Pasión por seguir aprendiendo

La relación de Mirta Foco con el Instituto de Enseñanza Secundaria Superior de Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba, está por cumplir medio siglo. Primero fue alumna, luego -durante 38 años- maestra normal y desde 2004 es la directora. Esta mujer, que se define como "rebelde", intenta transmitir desde su cargo toda la vasta experiencia acumulada en la institución que ama con pasión. Si hasta volvió a estudiar en sus aulas, a los 61, el profesorado de Lengua y Literatura.

Ana Abramowski / aabramowski@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki


Mirta Foco tenía doce años cuando se propuso torcer el destino que sus padres habían imaginado para ella: "Cuando terminé sexto grado, mi mamá me acompañó a inscribirme al colegio secundario con el mandato de mi papá de que hiciera el bachillerato comercial, porque él tenía una fábrica y necesitaba que alguien le llevara los papeles. Cuando llegamos a la secretaría, mi mamá dijo que me quería anotar en el bachillerato comercial, y yo dije que no, que quería hacer el ciclo básico y estudiar para ser maestra. Siempre he sido un poco rebelde; si no fuera por eso, hoy no estaría acá."

Desde aquel entonces no abandonó las aulas del Instituto de Enseñanza Secundaria Superior de Villa Carlos Paz, provincia de Córdoba. En 1963 se recibió de maestra normal nacional y enseguida la llamaron para hacer una suplencia en la escuela primaria de aplicación de ese instituto. Después de 38 años de trabajar como maestra titular, en el 2004 concursó para asumir como directora: "Este es un desafío, como todos los que he emprendido", señala.

A los 61, casi 50 años después de haberse sentado por primera vez en un pupitre del Instituto, Mirta Foco decidió volver a ponerse en el papel de alumna. Esta vez no la movilizó tanto la rebeldía como una pasión: estudiar el profesorado de Lengua y Literatura. En relación con esta decisión, comenta: "Ahora estoy haciendo una carrera que no pude hacer antes porque no existía en Carlos Paz. Pero no estoy estudiando para dar clases, porque no me voy a poner a esta altura de mi vida a enseñar en la escuela media; cuando me reciba voy a tener 65 años. La hago por placer; tenía esta materia pendiente".

El Instituto de Enseñanza Secundaria Superior fue inaugurado en 1951. "Esta escuela fue creada para dar respuesta a una aristocracia que existía en Carlos Paz -recuerda-; era para la gente que tenía un buen estatus económico y no tenía adónde enviar a sus hijos. Pero después se recibió a todos. Yo era hija de una familia de trabajadores. Acá hay muchos niños de familias monoparentales, de familias tipo 'los míos, los tuyos y los nuestros', de profesionales, de gente humilde, de mujeres que trabajan limpiando casas, de papás que están desocupados".



En el Instituto funcionan el nivel inicial, primario, medio y terciario. La escuela primaria de aplicación se abrió en 1960 y se fundó para que los estudiantes de magisterio pudieran hacer sus prácticas.

Nacida en la localidad cordobesa de Monte Buey, esta maestra normal tiene una profunda conexión con la tierra y con lo americano. Todas las tardes saluda a los 800 alumnos de la escuela, no solo en español sino también en quechua, lengua que estudió en profundidad: "Les digo: Súmaj chisi yachachinas. Tengo intención de hablarles también en mapuche. No me animo todavía con el guaraní porque me resulta muy difícil", confiesa. Transmitiendo entusiasmo, energía y muchas ganas de hacer cosas, Mirta Foco -a quien en quechua le han puesto el nombre de Nina Sisay, que significa flor de fuego- comienza su jornada de trabajo.

Dar siempre un poco más

"Creo que no hay que dejar de estudiar nunca, no hay que bajar los brazos. Mi papá y mi mamá, que no pudieron tener la escolarización completa, siempre me incentivaron en esto de estudiar, de aprender, de buscar... En el rol de maestra siempre busqué brindar una educación justa a todo el mundo, pensando que los chicos no tienen un techo, que todos pueden dar un poquito más. Todos, incluso aquellos niños que tienen dificultades de aprendizaje".

Apasionada e inquieta, Foco no concibe la tarea de estudiar como una vía para acumular certificaciones destinadas a permanecer colgadas en la pared: "Cada uno elige qué quiere hacer con los estudios, si se quiere quedar con el título bajo el brazo o que ese título se enriquezca, que brille, en el sentido de no enmohecerse. Hay muchos que se reciben y toda su vida repiten la misma carpeta, yo no sé cómo hacen con el aburrimiento. Los chicos pasan, pero vos estás haciendo siempre lo mismo".

