Razones para la esperanza

En el próximo mes de diciembre, finalizará la gestión que iniciamos el 25 de mayo del 2003 en el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. Deseo expresar desde las páginas de El Monitor, mi profunda gratitud por el acompañamiento de la comunidad educativa a lo largo de estos años. Los avances que hemos conseguido se hicieron posibles, fundamentalmente, gracias a la disposición al diálogo, la energía para el trabajo y la inagotable creatividad de profesoras, profesores, maestros y maestras.

Nos hicimos cargo del Ministerio en un contexto de profunda crisis, donde la función de la escuela y del docente estaba en cuestión. Lo pedagógico había dejado lugar a lo asistencial y las condiciones de estudio de chicos y jóvenes y del trabajo de los docentes estaban profundamente deterioradas.

Soy perfectamente consciente de que la deuda no está saldada, pero también creo que quienes conformamos la comunidad educativa podemos sentirnos orgullosos de haber empezado a revertir una larga etapa, donde la educación parecía condenada a un eterno retroceso y a la desatención por parte del Estado. Espero que compartan conmigo la sensación de que empieza a haber buenas razones para la esperanza.

Considero que la experiencia de estos cuatro años y medio ha sido enormemente positiva, desde diversos puntos de vista.

Tengo la satisfacción de haber trabajado para recuperar, sobre la base del consenso y la participación, la dimensión estratégica que la educación nunca debió haber perdido. Hoy no solo tenemos más presupuesto, más escuelas, más días de clase, más libros, más becas para los alumnos, más espacios de formación docente. Quizás el mayor logro es haber colocado a la educación en el centro de la agenda política y social. Haber avanzado en la convicción de que la escuela es el espacio fundamental para construir un país más desarrollado pero también más justo e integrado. En este aspecto, he contado con el imprescindible apoyo y aliento del presidente Kirchner y todo el Gabinete de Ministros.

Quienes nos sucedan en el Ministerio encontrarán leyes ampliamente consensuadas, que marcan un horizonte de crecimiento presupuestario y de construcción de un sistema educativo integrado y de calidad para todos. Con seguridad, darán los debates necesarios y plantearán su propia perspectiva, pero en un contexto en el cual existen políticas de Estado que permiten planificar a mediano y largo plazo.

Como educador, no tengo palabras para transmitir lo invalorable de los encuentros que he tenido en estos años con colegas de todo el país: con los que enseñan en zonas rurales, donde la escuela es la única alternativa para revertir el aislamiento y acceder a una mejor calidad de vida. Con los que trabajan con chicos con necesidades especiales, ampliando sus posibilidades de integración y desarrollo personal. Con los que afrontan cotidianamente los desafíos de educar y orientar a los adolescentes; a contramano de una sociedad que -demasiadas veces- los trata con desconfianza, los bombardea con mensajes contradictorios y banales, y no termina de encontrar la manera de contenerlos y estimularlos. Con los que trabajan en situaciones de extrema pobreza y, además de enseñar, intentan, por todos los medios, de mitigar las carencias de sus alumnas y alumnos.

Muchos de ellos me conocían a través de mis escritos o de mi trabajo de formación docente. Espero como ministro haber sido coherente con los ideales, las utopías y las propuestas que sostuve en mi tarea académica.

Quiero creer que en estos años hemos avanzado juntos algunos pasos en el camino de un sistema más igualitario, capaz de ofrecer una mejor calidad educativa para todos los chicos y mejores condiciones de trabajo para maestros y profesores.

Finalmente, en lo personal, debo agradecer la calidez con que me han recibido en cada encuentro, la apertura y la honestidad intelectual con que han respondido a las convocatorias, los esfuerzos que han hecho para encontrar tiempo para participar, opinar y debatir, el interés que han demostrado por aprovechar cada espacio de capacitación que hemos abierto, y también, claro, la paciencia con que han sabido esperar la respuesta a sus demandas. También debo pedir disculpas por todos aquellos proyectos que, por nuestras propias limitaciones, no fuimos capaces de llevar adelante con los resultados esperados.

Una vez más, quiero expresar la admiración y el respeto que me inspira el cotidiano heroísmo, el tesón y la fortaleza con que encaran su tarea. Desde el Ministerio, hemos trabajado fuertemente tratando de ayudar, de aportar cada día nuestro esfuerzo y capacidad.

Dentro de pocos días asumiré como Senador de la Nación, cargo con que me han honrado los ciudadanos y ciudadanas de Buenos Aires. Desde el Congreso de la Nación, continuaré reafirmando mi compromiso con la educación y con el país. Estoy seguro de que, en ese compromiso, seguiremos encontrándonos a diario.

Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología.

   
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