Biblioteca Escuela Ecológica en Campana
En defensa del medio ambiente

La Biblioteca Ecológica de la Escuela Nº 18 de la localidad de Campana, Provincia de Buenos Aires, trasciende su función tradicional como auxiliar de las tareas escolares y participa en las problemáticas de la sociedad a la que pertenece. En este caso, la lucha contra la precaria calidad medioambiental de la zona, amenazada por la contaminación industrial.

Judith Gociol
jgociol@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki

Si en la década del setenta, cuando el barrio se formó, su nombre podía interpretarse como una expresión de deseos, treinta años después resulta una dolorosa ironía. En la localidad de Campana -Provincia de Buenos Aires-, a la altura del kilómetro 70 de la Ruta Panamericana, hay una zona llamada Las Praderas: cerca de setenta manzanas, bordeadas por plantaciones de soja, donde hay por lo menos tres hornos de ladrillo a cielo abierto, seis cavas devenidas basurales y una empresa tratadora de residuos que -según denuncia una causa tramitada en la Justicia- contamina las napas y produce a los vecinos enfermedades respiratorias, gastrointestinales y de piel. En este contexto nació el proyecto de la Biblioteca Escolar Ecológica de la Escuela Nº 18, cuyo sentido es ampliar la función tradicional de la biblioteca como auxiliar en las tareas del aula para tomar posición frente a la realidad en la que está inmersa.



Les queremos pedir, por favor, que el camión recolector pase por todo el barrio para que la basura que no levantan no siga contaminando el medio ambiente, quitándonos así el derecho a un ambiente sano. Antes de terminar esta carta queremos decirles que el camión recolector recorre 25 cuadras de un barrio que tiene 264. Muchas gracias, esperamos que la reciban, la lean y que entiendan lo que pasa.

Así escribieron los chicos de 2º grado en una nota dirigida al gerente de la empresa que recoge los desechos.

Como parte de las actividades promovidas desde la Biblioteca, esos mismos alumnos colocaron carteles que instaban a no tirar basura en cada uno de los huecos repletos de desperdicios domésticos, incrementados por los camiones que permanentemente arrojan residuos de manera clandestina.

El proyecto de la Biblioteca Ecológica comenzó a desarrollarse en paralelo a los cortes de ruta contra la pastera en Gualeguaychú y retomó las premisas de la "ecosofía" del psicoanalista y pensador francés Félix Guattari, integrada por tres ecologías: una ecología de las relaciones sociales, otra de la relación con el ambiente, y "una ecología de la subjetividad que consistirá en desarrollar prácticas específicas que tiendan a modificar y a reinventar las formas de ser en todos los territorios existenciales constituidos".

Las Praderas se formó en tierras ocupadas de hecho al borde de la Panamericana, por familias que en su mayoría están -todavía hoy- por debajo de la línea de pobreza. El barrio fue reubicado por las autoridades lejos de la visibilidad de la ruta, por el callejón, como le dicen a ese kilómetro tierra adentro que ahora es atravesado por un remise: "Es una zona brava", comenta el chofer mientras se acerca a la única escuela pública que hay en por lo menos 20 kilómetros.

La población del barrio subsiste a través de planes sociales; los hombres se las rebuscan con changas, y las mujeres como empleadas domésticas en el country El bosque, que tienen enfrente y que marca un límite mucho más profundo que la Panamericana.

Seguridad

Marcel Bertolesi recorre a pie el callejón desde el 21 de septiembre de 2005, cuando esa escuela, en funcionamiento desde 1970, inauguró -al fin- un espacio para libros. Por entonces, los alumnos de 6º grado no sabían definir qué era una biblioteca ni para qué servía. Hoy han logrado, junto con el bibliotecario, realizar unas encuestas para relevar la situación medioambiental que atraviesan las familias de la zona.

"¿Qué es para ustedes la seguridad?", fue la pregunta que disparó la serie de consignas y dibujos realizados por los alumnos de 2º grado y que la escuela planea ahora editar. Tomaron como base un libro protagonizado por el personaje del perro Snoopy, que el bibliotecario había leído en su infancia, y reelaboraron sus planteos "con la idea de transformar la lógica paranoica de la seguridad personal, dándole un sentido medioambiental", al decir de Bertolesi.

