Instituto de Nivel Terciario Nº 6029, en Salta
Diálogo entre culturas

En Tartagal, a 55 kilómetros de la frontera con Bolivia, funciona el Instituto de Nivel Terciario Nº 6029. La institución formadora de docentes empezó hace diez años a abrir carreras de tecnicatura. Desde entonces, cada año ofrece, al menos, un profesorado y una tecnicatura. Muchos de los egresados pertenecen a los pueblos originarios de la zona, y encontraron en el Instituto un espacio de integración social y cultural.

Ana Abramowski
aabramowski@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki

Él siempre llega, aunque sea caminando", dice Beatriz Díaz, rectora del Instituto de Nivel Terciario Nº 6029. Se refiere a Javier Soria, estudiante de cuarto año del profesorado en Ciencias Políticas. Es que, para asistir a clase, Javier debe recorrer todos los días los 18 kilómetros que separan Tartagal de Yacuy, el paraje donde nació, creció y hoy vive con su familia. A menudo, los cortes de la Ruta Nacional Nº 34 lo obligan a bajar del colectivo y finalizar a pie su viaje hacia el Instituto.

Tartagal es una ciudad de 70.000 habitantes ubicada en el noroeste de la provincia de Salta, a 55 kilómetros de la frontera con Bolivia: "Nació bajo las alas del Estado, con la fuerte presencia de YPF. Con el proceso de privatización se empezó a generar muchísima fragilidad, pobreza, desamparo. Hasta que la gente comenzó a reaccionar. El corte de ruta de 1997 marcó un hito porque fue un reclamo colectivo, no solo de los ex empleados de YPF, sino de todos los ciudadanos; fue una especie de pueblada. Y ahí surgió esta figura del piquetero, que lideraba las protestas. Este tipo de reclamos se han ido corriendo del lugar original y en este momento causan preocupación y malestar en muchos sectores de la comunidad. Ya no son protestas tan masivas sino más particulares, algún pedido de fuentes de trabajo o de tierras". Beatriz describe así el conflicto que hizo que Tartagal ocupara, más de una vez, la tapa de muchos diarios de tirada nacional. Y reconoce que esa efervescencia social repercute en el establecimiento que conduce desde 2005, pero donde trabaja desde 1980: "Yo siento que la institución tiene muchísima vida y movimiento. Muchas veces me detengo a mirarla, a pensarla y creo que no podríamos estar sin hacer, sin pensar, sin generar cosas, porque no seríamos parte de este lugar. Siempre hay mucha polenta, mucha fuerza", señala con un tímido orgullo.



Un Instituto en movimiento

El Instituto se creó en 1979, como un anexo instalado en la Escuela de Comercio "Alejandro Aguado". Nació para dar respuestas a las demandas de formación superior de la zona, e inauguró como primera carrera el profesorado de Jardín de Infantes. Recién en 1983 logró autonomía y se mudó de edificio. Sin perder su identidad como institución formadora de docentes, en 1997 empezó a abrir carreras de tecnicatura. Desde entonces, todos los años ofrece, al menos, un profesorado y una tecnicatura.

En el ciclo lectivo 2007 se cursan cuatro carreras: el profesorado de Economía, el Profesorado de Ciencias Políticas (ambos para EGB 3 y Polimodal), la tecnicatura en Administración Pública -orientada al desarrollo local- y la tecnicatura en Gestión de las Organizaciones, con orientación en pymes.

"Hay muchas propuestas generadas por las cátedras o por iniciativa de los estudiantes, que exceden al espacio del aula, y eso le da bastante vida a la institución. Así se van gestando cosas interesantes, que no se limitan al hacer por hacer, sino que surgen de profundos procesos de reflexión, de pensarnos con mucha responsabilidad. Creo que también tenemos muchas limitaciones, muchos temas para resolver, mucho trayecto para andar", reconoce Díaz. Dentro de las iniciativas se encuentran las Jornadas de Derecho Constitucional, las Jornadas de Derechos Humanos y las Jornadas Regionales de Formación Docente, que ya van por su tercera edición (ver recuadro): "Para acceder a una propuesta de formación, siempre había que salir de Tartagal. Las Jornadas son una alternativa. Además, queríamos ofrecer un espacio para poder encontrarnos, contarnos cómo estamos trabajando y generar cosas nuevas", explica la rectora.

Díaz está muy contenta con el nivel de compromiso del plantel docente: "A pesar de que en los terciarios no hay una estructura de cargos que fortalezca las instituciones y que tienda a la conformación de equipos de trabajo, acá se ha generado un movimiento que nos permitió corrernos del lugar de la demanda y la queja. Hay mucha necesidad de buscar otras formas de pensar la formación -agrega- y me parece que esa es una lógica que tiene atrapados a los chicos".

