La educación técnica como prioridad estratégica
Jaime Campos* y Cecilia Pasman**


Nuestro país ha experimentado una fuerte recuperación luego de la crisis de 2001-2002; ha crecido sin pausa durante cinco años consecutivos, a tasas para las que hay pocos registros históricos.

Sin embargo, persisten todavía entre los más jóvenes altas tasas de desempleo -superiores al 20 por ciento- y, a su vez, las empresas tienen gran dificultad para encontrar personal técnico calificado. Esto señala la necesidad imperiosa de políticas que aseguren a todos los jóvenes el acceso a una educación que los prepare para obtener buenos trabajos, al tiempo que se requiere establecer una mayor coordinación entre el sistema productivo y el educativo, de modo de adecuar la oferta formativa a la crecientemente compleja y exigente realidad del mercado laboral del siglo XXI.

Dossier

La sanción de las leyes de Financiamiento Educativo, de Educación Técnico-Profesional y de Educación Nacional señalan el fuerte consenso alcanzado entre todos los argentinos en este sentido. Estas leyes marcan el camino a seguir para volver a establecer a la educación en general, y a la educación técnica en particular, como eje central de nuestra estrategia de desarrollo como país.

A partir del Fondo de Financiamiento para instituciones que brindan formación técnica -constituido por la ley 26058-, se ha iniciado un proceso de actualización tecnológica y reequipamiento en las escuelas. Desde el empresariado aplaudimos esta iniciativa: contar con equipamiento adecuado e insumos para la enseñanza, junto con la actualización de los docentes en las nuevas tecnologías, es el primer paso hacia una educación técnica de excelencia. Asimismo, la ley establece la homologación de títulos con el objetivo de homogeneizar y validar las titulaciones en todo el país. Durante años tuvimos una situación en la cual el título obtenido por un alumno o una alumna en una provincia no siempre lo habilitaba a ejercer en otra. Este segundo e importante paso, que ya se ha comenzado a transitar, no debe demorar su concreción.

Todavía queda mucho por hacer si queremos instituciones educativas que respondan a las necesidades de nuestros tiempos, si queremos instituciones educativas que formen jóvenes con capacidad de desempeñarse en un mundo cambiante y altamente competitivo. Estos jóvenes son los que llevarán a nuestra Argentina a ser nuevamente un país como el que pensaron y construyeron las generaciones pasadas.

En este sentido, es válido citar al economista Lester Thurow quien, luego de hacer un relevamiento exhaustivo sobre las fuentes y causas de las ventajas competitivas en el comercio internacional, concluyó:
"Las capacidades de los técnicos y operarios serán la principal arma competitiva del siglo XXI. La ciencia crea nuevas tecnologías a escala mundial, pero son los trabajadores calificados quienes permiten incorporar exitosamente, de manera concreta, estas nuevas tecnologías en nuevos productos y procesos. Los técnicos bien calificados serán así la única ventaja competitiva sustentable para los países en el siglo XXI".

El fortalecimiento de la educación técnica es, en este sentido, prioritaria para el desarrollo de una Argentina industrializada, tecnificada y competitiva, que aspira a competir en el mundo, de manera creciente, con productos de alto valor agregado.

*Director Ejecutivo de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).
**Coordinadora del Programa Vinculación Empresa-Escuela de AEA, que se dedica a colaborar con aquellas empresas que quieran implementar programas de cooperación con escuelas técnicas.


   
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