Entrevista a los realizadores de Social, Edificio y Cámara fría
Documentales que buscan ejercitar la mirada
Ana Abramowski / aabramowski@me.gov.ar
Judith Gociol / jgociol@me.gov.ar


Los rituales de una fiesta, el registro de una cámara fija en un edificio o algunas escenas aparentemente anodinas de películas estrenadas durante la última dictadura tienen, a pesar de su diversidad, algo en común. Así lo creen y lo explican los realizadores Hernán Lucas y Marcos Martínez en esta conversación acerca de sus inquietantes trabajos experimentales.



Hernán Lucas y Marcos Martínez ya pasaron los treinta años y tienen en su haber una trilogía de documentales: Social (sobre las fiestas sociales), Edificio (con relación a las cámaras de vigilancia en los edificios) y Cámara fría (acerca del cine que se veía en la dictadura de 1976-1983). Según ellos mismos reconocen, no son trabajos cerrados sino ensayos que se completan en la mirada de cada espectador.

En 2001 realizaron Social, en donde -con rock, tecno, cumbia, folclore y música latina de fondo-, es posible rememorar todos los rituales de una fiesta: los preparativos, la llegada en auto, la entrada al salón, el momento del vals, el carnaval carioca, la torta, los anillos, el brindis, el trencito, el papel picado y la serpentina. No faltan los discursos de los tíos y las palabras ordenadoras de los locutores. La filmación se mete dentro de la fiesta y la condiciona a ser de determinada manera. Así, a los rituales conmemorativos se les suman los rituales de la grabación. La cámara encendida incita a actuar, a cantar, a bailar, y también a dejar mensajes para la posteridad. Social instala algunos interrogantes: ¿Para qué se registran estos acontecimientos? ¿Quiénes miran estos videos? Llama la atención una suerte de paradójica soledad en los agasajados, en sus miradas, en sus desplazamientos. Solos y algo perdidos parecen estar haciéndose la gran pregunta: ¿Qué es lo que se festeja?.

Uno de los principales logros del segundo trabajo: Edificio (2003) es desafiar las expectativas de los espectadores: mientras el público espera acción, delitos, movimientos sospechosos -plasmados en imágenes de evidencia y denuncia-, nada de eso pasa. Con su tiempo lento, y un silencio que solo se corta con ruidos de llaves, de ascensores, de puertas que se abren y cierran, lo que Edificio denuncia es la inutilidad de las imágenes capturadas por estas cámaras fijas instaladas en los palieres. ¿De qué peligros nos defienden? La respuesta es inquietante porque lo que se muestra es que todos somos potenciales sospechosos: los repartidores de pizza, los vecinos que entran y salen o que comparten una reunión de consorcio, el encargado que saca la basura.

La misma conmoción surge de Cámara fría (2006). Contra lo que el sentido común esperaría, en este documental lo que se muestra es el lado aparentemente más inofensivo de los años de represión. Las secuencias de películas muy populares de la época refieren al paisaje urbano, al lenguaje, a los ritos cotidianos. Y es justamente esa omisión directa del horror la que evidencia lo realmente dramático de la sociedad fraccionada de entonces. Aunque sin esa intención explícita, este trabajo deja entrever que hay realidades que ni siquiera ciertas imágenes anodinas pudieron trasvestir. La selección de Lucas y Martínez incluye los créditos de esas viejas películas en las que aparecen reiteradamente agradecidos la Policía Federal, los Bomberos Voluntarios o el Ejército.

Al ver los tres trabajos es posible percibir el tratamiento peculiar que los hilvana. Lucas, uno de los realizadores, lo confirma: "Son documentales sobre imágenes. No son sobre la dictadura, las fiestas sociales, o las cámaras de seguridad. Si bien tratan acerca de eso, son más bien una interrogación en torno a las imágenes, a lo que hay en el medio entre eso que ocurre y aquellos que lo ven".

Que la estrella de sus trabajos sea la imagen no es producto de la adhesión a un dogma sino de la fidelidad a un pequeño número de premisas básicas -que ellos desarrollan a lo largo de la charla- y, sobre todo, de horas y horas de visualización. Con respecto a lo metodológico, Martínez comenta: "Trabajamos con material de archivo desde el montaje; en ninguno de los videos hay voz en off ni entrevistas. Eso hace posible que la imagen cobre fuerza". Y completa Lucas: "Lo que ocurre en general con el archivo es que enseguida se lo trata de domar con una voz encima, que pretende dirigir la cosa, y de ese modo se constriñe demasiado aquello que la imagen tiene para decir".