Un espacio que espera y escucha

De los 320 alumnos que concurren al establecimiento, la mayoría vive en Tartagal. Unos pocos residen en localidades aledañas como General Mosconi. Javier y ocho jóvenes más viajan todos los días desde Yacuy, una comunidad guaraní de 1.800 habitantes.

Durante muchos años, el Instituto de Nivel Terciario dictó el profesorado para la Enseñanza Primaria con Orientación Regional. "La mayoría de los egresados pertenecientes a los pueblos originarios son chicos y chicas que han estudiado esa carrera -explica Díaz-. Esta propuesta los atraía, pues al finalizar tenían posibilidades de insertarse en sus propias comunidades. Creo que nuestros alumnos de pueblos originarios empezaron a buscar un espacio y lo encontraron en el Instituto. Un espacio que los espere, que los escuche, porque tenemos tiempos y lógicas muy diferentes de mirar la realidad. Me parece que se les brindan oportunidades y se reconocen las diferencias, no para decir: 'Ustedes son así y nosotros somos de otro modo', sino para incluirlas. Dentro de nuestras líneas de trabajo estamos priorizando el pensar con ellos; esa es una cuestión que me parece que estaba corrida. Nosotros pensábamos sobre ellos, pero no con ellos. Y se están empezando a generar propuestas y situaciones de aprendizaje colectivas que nos sorprenden gratamente".

Con relación al manejo diferencial de los tiempos, la rectora describe un caso: "El otro día un chico, Lisandro, volvió al Instituto a preguntar si podía terminar su carrera. Le dije que sí, y me contestó: 'Pero, profesora, hace un año y medio que me he ido'. Sin embargo, él tiene posibilidades, el sistema no lo expulsa. En nuestras carreras, cada materia mantiene dos años la regularidad y, excepto la práctica, se puede rendir como libre. Además, cada carrera tiene vigencia durante tres años, se la puede ir completando, y creo que esto les abre otras posibilidades, genera otras condiciones".



Javier, un luchador

Javier Soria está finalizando el profesorado en Ciencias Políticas, y ya es técnico en Producción Agropecuaria:
"Cuando empecé la tecnicatura estaba trabajando como preventista, vendiendo gaseosas en Tartagal. Voy a estudiar, dije, para algo me va a servir. No para entrar en alguna empresa sino para crear mi propio trabajo en el campo, en donde vivo. No se dio así. Nunca pensé que me iba a dedicar a la docencia, pero me gusta este trabajo".

Cuando Javier estaba en primer año, se produjo un cargo vacante en la Escuela Agrotécnica Nº 5130 de Yacuy, y el director se acercó al Instituto a buscar estudiantes avanzados: "Presenté mis papeles y entré a trabajar en 2001. Soy docente del área productiva, tengo desde 7º hasta 2º del Polimodal. Ahora que estoy del otro lado -advierte Soria-, trato de enseñar bien a los chicos, de la manera que a mí no me enseñaron, trato de cambiar eso".

Javier querría que cambiaran muchas otras cosas: "En la escuela primaria hay maestros bilingües que traducen, pero me gustaría que enseñaran. No están dentro del aula, frente al alumnado; están en la cocina, buscando leña, hacen trabajos de maestranza, y me parece injusto. Sería bueno que tuvieran su espacio, su propia planificación, que cumplieran el rol de maestros, que enseñaran en su propia lengua, porque tal vez tienen mucho para dar".

Durante la charla, recuerda algunas escenas escolares de su infancia y las dificultades que afrontaba: "En la primaria, con mis compañeros hablábamos en guaraní. Cuando la maestra hablaba yo le entendía; pero algunas palabras, no. Por ejemplo, explicaba oraciones, qué era un sustantivo, un adjetivo. Algunas de esas palabras eran algo raro, nuevo, y tenía que ir al diccionario y buscarlas. De esa manera, con el diccionario en la mano, aprendí muchísimo".

En su comunidad, el aprendizaje del castellano se produce a partir del contacto con los criollos: "Mi papá trabajaba en Tartagal -cuenta Javier- y a veces venía con algún amigo y yo los escuchaba hablar. Fui aprendiendo paralelamente guaraní y castellano".