Para los chicos de Las Praderas, seguridad es: "tener un semáforo en la esquina"; "un puente para cruzar el río"; "nadar en un río que no esté contaminado" y "que alguien defienda a los animales en peligro de extinción".

Según sostiene Bertolesi, la finalidad y el sentido de una biblioteca no deben pensarse a partir de una clasificación abstracta -si es escolar, si es pública- sino que deben responder a la situación concreta en la que se halla inserta. Una biblioteca puede promover la autoconfianza de la comunidad, brindarle elementos informativos y expresivos para que la gente pueda ir resolviendo su situación. No se trata de esperar a que el usuario, real o potencial, haga su demanda de información sino que la biblioteca salga a proporcionársela".

Cuando el barrio se formó, en el mundo la ecología empezaba a dejar de ser considerada una ciencia natural para entenderse como una disciplina social. En 1970 se constituyó el Consejo para la Educación Ambiental de las Naciones Unidas, el primer organismo internacional dedicado al tema.

"La educación en materia de medio ambiente y desarrollo debe ocuparse de la dinámica del medio físicobiológico y del medio socioeconómico y del desarrollo humano. Es necesario sensibilizar al público sobre los problemas del medio ambiente y el desarrollo, hacerlo participar en su solución y fomentar un sentido de responsabilidad personal respecto del medio ambiente y una mayor motivación y dedicación respecto del desarrollo sostenible", confirmaron los especialistas que -reunidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en Río de Janeiro, en 1992- definieron la agenda de urgencias políticas y sociales para el siglo XXI.



Históricamente, la educación ambiental atravesó diferentes etapas no excluyentes entre sí. En sus inicios, se abocó a salvar espacios y especies en peligro, luego comenzó a poner atención a los riesgos que la contaminación causaba ya no solo en los animales y las plantas sino en las personas; hasta entender que la información y el conocimiento de las cuestiones ecológicas es una condición necesaria pero no suficiente, y lo que se necesita implementar son estrategias interdisciplinarias, dado que los problemas ambientales son básicamente económicos, sociales y políticos. Sobre esta última premisa trabajan también en la Escuela Nº 18. Y no les resulta sencillo.

Al principio, los vecinos de Las Praderas se habían movilizado en defensa de su espacio, pero luego ese empuje fue desplazado por otras urgencias y por la efectiva disuasión de los punteros políticos que utilizaban los planes sociales como prenda de cambio. "Entre los vecinos hay conciencia del daño a sus vidas, pero no hay conciencia de la lucha que hay que dar para remediarlo", sintetiza Marta Querejeta, directora de la primaria. La encrucijada no es menor.

Pis de gato

Y el olor no nos deja respirar,/ no nos deja estudiar,/ni siquiera ir a jugar/Yo sé que hay un olor.

Así dice la letra de la canción que los chicos de 4º grado B escribieron y cantaron con ritmo de murga en la fiesta de fin de año escolar. Fue el resultado de un trabajo sobre la tradición del carnaval, que conectó el tono crítico característico de las experiencias murgueras con su propia cotidianidad.

En Las Praderas el aire huele a pis de gato. Es el hedor, intenso y persistente, que tomó el ambiente desde que se instaló "la química" -como le dicen en la zona- a la empresa Landnort, que tiene 52 hectáreas destinadas al tratamiento y disposición final de residuos industriales que recibe de toda la Provincia de Buenos Aires.

Juan Pablo Delgado González tiene 15 años y, parado cerca de uno de los estantes de la Biblioteca, cuenta que su papá trabajaba en Mantenimiento en la empresa y que, según lo que él veía, los desechos se echaban a la tierra sin tratamiento, datos que también confirman muchas de las denuncias realizadas.

Advertimos a las autoridades en respectivas reuniones, luego de estudiar los niveles topográficos de la zona, que el agua de lluvia que cae sobre los terrenos de Landnort y que arrastran sólidos contaminados o los disuelve, termina en la laguna de Otamendi -señalaron los vecinos- y que tarde o temprano generaría una catástrofe ecológica, siendo dicha reserva un santuario de la vida silvestre de la comunidad de Campana.