Otra particularidad que une a Social, Edificio y Cámara fría es que no usan filmaciones realizadas por ellos mismos sino imágenes producidas por otros: "Preferimos trabajar con imágenes ya registradas porque hay un poder ahí que tratamos de que salga, reubicándolas -explica Lucas-. Lo que esa imagen tiene para decir, hacemos que lo diga reubicándola, o sea, trabajándola en la mesa de montaje".

En el título del tercer documental, Cámara fría, se condensa la modalidad de trabajo de estos realizadores: "Nosotros decimos que la isla de edición es nuestra cámara", comenta Hernán Lucas. La frialdad proviene de la visualización minuciosa de imágenes ajenas, sumada al cortar y pegar más o menos despiadado del montaje". En efecto, los documentales de Lucas y Martínez, antes que transmitir el calor propio del registro directo, están atravesados por el frío de la reflexión distanciada. En cada documental hay un guión no verbalizado, un trabajo de entramado aunque dé la apariencia de un encadenamiento casual.

Este método de trabajo les permite, además, poner en el centro la cuestión de la representación. Tal como puntualiza Martínez: "Al trabajar con imágenes, nos interesa cómo otras personas u otros soportes registraron ciertas temáticas. Hablamos de ese tema, pero a la vez analizamos cómo lo representaron otros. Y nosotros, a la vez, le damos otra mirada u otra opinión".

"Trabajamos con el descarte, o con lo que no está en primer plano", señala Martínez describiendo un poco más lo específico de sus realizaciones. Por ejemplo en Social, que aborda el minigénero de las fiestas sociales (bautismos, casamientos, cumpleaños de quince), lo que hicieron fue darle centralidad a lo que quedaba afuera de la edición final de esos videos. De este modo, todo el artificio y la puesta en escena de estos festejos -tan actuados hacia la cámara, con muchos primeros planos preocupados por capturar instantes emotivos- queda al descubierto.

En la trilogía de Lucas y Martínez se percibe un intento por dialogar de otro modo con la época: "En principio, nos metimos en los temas a partir de la cuestión más política, más dura -cuenta Lucas-. En Edificio, el tema del control, la paranoia; en Cámara fría, la dictadura; pero en ambos casos la cosa tomó otro rumbo, no una reflexión tan testimonial sino más bien un contrapunto con lo estético. En los tres trabajos estamos todo el tiempo tratando de romper con ciertas miradas que ya están instaladas. La idea, un poco, es salir de esos clichés".

Hay un modo profundamente actual en la estética narrativa de estos tres documentales, que procede cosiendo fragmentos, saltando de un tema a otro. Así, el producto final se consigue por "acumulación de capas, por sumatoria, y no por desarrollo", explica Martínez. Se nota que los trabajos fueron hechos por ojos entrenados en el zapping. Pero en un zapping que reniega de la velocidad, que se toma su tiempo para ir y venir de canal en canal.

En un mundo cada vez más ávido por mirar y registrar todo, Edificio viene a interrogar la utilidad y el destino de ciertas imágenes: "Una cámara en un palier nunca va a atrapar a un ladrón", dice Lucas. "Además -agrega Martínez- no buscamos lo obvio de esas cámaras, sino los tiempos muertos, la hora de la siesta, una puerta que va cerrando. Es una búsqueda más estética. Hasta nos gustaba esa idea de que las cámaras se veían por un canal de cable y la gente lo tenía para ver con quién salía la vecina, para chusmear. Además, esa época coincidía con un cine documental que quería mostrar: la cámara, cuanto más cerca, mejor. Nosotros estábamos reivindicando el fuera de campo, construir una historia sin mostrarla".

"Creo que la idea es siempre bucear por esas zonas que quizás están menos controladas o colonizadas por la reflexión", acota Lucas y ejemplifica lo dicho a partir del último de sus trabajos: "En Cámara fría la intención no era tanto mostrar cómo la represión se colaba o pugnaba por salir de esas imágenes, sino más bien mostrar simplemente cómo ese cine se las ingeniaba para recrear la vida cotidiana. En todo caso, que sea el espectador el que complete la reflexión".

En Social, Edificio y Cámara fría no hay ningún dedo señalando qué y cómo mirar. Son ensayos que invitan a ejercitar la mirada: "No pretendemos descubrir algo y mostrarlo al espectador. Tal vez se trata de un desaprender para poder ver algo ahí".

   
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