El cincuentenario de la historieta El Eternauta
Treinta años sin Oesterheld

 
El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, mediante la Campaña Nacional de Lectura, ha lanzado el libro 50/30, 50 años de El Eternauta, 30 años sin Oesterheld. Un homenaje al guionista y escritor Héctor Germán Oesterheld -desaparecido hace tres décadas durante la dictadura militar-, al cumplirse el cincuentenario de la primera publicación de la obra cumbre de la historieta moderna en la Argentina.

Muchos se preguntan qué ocurre con El Eternauta para que, a 50 años de su aparición, no solo siga vigente, sino que crezca su popularidad ganando lectores y admiradores de todas las edades, en todo el mundo.

Héctor Germán Oesterheld, su autor, fue secuestrado junto a sus cuatro hijas, dos yernos y cuatro nietos y permanece desaparecido desde hace treinta años. Solo apareció el cuerpo de Beatriz, una de sus hijas; dos nietos fueron recuperados y entregados a sus abuelos.

Se podría trazar un paralelo con El principito, de Antoine de Saint Exupèry, donde personaje y autor se fusionan en el imaginario colectivo, cuando el aviador desaparece en un vuelo y su cuerpo jamás es encontrado.

Tal vez buscando indagar en estas historias circulares es que el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, a través de la Campaña Nacional de Lectura, ha lanzado el libro 50/30, 50 años de El Eternauta, 30 años sin Oesterheld.

A manera de homenaje, escritores de la talla de Juan Sasturain, Pablo De Santis; los dibujantes Francisco Solano López y Carlos Trillo, el guionista de historietas Jorge Claudio Morhaín y el responsable del portal Continum4 (dedicado a El Eternauta) Mariano Chinelli, van entretejiendo la historia del "viajero del tiempo" junto a la de su creador, acompañados por guiones de historietas e ilustraciones de personajes de Oesterheld elaborados por algunos de los mejores dibujantes del país en la actualidad.



Martes hora cero

Si preguntáramos a los que fueron jóvenes en la década del 60 cómo esperaban la aparición semanal de El Eternauta, tendríamos un cúmulo de anécdotas maravillosas; con seguridad, todas evocadas desde la emoción. También las generaciones que han leído las ediciones posteriores en fascículos a color y las que aún hoy se encuentran con el libro e inesperadamente pasan noches de insomnio hasta deglutir la última página, tendrán lo suyo para contar. En nombre de todos ellos, en el libro 50/30 toma la palabra Carlos Trillo y relata cómo eran sus días martes cuando tenía 13 años, en el año 1957:

"-Dale, vamos que ya son más de las siete -decía alguno, invariablemente, todos los martes. Y dejábamos lo que estábamos haciendo en la esquina de Paraguay y Vidt, nuestro lugar de reunión, para irnos todos hasta la estación Bulnes del subte de Palermo.

Un par de nosotros -por riguroso turno- bajaba, metía las monedas en el molinete (que entonces funcionaba con centavos y no con fichas) y se iba llevando el dinero de todo el grupo hasta la estación Tribunales. Allí, como hay un único andén en el medio, se podía bajar del tren que iba hacia Catedral y, sin pagar de nuevo, después de comprar los siete ejemplares en el quiosco de la estación, tomar la formación que nos devolvía a Bulnes y Santa Fe, donde nos estaban esperando los demás. Los emisarios que volvían con la pilita de revistas entregaban una a cada uno de sus legítimos propietarios y los que habían esperado las escudriñaban atentamente, no fuera a ser que los recién llegados, intentando ser bromistas, le hubieran arrancado alguna hoja o algo peor. Pero no, no se hacían bromas con el Hora Cero Semanal. Las copias llegaban intactas, por ahí un poco hojeadas en los siete minutos que duraba el viaje de vuelta. Y eso porque, seguro, no había enviado capaz de resistirse a dar una primera lectura rápida a El Eternauta".

¿Qué sucedía y sucede hoy con esta historieta? Tal vez, una de las cuestiones que más sorprenden de El Eternauta es que durante toda su lectura se sugiere que el relato es verídico, se percibe como absolutamente real.

La historia que relata el viajero del tiempo Juan Salvo cuenta su propia desventura, la de un hombre promedio que junto a su familia y un grupo de amigos enfrenta una situación extrema: la noche en que la apacible vida en su chalecito de Vicente López se ve alterada para siempre. La caída de una nevada mortífera que los deja aislados dentro de su propia casa y a merced de otros sobrevivientes, parece orientada al obvio relato de supervivencia y lucha urbana por los recursos, cuando repentinamente se descubre la verdadera naturaleza del desastre y la trama sufre un vuelco inesperado. Mientras aún caen copos mortales, del cielo nocturno comienzan a descender misteriosas luces: una invasión extraterrestre estaba teniendo lugar en Buenos Aires y quizás también en el planeta entero.

