Aventuras y pesares de un tal Figueroa
Juan Marcelo Sosa


Esta es la historia de un tal Figueroa, uno de los tantos hombres de la tierra que con sus mentadas mentiras y embustes pasó a la posteridad como esos personajes de novela que luchan contra el tiempo para no desaparecer de la memoria de las nuevas generaciones y cuyas aventuras sirvieron más de una vez para matar la monotonía de las siestas calurosas o para amenizar las ruedas de mates o las sobremesas frugales en los departamentos General Belgrano y Chamical.

José Figueroa oriundo de Chañar -otros aseguran que nació en Olta- era cliente del almacén de ramos generales que tenía don Jovino Wamba aquí en Chamical. Como dije anteriormente Figueroa gozó de una fama de embustero nato pero del tipo jocoso, pícaro y a veces ingenuo que amenizaba las juntadas en los boliches de antaño entre vasos de grapa y caña o en cuanto encuentro social narrando historias en las cuales él siempre era el protagonista de los sucesos inverosímiles en los que se veía envuelto. En esta ocasión nos ocuparemos de tres de ellos sin intención de desestimar a los muchos que sobreviven aún en la zona rural y sobre todo en las mentes añosas de esta región.

Suceso I

La desgracia se abatió sobre Figueroa en la provincia de Entre Ríos cuando en una riña mató a un hombre. La policía luego de las averiguaciones correspondientes inició la persecución de Figueroa quien asustado huyó al campo. En el fragor de la persecución se le prendió el foco y en su afán de interferir en la comunicación entre sus captores cortó los cables del telégrafo presenciando con atónita sorpresa cómo caían de los cables rotos, una detrás de la otra, grandes letras negras que formaban la frase: DETENGAN A JOSÉ FIGUEROA. Esto no sirvió de mucho porque estaban a punto de atraparlo cuando se topó con una vaca muerta. No le quedó otra que meterse adentro del animal que yacía inerte desde hacía varios días y ya había sido devorado en parte por las aves de rapiña. La policía pasó sin percatarse del escondite del fugitivo y Figueroa, cansado, pasó la noche al abrigo del vacuno muerto. A la mañana siguiente vio que muchos jotes rodeaban al cadáver. Entonces el foco nuevamente se prendió ocurriéndosele una idea brillante: cada jote que se le acercaba fue pillado de sus patas y atado con pedazos de su camisa y pantalón. Cuando tuvo una treintena de estas aves pegó un alarido que retumbó por toda la pampa húmeda y los jotes, asustados, remontaron en alocado vuelo llevando consigo a la vaca muerta con Figueroa adentro. De esta manera viajó hasta sus pagos en Chañar salvándose así de la policía y de la cárcel.

Obras Maestras - Il.: Alberto Pez

Suceso II

Figueroa no tardó en volver a sus aventuras cotidianas cuando un día salió a cazar quirquinchos y llevó a una perra cusquita para que le ayudara en esta tarea. Andando en el monte se les cruzó un quirquincho ancho, enorme y gordo como una bocha de mortadela. Figueroa vio cuando el quirco entró en una cueva y la perra para no ser menos y demostrar que era una aguerrida cazadora se metió también. Al cabo de unas horas Figueroa seguía esperando a su perra pero ésta no salía de la cueva por lo que pensó que había muerto asfixiada y regresó a su casa. Al cabo de unos meses, se encontraba Figueroa en el patio de su casa tomando mate con su mujer cuando de repente observó que la tierra se abría frente a sus narices.

Con gran sorpresa contempló cómo un quirquincho ancho, enorme y gordo como una bocha de mortadela se asomaba por entre los terrones de tierra para irse a perder rápidamente en los corrales. Pero más sorpresa le dio ver a su perra cusca que minutos después salía del agujero con los ojos desorbitados como poseída por algún demonio y rompía nuevamente en mortal persecución del quirquincho.

Suceso III

Mal final tuvo esta perra de la cual se desconoce el nombre cuando una noche de cacería, a Figueroa se le cayó el farol sobre su lomo bañándola con kerosene. El infortunio quiso que les cruzara una vizcacha y la perra, cazadora nata, salió en su persecución. La vizcacha rumbeó hacia la ruta nacional 38 y en el medio del asfalto le hizo una gambeta a la perra que pasó diciendo adiós varios metros como yéndose a Córdoba. La choquita, para frenar clavó las uñas. Cómo habrá sido la velocidad que llevaba que hizo saltar chispas en la cinta asfáltica y como estaba impregnada de combustible se prendió fuego muriendo incinerada igual que Hércules, Juana de Arco y tantos héroes más.

Ilustración: Alberto Pez

Juan Marcelo Sosa tiene 30 años, y es profesor de Lengua, Literatura e Historia en la Escuela de Comercio General Belgrano de Chamical, Provincia de La Rioja. Para contactarlo: juanelprofe86@hotmail.com


Obras Maestras - Il.: Daniela Kantor

Tankas
Matías Ezequiel Quiroga


Tenue en la oscuridad
todo el parque es luna,
luna de arena.
Más precioso fue aquel roce
de tu boca en mi boca.

Bajo la luna,
el hombre de papel y sombra
miró esos ojos tímidos.
No sabe que al alba, su alma...
ha musitado tu nombre.

Sólo existe un lugar
en donde el pasado y el presente
se entrecruzan.
Ese lugar es el futuro
donde nuestras esperanzas
se buscan.

Ilustración: Daniela Kantor


Matías Ezequiel Quiroga vive en San Salvador de Jujuy, es profesor de Letras y se desempeña en la Universidad Nacional de Jujuy. Para contactarlo: faby1343@hotmail.com
   
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