Mirta no solo se ocupó de renovar todos los años su carpeta para evitar el propio hastío: "Me cuesta seguir un camino chato, yo necesito siempre hacer una cosita diferente", explica. En su búsqueda constante de cosas nuevas está pensando, ante todo, en los niños y las niñas: "Tengo a mi cargo a un individuo, que no es algo para nada simple. Es una personita chiquitita, a quien querés y no solo debés ponerle límites sino también acompañar a la familia en su formación".

Antes de anotarse en el profesorado de Lengua y Literatura, Foco estudió neurolinguística, psicopedagogía, locución, teatro: "Aunque no haya terminado una carrera y no sea una experta, todo lo que pude haber estudiado es valioso y me da herramientas para usarlas en el momento oportuno".

Cuando se le pide que amplíe de dónde viene su pasión por la Lengua, Mirta revisa la historia familiar y escolar: "Pienso que han influido mi padre, dado que era un lector apasionado aun cuando solo tenía segundo grado, y mi maestra de cuarto grado. Ella transformaba los cuentos en obras de teatro, los actuaba y nos hacía actuar a nosotros. Era una gorda divina, tenía una voz de soprano espectacular. También me incentivó la rectora del Instituto cuando yo estaba en los finales de la escuela secundaria. Creo que vieron que yo tenía algo, una llamita ahí adentro y la movilizaron".

Extrañar el aula

Si bien ya está transitando el cuarto año como directora, Mirta no se cansa de repetir que añora estar en el grado: "Lo que más extraño es poner en juego la creatividad de los chicos, tener ideas locas. Hay algo que no tengo en esta función: el contacto del aula. Allí es donde he tenido más gratificaciones. El contacto con los chicos en este espacio es diferente".

"Lo que me preocupó siempre, en todas las épocas, es lo reacios que son los chicos a leer y escribir. Escribir requiere un esfuerzo. En los primeros grados los chicos se ponen las pilas y hacen unas producciones espectaculares, pero luego necesitan ser estimulados porque si no, no escriben", afirma y relata un sinnúmero de ideas que puso en práctica en sus 38 años frente al grado. Para llevarlas a cabo, echó mano al teatro, la música, los títeres, la plástica.

"En 1969, cuando el hombre llegó a la Luna, yo tenía séptimo grado. En esa época había hecho un curso de medios audiovisuales, y les propuse a los chicos contar una historia de la llegada del hombre a la Luna, en diapositivas. Primero les leí algunos capítulos de la novela de Julio Verne y así armamos la historia. Luego, con la maestra de Plástica armaron las diapositivas. Ella les hizo dibujar en unos cuadraditos, con tinta china, la secuencia de las acciones. Después fuimos al anfiteatro, teníamos un proyector y cada grupo pasó las diapositivas mientras iban relatando la historia. Todavía tengo algunas de esas diapositivas en mi casa", recuerda.

Otra vía a la que Foco recurrió para estimular a sus alumnos y alumnas a escribir fue la música: "Una vez fuimos a la biblioteca con almohadones. Primero hice acostar a los chicos en el piso, con los ojos cerrados, a escuchar música. Era una composición de música clásica, con distintos matices. Les dije que se dejaran llevar y luego les pedí que se imaginaran una historia de terror. Los chicos con problemas de escritura pudieron escribir unas cosas maravillosas. Mediante la escritura es posible descubrir todo lo que pasa en el mundo interior".



Trabajar para el futuro

En el 2004, en la escuela primaria de aplicación estaba vacante el cargo directivo. Mirta concursó un poco a regañadientes, respondiendo al pedido de sus compañeras: "Me decían, en chiste, que les iba a poder dar una mano desde la dirección y así no me iban a ir a molestar todo el tiempo al aula. Porque con esto de mi apasionamiento por la lengua, cuando tenían una duda me mandaban un papelito al grado mientras yo estaba dando clases, y yo les tenía que contestar".

"Hay un dicho que afirma que cuando una persona llega a un cargo directivo se le ensanchan las caderas y se le achica el cerebro", comenta Foco y agrega con tono rebelde: "Yo dije, conmigo no van a tener suerte. A mí me gustaría revertir la imagen del director que se cree que es alguien que está por arriba de todos, con poder absoluto".

