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Formación científica: prioridad nacional
El 10 de diciembre del 2007 y el 1° de marzo de este
año, la doctora Cristina Fernández de Kirchner pronunció
dos importantes discursos en los cuales dedicó
una especial atención a la educación pública, a los docentes
y a las familias. Su mensaje estuvo destinado a señalar
la enorme relevancia que tiene la tarea de recuperar para la
Argentina una educación pública de buena calidad. Señaló,
además, que esa tarea nos compromete a todos. El proceso
de recuperación de la escuela pública comenzó hace cuatro
años y ahora nos toca continuarlo. Pero debemos asumir
que para continuar lo realizado en el período anterior, es
necesario cambiar. Disponemos de nuevas leyes de educación
que definen objetivos y rumbos a seguir, que aseguran
un financiamiento digno para nuestro trabajo y que establecen
mecanismos de participación destinados a dar
pertinencia y legitimidad a las decisiones políticas. En este
contexto, la continuidad exige que nuestras acciones se dirijan
a lograr mejores resultados de aprendizaje en nuestros
alumnos, alumnas y estudiantes; particularmente en
aquellos que provienen de familias más pobres.
No estamos conformes con los resultados actuales. No
podemos aceptar que nuestros alumnos ocupen los últimos
lugares en mediciones internacionales. No podemos
resignarnos a que la mitad de nuestros jóvenes terminen
la escuela secundaria con bajos desempeños en Lengua,
Matemática y Ciencias. Los educadores sabemos que los resultados
son el producto de numerosas variables y que la
principal de ellas es la condición socioeconómica de las familias.
Sin embargo, también sabemos que es posible romper
el círculo perverso que se establece entre el hecho de
nacer en el seno de una familia pobre, asistir a una escuela
pobre, obtener bajos resultados escolares, acceder a empleos
precarios de bajos salarios y formar otra familia pobre.
La escuela -en especial la escuela pública- puede y debe
romper ese círculo. Para eso debemos trabajar juntos, asumiendo
todos nuestra cuota de responsabilidad por los resultados.
En este contexto, los aprendizajes en Matemática y
Ciencias ocupan un lugar de enorme importancia. La enseñanza
de las ciencias debe estar en el centro de las estrategias
de mejoramiento de la calidad de la educación para todos
y todas, porque un buen manejo del código científico es
condición necesaria para un efectivo desempeño productivo
y ciudadano. Hoy no existe separación entre formación
científica y formación ciudadana. Tal como ya lo expresaron
algunos científicos destacados en el campo de las reformas
a la enseñanza de las ciencias, un ciudadano del siglo
XXI debe estar equipado con una visión científica que
le permita no solo adaptarse a los cambios extraordinarios
y vertiginosos que estamos viviendo, sino participar en las
decisiones que deberá tomar la sociedad para definir el ritmo
y las finalidades de los cambios.
Enseñar Matemática y Ciencias con este enfoque exige invertir
en equipamiento informático, laboratorios, manuales,
tiempo y, sobre todo, en una formación docente adecuada
a este desafío tan complejo. Ya se han desarrollado
iniciativas en todas estas direcciones, que deben ser intensificadas
y profundizadas. En ese marco, quisiera convocar a
todos para asumir la tarea de mejorar los resultados en estas
áreas tan importantes del conocimiento. Necesitamos que
las científicas y los científicos se involucren en la enseñanza
de las ciencias, tanto en la escuela primaria y secundaria
como en la divulgación científica para jóvenes y adultos que
ya dejaron la escuela. Necesitamos que los medios masivos
de comunicación, en particular la TV, difundan valores y pautas
culturales orientadas a despertar pasión por el conocimiento.
Necesitamos que los investigadores de la educación
nos otorguen herramientas que permitan comprender
y trabajar exitosamente en el contexto cultural donde nos
movemos. Necesitamos que las familias ayuden a los maestros
y profesores en su tarea. Y, por encima de todo, quisiera
hacer un llamado a nuestros maestros y maestras, profesores
y profesoras, para que aprovechen esta nueva
oportunidad que tenemos, a fin de convertir nuestra tarea
en una parte fundamental de la construcción de una sociedad
justa. Este llamado puede parecer puramente retórico,
uno más de los miles que hemos escuchado a lo largo
de nuestra historia profesional. Quisiera que no fuera tomado
de esa manera y que tuviéramos en cuenta que, cuando
uno de nuestros alumnos fracasa en los aprendizajes básicos,
muy probablemente lo estemos condenando a la
pobreza y a la exclusión social. A la inversa, cuando logramos
aprendizajes exitosos, estamos construyendo un sujeto, una
persona con capacidad de definir su vida, protagonista de su
destino y del destino colectivo de la sociedad.
Juan Carlos Tedesco
Ministro de Educación de la Nación
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