Los chicos de 3º grado B leyeron este artículo publicado en el diario local La auténtica defensa y también el cuento "Amalia, Amelia y Emilia" de Alfredo Gómez Cerdá, en el que tres brujas amigas, a las que les encanta pasear por el bosque, intentan detener la intención de la Junta Municipal de talar los árboles para construir chalets. Deciden disfrazarse de árboles y hacer frente a las máquinas cuando lleguen. Pero estas no aparecen porque empieza a llover. Las brujas, empapadas, se resfrían. Al recuperarse, encuentran a todos los habitantes de la ciudad disfrazados de árboles y entonces el intendente entiende que lo que iba a hacer no estaba bien.

A partir de estos relatos, los alumnos escribieron sus propias historias divididos en grupos. Rodrigo y Lucas relatan: "En nuestro cuento, al final no talan los árboles; la laguna se limpia y todo vuelve a ser como antes".

En la causa judicial iniciada en 2003, como pruebas de la contaminación, la escuela aportó certificados que traen frecuentemente los alumnos y donde los médicos hacen constar enfermedades respiratorias, dermatológicas y gastrointestinales. "En los papeles dice impétigo o escabiosis (que es una sarnilla) -explica la directora-. Es lo rutinario, los chicos se rascan y se acostumbran. En una oportunidad contamos que sobre treinta estudiantes de un quinto grado, diez estaban enfermos".

"Una vez el olor a pis de gato llegó a Zárate, que está a unos veinte kilómetros", confirma el remisero mientras pasa por uno de los costados del predio de la empresa. En cuanto el fotógrafo que viaja en el auto intenta tomar alguna imagen, unos hombres se acercan; uno le grita al otro: "Anotá el número de patente".



La materialidad de un sueño

Plantas como la de Landnort no pueden instalarse en zonas habitadas, por lo que -según parece- cuando la empresa presentó el proyecto, omitió señalar esas tierras en donde viven unas 2000 personas sin instalaciones adecuadas.

Al lado de la escuela hay un tanque que provee de agua a algunas manzanas, el resto la recibe en tachos -muchos de los cuales quedan al aire libre- cargados por un camión cisterna que recorre las calles. Los estudios que realizó la Municipalidad, con muestras de agua tomadas en la escuela, comenzaron a dar resultados cada vez peores a partir de 2004. Las conclusiones iban desde que el líquido contenía "el límite de nitratos aceptados para que el agua sea potable (aunque no apta para lactantes)" a superar esa barrera y, directamente, "No estar apta para el consumo humano", dado que los análisis bacteriológicos alertaban acerca de la presencia de materia fecal. Según denuncia la directora del colegio, cuando los reclamos se incrementaron, los resultados empezaron a mejorar, hasta que en 2006 dejaron de hacerse y desde entonces nadie sabe en qué condiciones está el agua que utilizan a diario.

La escuela no escapa a la precariedad material de la zona. Le falta -entre otras muchas cosas- un pedazo de alambre perimetral que fue robado, y por allí entran algunos caballos y pasean por el lugar donde están los cimientos "de un sueño", como coinciden en decir la directora y el bibliotecario.

Al principio, la Biblioteca funcionó en un aula, pero después ese lugar se necesitó para dar clases y unos mil volúmenes fueron mudados (en la escuela anhelan que sea en forma provisoria) a lo que en algún momento fueron los antebaños, donde están en la actualidad.

El sueño es que allí, donde alguna vez se iban a construir nuevos baños que nunca se hicieron, se monte un espacio idóneo para una biblioteca. Que los chicos salgan al recreo y allí nomás se topen con los libros. La idea es construirla con criterio de arquitectura ambiental, que contemple formas ecológicas de calefacción y tratamiento de los residuos, entre otras variables. Afortunadamente, en tanto, los sentidos de la Biblioteca Escolar Ecológica son mucho más sólidos que su materialidad.



   
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