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El duelo, el dolor y la escuela

Al ver El Monitor Nº12 y leer sobre el dolor y el lugar de la escuela, me gustaría contar qué nos pasó a nosotros. El año pasado murió de cáncer mi hija Déborah, a los 16 años. Como familia, la amamos mucho y la cuidamos hasta el final de sus días. Son esos dolores inimaginables, que uno cree que nunca le van a pasar. Pero pasan. Para mí, como mamá y docente de la misma escuela de Déborah, el dolor, el duelo y la enfermedad -en ese ámbito-, constituyeron una experiencia más dolorosa aún.

Cuando ella enfermó -en el 2004-, en su escuela nos acompañaron mucho, pero esa actitud no se sostuvo en el tiempo. En el 2006 no pudieron ser conscientes de la enfermedad, y menos acompañarnos con su muerte. La reacción fue un telegrama y un aviso en el diario. Creyeron que como nosotros estábamos en Buenos Aires, así se arreglaba todo.

Cuando regresamos a Esquel, fueron pocos los docentes que vinieron a darnos el pésame.

Claro que sé que ellos tienen y tuvieron dolor, pero el egoísmo de no poder compartirlo con nosotros es atroz. A fin de año, en el acto escolar le hicieron un homenaje pero no nos invitaron.

En marzo no me presenté a trabajar. Entendía que no me querían ver ya que, por ejemplo, cuando me cruzaban en la calle me daban vuelta la cara o se escondían. Cuando uno está tan triste y desgarrado por la muerte y ausencia permanente de un hijo, la soledad y el desprecio duelen mucho. De la escuela me sentí expulsada. Esta es la escuela que yo ayudé a construir, en donde se formaron mis dos hijas, en donde toda la familia quiso pensar en una escuela diferente. No se pudo, y ¿quién puede? A mí esto me dolió, me duele y me sigue costando entender.

En noviembre, a los pocos días de morir Déborah, aún estando en Buenos Aires, yo pensaba en cómo volver y ayudar a los chicos a comprender qué le había pasado a Debo.

El problema es la no comprensión del dolor del otro. Claro que uno se siente desvalido, pues si hablás y decís lo que te pasa sos juzgado por el otro. Los únicos consejos recibidos fueron "tenés que ir al psicólogo", pero las emociones no se curan con terapia. Los duelos son de todos los actores sociales involucrados. Todo aquel que conoció a alguien que murió tiene su propio duelo; pero si se socializan los dolores, si se acompaña a una familia doliente, se hace más liviano para la escuela, no recae en un solo actor y nadie queda afuera.

Ustedes preguntarán cómo se hace: es muy sencillo, estando con quien lo necesita (con los padres, hermanos, amigos), y hablando de ese alumno que se fue. Esto ayuda a una comunidad educativa a tramitar el duelo, pues lo transforma en nuestro dolor.

Volviendo al tema y tratando de hacer aportes a lo leído en la revista: Yo siempre tuve claro que vine a este mundo a enseñar, más aún después de lo vivido. El problema es que debemos quebrar muchas más estructuras de las que creíamos.

Como dice la revista, el dolor se tramita individualmente, pero yo como docente siento que no pude ayudar a esta comunidad educativa a tramitar este duelo, el de ellos, y no me gratifica para nada. Y ellos tampoco lo hicieron con el nuestro.

El dolor del otro es del otro. Desde ese lugar, la gente cree que no le va a pasar. En las escuelas, es más sencillo que los docentes se desentiendan y crean que la responsabilidad es del otro. Escuchás:"yo no sé cómo hacer", "no sé qué hacer" o "no puedo hacer nada". Podemos capacitar en mediación escolar, enseñar la escucha activa; pero a la sensibilidad y a la empatía real por la vida del otro no es posible ni aproximarse. Se cree que si se niega, no existe.

Esto es, en síntesis, lo que pasó y cómo lo leo hoy.

Es muy complejo poder enseñar estas cuestiones a los que siguen pensando que "El silencio es salud".

¿Por qué le cuesta tanto entender a la gente que el duelo es necesario? Lo mejor que pueden hacer es sentarse al lado del que sufre y llorar con él. No dejemos que el silencio siga permeando nuestras prácticas cotidianas en las escuelas que supimos construir.

Lic. Viviana Katz, Formadora de docentes en la Patagonia, ISFD Nª 809, Esquel - Chubut.
Email: vivikatz1@hotmail.com



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