Soria, de 28 años, tiene un hijo de tres años y medio. "Trato de que hable guaraní, que lo tenga siempre presente. También puede atravesarse con otra cultura, pero que no se olvide de las cosas". La apertura y el crecimiento que Javier pretende para su hijo se traducen en actitudes y prácticas que él mismo pone en juego cotidianamente: "Me gusta aprender, defiendo lo mío, pero trato de incorporar cosas nuevas y de cambiar algunas cosas que no me gustan o que por ahí habría que afianzar más. Para mí no es un choque sino algo que tiene que atravesarse y relacionarse".

"Yo soy luchador porque a mi padre lo vi luchar. Trabajó, estudió y me sentí contagiado por toda esa dinámica que él tenía", comenta Javier, y agrega que su papá fue delegado panamericano del derecho de los indígenas de América del Sur. Dentro de las peleas emprendidas en Yacuy, se destaca la iniciada en 1972 por los títulos de tierras. En 1983, y luego en 1997, obtuvieron los títulos de 3.600 hectáreas. Pero Javier también se siente involucrado con el reclamo territorial de otras comunidades de pueblos originarios; en particular, con el problema de la venta a extranjeros y multinacionales de lotes pertenecientes a tobas y wichis.

Se reconoce como un "luchador intelectual" dentro de su comunidad: "Estudiar ciencias políticas me ayuda muchísimo, me abrió la mente, tengo una visión más amplia de lo social y de lo natural (por la tecnicatura en Producción Agropecuaria), la sociología, los procesos históricos, los cambios, las transformaciones. Lo puedo explicar, lo veo, lo imagino, y lo puedo transmitir".

Jornadas de Formación Docente
Las "Terceras Jornadas Regionales de Formación Docente: Experiencias, subjetividades, políticas y pedagogías de la formación en contextos multiculturales", realizadas en Tartagal el 23, 24 y 25 de agosto de 2007, además de tener invitados especiales y autoridades ministeriales, brindaron un espacio para la presentación de proyectos propios. Uno de ellos es YAYANGARECO I KAVI ÑANDERECO RE (Cuidamos nuestras raíces), en el que participa el Instituto de Nivel Terciario Nº 6029 junto con la Universidad Nacional de Salta. Alejandra Elías -profesora de Práctica Educativa 3 del profesorado en Ciencias Políticasorganizó con los estudiantes dos talleres en los que, a partir de la revisión de sus "biografías escolares", pudieron abrir un espacio para problematizar la identidad, la diferencia y el diálogo entre culturas.

"Si pretendemos modificar ciertas concepciones que tenemos institucionalizadas en nuestras prácticas, en nuestros modos de hacer, de hablar, de pensar, necesitamos empezar a trabajarlas desde nuestras propias biografías. Este espacio ha logrado eso y esperamos que siga siendo un eje de motivación para alumnas y alumnos que se están iniciando en la tarea de ser docentes. Es importante darles a entender que ellos pueden valorizar lo propio, así como buscar que esto suceda con los alumnos que ellos tendrán en el futuro", concluye Elías.

Soledad Soria, estudiante de tercer año del profesorado en Ciencias Políticas, relató su percepción de los talleres: "Construyendo puentes entre culturas" es una idea que nació en una clase de Práctica Educativa. Cuando empezamos a trabajar sobre el tema de las biografías escolares, al escuchar lo que cada uno iba contando, nos fuimos dando cuenta de que ahora podíamos analizar desde otro lugar las experiencias que pasamos como alumnos". Soledad vive en Yacuy y destacó que su relato resultó muy significativo para el grupo: "Somos dos alumnas pertenecientes a la comunidad guaraní y tuvimos que sortear diferentes obstáculos, discriminación, exclusión, problemas de transportes. A pesar de eso, elegimos seguir estudiando hasta llegar a la instancia en la que actualmente nos encontramos.Somos alumnas de una carrera de nivel superior".

Dentro de ese mismo proyecto, hay estudiantes que se dedican a investigar la historia de Yacuy. Una joven guaraní, por ejemplo, describió el trabajo:"La estrategia que hemos adoptado es adecuar la investigación a las formas tradicionales de nuestros abuelos. Por ejemplo, sustituir palabras como "cuéntenos", por "enséñenos" sobre la historia de nuestro pueblo. No queríamos presentarnos como simples encuestadores u oidores sino como aprendices. De esta manera nos matriculamos en la escuela del maestro, imaginariamente nos insertamos en el sistema de educación ancestral: el maestro era nuestro abuelo. Observábamos y escuchábamos con atención cada palabra que fluía de su boca, era impresionante la clase. Hoy nos encontramos sistematizando la enseñanza que nos dio nuestro abuelo para que esto a su vez llegue a las nuevas generaciones. Este pequeño texto que estamos armando será muy importante, con un contenido altamente enriquecedor".


   
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