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Balances y balanzas
por Rudy
La señorita Silvia se dirigió
raudamente al aula de sus
placeres y sus pesares. Sin la
menor duda ni vacilación alguna, decidió
enfrentar la coyuntura cotidiana.
Creyó estar a la altura de las circunstancias,
y además sus
circunstancias no eran tan altas: eran
alumnos de primaria, chicos,mayoritariamente
más bajos que ella. O sea
que el problema no era la altura, sino
el tenor, o el temor de las circunstancias.
Y si los chicos interrumpían su postura
actitudinal con aberraciones conceptuales,
ya encontraría ella el elemento
procedimental adecuado para
esta, o bien para otra ocasión.
Ya en clase, los acontecimientos se
concatenaron, como suele ocurrir.
-Chicos, hoy vamos a hablar de las
cosas que tiene la escuela, y las cosas
que faltan.
-¡Yo falto! -dijo Ariel-. ¡Yo falto! A mí
me gusta mucho faltar. ¡dele, seño,
póngame a mí en las "cosas que faltan"!
-¡Sos un animal! -saltó Joaquín-.
¡Vos no sos una cosa, sos una persona!
-¿En que quedamos? -preguntó la
dulce Julieta- ¿Es un animal, una cosa,
o una persona?
-¡Ustedes discutan qué es lo que
soy, mientras ¡yo me voy a mi casa a
faltar a la escuela! -siguió Ariel.
-No, Ariel! -esa fue Agustina- ¡te van
a meter preso por "desertor escolar"!
-Pero no, Agus. ¿qué "desertor"?! ¡Él
se va a su casa, no al desierto!
-Chicos. ¿saben que, por ley, ustedes
tienen por lo menos 180 días de
clase por año?
-No está mal, seño. ¿Y hay otra ley
que nos asegure por lo menos 180 días
de vacaciones, por año?
-No.
-¿Ven?. la ley nunca es completa,
no es igualitaria. les da privilegios a
los que quieren clases sobre los que
queremos vacaciones, tendría que ser
"quitativa", quitarles días a las clases
y dárselos a las vacaciones.
-No se dice "quitativa" se dice
"equistativa".
-¿Con equis?
-Sí, excitativa.
-Ah, eso es por la ley de educación
sexual.
-Sí, yo quiero ser un maleducado sexual.
-No digas eso, Santiago, que está
bueno conocer nuestros derechos y
nuestras responsabilidades.
-No, lo que está bueno es conocer a
la profe de educación sexual, si es que
está buena.
-¡Eso es discriminatorio! ¡No hace
falta ser linda para enseñar educación
sexual!
-Tiene razón, ¡pero para enseñar matemáticas,
sí! Es la única manera de
que le prestemos atención!
-Yo lo que creo es que a la escuela le
faltan cien baños.
-¿¡Cien?! ¿¡Para qué tantos!?
-No lo sé, pero yo creo eso; si cada
alumno tiene un pupitre, no veo por
qué no va a tener un baño propio.
¡es más higiénico compartir el pupitre
que compartir el baño!
-Yo estoy de acuerdo. ¡y quiero que
además, todos leamos la novela Cien
baños de soledad!
-¡Cien "años", cien "años"!
-¡En serio, hacen falta cien años para
conseguir estas cosas. ¡qué burrocracia,
qué burrocracia!
-Se dice "aburrocracia", porque es
aburrida.
La señorita Silvia se quedó callada.
Se dio cuenta de que todos, incluso
ella, tenían mucho que aprender.
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