saber de estos niños que no tenían radio ni se acercaban a un diario. Ellos conocían mucho de vegetales, de tipos de plantas, de sus usos, de cómo y desde dónde soplaba el viento y qué significaba eso.Toda esta experiencia resultó decisiva en mi vida, me ayudó a mirar de otro modo".

En Resistencia, Medina conoció a Marta Salotti, heredera de las ideas de Rosario Vera Peñaloza, amiga personal de Gabriela Mistral e impulsora del desarrollo de la literatura infantil en la Argentina. Maestra, investigadora y autora de cuentos para niños, libros de lectura y textos pedagógicos, fue la fundadora de los institutos Summa y Bernasconi, y allí Medina entró a trabajar en los años 60, cuando se instaló en Buenos Aires. "Era una escuela modelo donde se experimentaba y se capacitaba, y en torno a la cual se desarrolló el movimiento de la literatura infantil en el país. Me acuerdo de que por entonces se discutía, entre otras cosas, si la corrección se debía hacer en presencia o en ausencia de los chicos, porque lo que en el fondo subyacía era la idea de quién corregía a quién. Se empezó a ensayar la idea de una corrección compartida, donde todos escucharan a todos".

En el sector de arte escénico está la producción de Alfredo Bagallo, un maestro de escuela que escribió los primeros libros sobre técnicas para el control de muñecos y también varias obras de títeres. Abajo, cerca de los libros sobre infancia y derechos humanos, se exhibe la maqueta de La Berlina, el carromato que usaba el titiritero Javier Villafañe en La Plata.Y también hay un apartado sobre la historia del juguete, que incluye el pesado volumen de Le bambole, de Carl Fox, la más importante historia de la muñeca escrita hasta hoy, un libro difícil de hallar en cualquier mercado por menos de 1.500 dólares.

Probablemente haya sido en aquella atmósfera donde se delineó el perfil de este maestro tozudo y persistente, dedicado a investigar esa cultura que crece en paralelo a la oficial: el universo no escolarizado de lo cotidiano y placentero.

Medina es autor de un libro que cuenta la visita del poeta español Federico García Lorca a Buenos Aires, y de una biografía sobre Villafañe, "un viejo zorro", al que conoció en una función de títeres a la que asistió con sus alumnos. En estos momentos, tiene en preparación un diccionario de títeres -proyecto internacional del que le encargaron el apartado de América latina-, una historia de las calesitas y otra sobre el payaso Frank Brown.



El maestro dio clases hasta el 76, cuando empezó a ser perseguido por los militares por su participación gremial. Retomó la actividad con el regreso de la democracia, en la vieja escuela de Capacitación Docente de la Ciudad de Buenos Aires, donde dictaba un curso de historia de la literatura infantil y otro de promoción de la lectura. O sea: un maestro que contaba su experiencia a otros maestros.

Medina admite que el modelo sarmientino es pasible de muchas críticas, pero rescata su apuesta por la introducción de la lectura en el país y la creación de las bibliotecas populares.Y lo asegura él, que todavía no le puede perdonar a Sarmiento que haya dicho "de Corrientes, no quiero ni el polvo en los zapatos".

En la planta baja está el sector de literatura infantil universal: 800 versiones de Pinocho, más de 300 de Alicia en el País de las Maravillas y otro tanto de Las mil y una noches.

Expulsado del sistema educativo formal, Medina puso los pies sobre la tierra y se lanzó a volar. Fundó La Nube, la primera librería del país especializada en literatura infantil, un proyecto que fracasó económicamente pero fue el germen de la colección de 60 mil volúmenes que ahora están en el galpón reciclado de Chacarita, el tercero de los tres domicilios que tuvo el centro de documentación.

La Nube ocupa la primera parte del Museo "Chicos, arte, ciencia, juego", que tendrá también espacios de ciencia, de espectáculos y un taller de encuadernación. En los anaqueles de ese predio de 2.700 metros cuadrados, luminoso y amplio, hay una copia de Cuentos, considerado el primer libro de literatura infantil argentino. Fue escrito por Eduarda Mansilla, la hermana de Lucio V. Mansilla. Y también están los textos de Ada María Elflein, la primera autora abocada en forma sistemática a la redacción de títulos para chicos.

La lectura -cree Medina- es una búsqueda que necesita la complicidad de algún adulto; primero en la familia, luego en la escuela. Allí, a su entender, se transmite este aprendizaje,más como una mera técnica que como elaboración profunda.

Según él, el camino tiene dos grandes momentos: el primero es arduo e, incluso, doloroso porque es un momento solitario, que requiere de concentración y disciplinamiento. Luego sí, viene la lectura placentera y compartida, de goce estético, de comunicación con el otro y con el afuera. La lectura también es, para Medina, militancia política: "Son pasos para poder leer la realidad, la calle, el mundo, para hacer memoria, y eso es político".

La lectura no es un tic momentáneo sino un ritual al que Medina le dio albergue en una nube, convencido de que "el proceso más importante que debe hacerse es del corazón a la cabeza, y de la cabeza al corazón".

Judith Gociol

La Nube: Jorge Newbery 3537, Ciudad de Buenos Aires;
tel: (011) 4552-4080; lanube@asociacion-lanube.com.ar

   
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