Desde el inicio de su gestión, Foco propuso al cuerpo docente trabajar en departamentos por áreas, propiciando así el trabajo en equipo: "Por qué tenemos que estar tan desconectados, cada uno en su aula, con su cuaderno, haciendo lo que cada uno quiere", señala.

Además de ser un mecanismo para compartir ideas, tareas y responsabilidades, el trabajo en departamentos, según la perspectiva de Mirta, permite potenciar lo que a cada uno más le gusta: "Todos los docentes tenemos más inclinación por las ciencias sociales, por las ciencias naturales, matemáticas, o lengua. Y hacemos cursos, acopiamos materiales, leemos más en relación con el área que más nos atrae". Por este motivo, cada maestra elige, por afinidad, qué departamento quiere integrar.

En cada departamento, bajo la coordinación de un jefe, se discuten los abordajes y lineamientos de trabajo de cada área, teniendo en cuenta el currículum de primero a sexto: "El jefe rota todos los años -destaca Foco- porque es importante que todos sepan todas las responsabilidades que conlleva esa tarea. El jefe es el que se conecta con la dirección y trae las actas de los acuerdos realizados. Llevamos cuatro años trabajando así y se ven los resultados en los chicos. En las carpetas de chicas y chicos hay producciones que antes no veía", asegura la directora.

Otro proyecto que está en marcha en la escuela consiste en que los docentes realicen, al final de cada semana, un registro de autoevaluación: "Al docente también le cuesta escribir, muchas veces se niega. Hay algunas autoevaluaciones que son fantásticas, que dicen 'Esto no lo debería haber hecho así, me equivoqué al hacer esto, pero me propongo hacer esto otro'. Había un grupo de docentes que se resistía a escribir. Después vinieron a decirnos 'Qué bueno que nos insistieron, porque cuando ponemos en palabras lo que hicimos nos damos cuenta si nosotros tuvimos la culpa o si hay algo en los chicos que está fallando y qué tenemos que hacer para solucionarlo'. Por eso les pedimos que se evalúen, porque no se trata de echarles la culpa a los chicos", afirma Mirta y agrega: "Hay que luchar, no debemos señalar 'esto es lo que no hay', sino decir 'esto es lo que tenemos, con esto tenemos que trabajar'".

Si bien le tira el trabajo áulico, el contacto directo con los niños y las niñas, Mirta Foco sabe que desde la dirección hay muchas tareas pedagógicas formativas: "Como directora trato de hacer cosas que yo, estando en el grado, demandaba de mis directivos. Yo pedía que me acompañaran, que miraran el trabajo que hacía, y que si lo hacía bien, me estimularan. Por eso, desde la dirección, así como a las maestras les hago llamadas de atención si no están trabajando bien -o si no están cumpliendo, o si hay algún error-, también les pongo papelitos que dicen 'Excelente trabajo, te felicito'.Yo creo fervientemente que si uno no se equivoca, no aprende, porque se aprende de los errores. Hay que enseñar a los chicos a aprender de los errores, y el docente también tiene que aprender de sus equivocaciones", insiste.

Aunque transita su carrera disfrutando de muchas gratificaciones, Foco reconoce, sin embargo, que en la profesión docente no se ven los resultados inmediatos: "El otro día me preguntó una nenita: '¿vos lo conocés a Fulano?' Yo le contesté que sí, y ella me dijo 'es mi papá y vos lo mandaste a rendir lectura. ¿Sabes cómo me lee cuentos ahora?'. A lo mejor, en este mundo de la inmediatez, el docente quiere ver los resultados ahora. Pero bueno, hay que decirle que no los va a ver ahora, que las gratificaciones le van a llegar a largo plazo, y a lo mejor no le lleguen directa sino indirectamente".

A esta maestra le gusta utilizar la idea de la rebeldía para definirse: "Ser rebelde es no dejarse llevar de la nariz: ser una misma, con convicciones, siempre que no perjudiquen a nadie". Y confiar, sobre todo, en las potencialidades del hacer: "Tengo una utopía activa. Creo que todo es posible. Puede haber una sociedad mejor, pero hay que trabajar para eso. Tengo una mirada positiva del futuro. No soy apocalíptica, lo cual no significa vivir en una nube, pero creo que se puede mejorar la situación en la que se vive. Se puede construir: existen los niños, los jóvenes, y muchas posibilidades de construcción".



   
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