Universidad y desarrollo: balance de una gestión
Daniel Gómez *
 

"El poder, la riqueza y la fuerza de la Nación depende de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen: y la educación pública no debe tener otro objetivo que aumentar las fuerzas de la producción, acción y dirección, aumentando cada vez el número de individuos que la poseen. La dignidad del Estado, la gloria de la Nación no pueden basarse más que en la dignidad, la condición de sus ciudadanos y esta dignidad no puede ser obtenida más que elevando el carácter moral, desarrollando su inteligencia y predisponiéndolos a la acción coordinada y legítima de todas las fuerzas del hombre".

Domingo F. Sarmiento. Sobre la educación popular (1849)
Seguramente, el problema central de la discusión en torno de launiversidad del nuevo siglo sea el significado que esta institución tiene para la sociedad y su espacio en nuestro marco local. La gestión del ministro Filmus se ha abocado a redefinir las tres funciones sustantivas de la universidad: educación, investigación y transferencia. Las recientes políticas educativas y, principalmente, las destinadas al avance de la investigación en las universidades han experimentado un giro sumamente positivo en los últimos años. Además de las becas y subsidios tradicionales, se han generado líneas especiales de financiación a equipamiento pesado, actividades en red entre las universidades, programa de repatriación de científicos, financiación en el vínculo universidad-empresa, aportes para el patentamiento de desarrollos nacionales y programas específicos para la internacionalización de nuestras universidades. Asimismo, es necesario destacar el Programa de incentivos a docentes investigadores y los estímulos a las ingenierías, entre otras mejoras.

Otro aspecto a subrayar es el reconocimiento de la función social de las universidades públicas mediante las convocatorias a proyectos de extensión, de desarrollo local y de transferencia tecnológica, como así también con la creación del Programa Nacional de Voluntariado Universitario. Mucho más abarcadoras, la nueva Ley de Educación, la Ley de Educación Técnica y la Ley de Financiamiento Educativo apuntan en la misma dirección: a la conformación de un sistema con capacidad de brindar una formación de excelencia, de investigar, y de transferir y, por sobre todas las cosas, postulan el papel primordial de la educación como motor del desarrollo económico del país.

Sin embargo, reconocer los progresos en el sistema universitario argentino nos obliga a vislumbrar el camino por recorrer. El aporte ideal del Estado a la investigación científica es del uno por ciento del PBI, mientras que en la actualidad apenas supera el 0,5 por ciento. Se prevé que la nueva ley de financiamiento, que incrementa secuencialmente el presupuesto en Educación hasta alcanzar un 6 por ciento del PBI, permita alcanzar una mayor participación al sistema de Ciencia y Tecnología. Asimismo, el Estado debería profundizar en un plan consensuado que articule los diferentes subsistemas de I + D (Investigación y Desarrollo) y proveer financiamiento que incentive al colectivo científico a volcarse a esas metas, con una investigación orientada a resultados social y económicamente pertinentes.

Lo mismo sucede en el ámbito de la planificación académica, donde se torna indispensable proseguir en la detección de las necesidades de cada región. Asimismo, y si bien la relación universidad-empresa es cada vez más recurrente, el sector privado continúa financiando al complejo de CyT en una escasa proporción. Sin el apoyo del empresariado, sumado a una opinión pública informada sobre la potencialidad del conocimiento científico y tecnológico, los intentos genuinos por parte del Estado para revertir las pasadas políticas no pueden ser más que infructuosos.

En una sociedad con su educación universitaria cuasi arrasada, el mérito de la gestión de Filmus radica principalmente en haber establecido prioridades, socializarlas y construir herramientas para su mejoramiento. No todo está terminado. Pero el camino se encuentra delineado, debe consolidarse, y eso nunca puede hacerlo solo una gestión. Lo hará una política de Estado, la voluntad conjunta de los argentinos de definir a la educación, ciencia y tecnología como el centro gravitacional del desarrollo nacional.

* Rector de la Universidad Nacional de Quilmes.

   
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