Acerca de la película Escuela de rock
La autoridad cultural del enseñante
Leandro Stagno
Profesor de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata.

El cine nos invita a mirar, escuchar y sentir diferentes experiencias. Sus imágenes nos dan la posibilidad de descubrir lo que les pasa a otros y lo que nos pasa, aunque solo puedan abarcar particulares fragmentos de una realidad.

Mediante una película podemos pensar sobre nuestras experiencias escolares cotidianas, los vínculos establecidos con nuestros alumnos, los que ellos establecen entre sí, sobre las formas de habitar nuestro oficio de enseñantes. Desde aquí proponemos una reflexión sobre la autoridad cultural del enseñante, uno de los ejes posibles para pensar nuestra tarea, a través de la película Escuela de rock.

La trama del film tiene como uno de sus personajes a Dewey Finn, un músico que no conseguía el reconocimiento ni de sus pares ni de su público. Sus planes de competir en un concurso que premiaba a la mejor banda de rock se vieron interrumpidos cuando fue expulsado de la suya. Se quedó sin grupo y sin dinero para saldar las deudas con su compañero de departamento, Ned Schneebly, quien acostumbraba a trabajar como maestro suplente. En una oportunidad, cuando la directora de la tradicional escuela Horace Green llamó para ofrecer un reemplazo, Dewey se hizo pasar por Ned. Así se produjo el encuentro entre los alumnos y Dewey Finn, devenido en Ned Schneebly, o en el Señor S, como prefirió que lo llamaran.

Ante el asombro de toda la clase, el primer día fijó un "recreo" de las 8 a las 15. Sus palabras de presentación expresaron su desinterés por la actividad que se esperaba de él: "Mañana comenzaremos con esta farsa", les dijo. Los alumnos buscaban prácticas y saberes vinculados a una gramática a la que estaban acostumbrados, Summer cuestionó la ausencia de calificaciones y sanciones y Freddy, más incisivo, le preguntó: "¿Tontearemos todo el día?".

A pesar de este punto de partida y, hasta de él mismo, Dewey pronto empezó una intensa tarea. Casi por casualidad, sin siquiera proponérselo, descubrió el interés de sus alumnos por la música y, desde entonces, los invitó a compartir su propia meta. Juntos harían rock y se presentarían al concurso de las bandas. En secreto, sorteando la mirada de la directora y los otros maestros, comenzaron a proyectar en el aula todos los preparativos, incluso frente a la intriga de los padres por saber qué era lo que les estaba enseñando a sus hijos.

Detengámonos a pensar en la relación establecida entre el Señor S y sus alumnos en tanto una relación de autoridad, es decir, como aquella que instituye, provoca cambios, da la palabra, en fin, permite crecer. ¿Sobre qué sustentó su autoridad este particular maestro suplente?, ¿su autoridad posibilitó el crecimiento de los alumnos?, ¿solo bastó su "pedagogía seductora" para hacer posible un encuentro y una transmisión?

El Señor S fundamentó su autoridad en la creencia de transformar al grupo de niños en músicos y miembros de una misma banda, a través de la transmisión de saberes y de su propia pasión por hacer rock. El conocimiento experto, en lugar de desautorizar a los alumnos, fue el que estrechó el vínculo. Solos de guitarra, formas de dirigirse al público, la voz de Blondie, los pantalones cortos de Angus Young, los movimientos de Hendrix, efectos de sonido, iluminación y montaje, todo aquello que necesitaban para constituir un proyecto compartido. De esta forma, les dio la palabra y los hizo crecer en el marco de una relación fundada en la creencia y la confianza.

Sin embargo, algo más deberíamos incluir en este análisis. Este "maestro" ocasional solo parece poder enseñar aquello que a él lo apasiona. ¿Qué sucede con lo que queda fuera de sus preferencias? Pueden traerse a la reflexión las consideraciones de Philippe Meirieu sobre el mito de la educación como fabricación. Meirieu marca la imposibilidad de los seres humanos para darse a sí mismos la vida y, consecuentemente, la necesidad de otras personas para empezar a conocer el mundo.
1 En tanto el ser humano es "hecho" por otros, el desafío está en hacer un humano libre luego de haber hecho al niño, es decir, darle la posibilidad de trascender y de ser algo más que un simple reflejo de las voluntades del adulto creador. Cabría preguntarse si la propuesta podría prosperar más allá de las voluntades del maestro y, consecuentemente, si es factible la constitución de los alumnos en tanto sujetos libres.