Al respecto, cuenta Pablo De Santis:
"Se ha escrito tanto sobre la historieta de Oesterheld y Solano, y tan bien, que agregar cualquier cosa me parece imprudencia. Así que no hablaré del héroe colectivo, ni del escenario infrecuente, ni de los mejores momentos de la historieta, todos temas a los que se ha referido impecablemente Sasturain en notas, prólogos, libros. Pero me permito recordar las páginas iniciales, con el guionista tratando de escribir su historia en la soledad de la noche, en un suburbio de Buenos Aires; imagen que me parece la escena inaugural no solo de esa aventura, sino de la historieta argentina. Ahí se abre algo que tal vez no haya terminado del todo".



Oesterheld, el aventurador

El libro 50/30 aborda no solo la obra creativa de Oesterheld, sino que recorre también su historia personal. Cuenta cómo un italiano, Cesare Civita, vino a la Argentina a fundar una editorial a la que llamó Abril, y viendo el campo virgen en historietas, se lanzó a publicar Misterix, Rayo Rojo y Cinemisterio. Civita trajo con él a un grupo de italianos, entre ellos, Hugo Pratt. En la editorial trabajaba un geólogo, en una revista de ciencia ficción cuyo nombre era Más Allá. Se llamaba Héctor Germán Oesterheld, y además de ocuparse de las notas científicas también escribía cuentos infantiles. Civita le pidió que guionara historietas, y así comenzaron las aventuras de Bull Rockett y el Sargento Kirk. Luego fundó su propia editorial -Frontera- donde nace El Eternauta, que según Jorge Morahín "marcó una huella que hizo girar a la historieta argentina a la historieta mundial como una brújula por un bandazo de tormenta". Y agrega:
"Oesterheld, tenía una admirable filosofía de vida, donde el compañerismo, la solidaridad, el amor, la familia, los buenos sentimientos, son los que en realidad vencen en todas sus historias. Hay sacrificios por un amigo, hay entrega para salvar el mundo, hay empeño en hacer las cosas bien".

El escritor Juan Sasturain es una de las personas que más ha profundizado en la obra de Oesterheld. Pero no solo desde su espíritu creador, sino desde su compromiso ideológico con la vida. En un párrafo del libro expresa:
"Cuando Oesterheld escribía -desde los primeros cuentitos infantiles en La Prensa o la colección Bolsillitos a sus historietas militantes puras de los últimos meses de la clandestinidad- no imaginaba ni inventaba ni conjeturaba; Oesterheld aventuraba. Toda su vida fueron formas de aventurar. Aventurar es imaginar, suponer, proponer con riesgo: poner la convicción y el cuerpo detrás de la imaginación, de la invención. Es decir, hacerse cargo de lo que se crea (y se cree). Oesterheld fue un aventurador. Uno que concibió la vida como una aventura y la vivió hasta las últimas consecuencias".



El viajero en el tiempo

Tal vez en esta conjunción de textos y dibujos los personajes siguen recreándose, y lo harán hasta el infinito como Juan Salvo. Pero una forma de comprender la resignificación de El Eternauta puede ser la que nos ofrece en este párrafo del libro Carlos Trillo:
"La historieta se publicó pero no fue posible evitar el horror. La Argentina siguió viviendo su realidad encrespada. Y Arturo Frondizi, que era el presidente en aquel 1959 de nuestros quince años y del final del cuento, fue pronto derrocado; el peronismo proscripto y mayoritario siguió faltando a la mesa democrática y los golpes militares se sucedieron con sus ridículas marchas ecuestres y las banderas y las voces graves que escuchábamos por la radio y la tele. Hasta aquel 1976 de la nevada fatal. Que permitió darle a El Eternauta una nueva lectura. Porque los cientos de miles de lectores que conocieron la obra de Oesterheld y Solano más de quince años después en una reedición tan oportuna, no leyeron como nosotros una maravillosa fábula sobre la soledad, la desesperación y la resistencia. Encontraron, en cambio, una metáfora sobre los años de plomo, una profecía que se estaba cumpliendo en la realidad, tan llena de destrucción y muerte que se llevó, entre tantos, al propio autor de la fábula".

© Todos los personajes, logotipos, fotos e ilustraciones que integran la presente nota son copyright de sus respectivos autores, agencias y/o syndicates, y se reproducen solo a los fines informativos.

Todas las imágenes pertenecen al libro "50/30" .


     
   
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