El respeto también fue principio de esta autoridad, no como sinónimo de status o jerarquía, sino de reconocimiento. Los reconoció como valiosos, les dijo: "Cuento con ustedes, el futuro depende de ustedes". Los tomó en cuenta y, sobre todo, generó en sus alumnos respeto por sí mismos, a partir del desarrollo de una habilidad y por el hecho mismo de hacerla bien.

No fue fácil generar acuerdos. El carácter seductor que caracterizaba a su propuesta no bastaba para aglutinar y construir un proyecto compartido. Por el contrario, el Señor S propuso y usó diferentes herramientas para salir al encuentro. Su proyecto no implicó dejar a sus alumnos librados a sus propios recursos, supuso una clara asignación de responsabilidades y de definición de estrategias. Logró enseñarle a ese grupo algo sobre ellos mismos y él aprendió mucho en ese intercambio.

En la "escuela de rock" el maestro explica, ordena, propone sin por ello promover un orden explicador, tal como lo ha llamado Jacques Rancière, es decir una relación en la que los maestros son "explicadores" y los alumnos, portadores de incapacidad; contrariamente, es ese enseñar aquello que a él lo apasiona, -autorreferente y un tanto narcisista- lo que también promueve una relación de igualdad como punto de partida.
2 Varias de sus intervenciones refieren al cuidado de garantizarles la oportunidad de emprender algo nuevo y de sacarlos de un corriente "yo no puedo". Cuando Tomika, esa niña tímida que solo había participado en audiciones infantiles, no quiso presentarse a la audición, anteponiendo un "Creo que no podré cantar", las palabras del Señor S fueron "Te necesito, tienes algo que todos quieren". En efecto, ella ya había demostrado que quería y tenía mucho para decir a través del gospel.

El Señor S identificó situaciones que permitían hacer de los niños verdaderos músicos y, en alguna medida, consiguió cumplir sus "predicciones" al respecto. Demostró pasión por su obra y lo llevó hasta las últimas consecuencias, aunque por esto no se puede decir que se haya adueñado de su fabricación o que sus alumnos-músicos sean solo el resultado del experimento que los fabricó.

Cuando las autoridades develaron el secreto y por esto separaron a Dewey Finn de la escuela, los alumnos decidieron continuar con el proyecto. Se parecían a su creador y al mismo tiempo podían trascenderlo. El Señor S dio vida a lo que fabricó, pero sus "criaturas" no fueron un simple producto pasivo de sus esfuerzos. Pudieron existir por sí mismos y eligieron ir a buscarlo para emprender algo nuevo. La posibilidad de constituir a la igualdad como punto de partida estuvo dada por el hecho mismo de compartir algo en común, en tanto lazos -no por eso ataduras- entre maestro y alumnos.

Podría decirse que aprendieron con él y pudieron luego trascenderlo. La canción que compuso Zack era clara al respecto cuando, en referencia a su maestro, decía "Haz lo que él hace, no lo que dice". Su autoridad los hizo crecer para que pudiesen alcanzar el punto que él ya había alcanzado, confiando en que iban a poder hacerlo. Esta confianza está contenida en los dichos de este, nuestro maestro de uno y varios nombres:" Ustedes son especiales y tienen la actitud adecuada para estar en la banda. Tienen algo, no sé lo que es, pero tienen algo". Allí se pusieron en juego pasiones y confianzas que convirtieron a la escuela en mucho más que una clase de rock.

1 Meirieu, Philippe, Frankenstein educador, Barcelona, Laertes, 1998.
2 Rancière, Jacques, El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual, Barcelona, Laertes, 2003.


FICHA TÉCNICA
Escuela de rock
(School of rock, 2003)
Duración: 108 minutos.
Intérpretes: Jack Black (Dewey Finn), Mike White (Ned Schneebly), Joan Cusack (Rosalie Mullins), Sarah Silverman (Patty Di Marco), Joey Gaydos (Zack), Maryam Hassan (Tomika), Kevin Clark (Freddy), Rebecca Brown (Katie), Robert Tsai (Lawrence), Caitlin Hale (Marta), Aleisha Allen (Alicia)
Guión: Mike White.
Dirección: Richard Linklater.
Disponible en DVD.
   
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