Escuelas preuniversitarias en Bahía Blanca
Una gran familia

Son cuatro establecimientos modelo que dependen de la Universidad Nacional del Sur y reúnen cerca de 2.500 alumnos, la mayoría de los cuales ingresan en jardín de infantes y salen con un título polimodal o terciario. El sistema de admisión escolar es riguroso -algunos lo consideran elitista- y en la actualidad se encuentra en proceso de revisión.

Judith Gociol
jgociol@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki

En Bahía Blanca, las escuelas preuniversitarias son una isla, según definen docentes y autoridades. La primera que nació fue la Superior de Comercio, en 1903; tres años después se inauguró la Normal y más tarde, la de Agricultura y Ganadería y la EGB. Dependientes de la Universidad Nacional del Sur, fueron creadas como centro de experimentación y transferencia, con la idea de que en ellas se pusieran en práctica los proyectos pedagógicos que -de resultar exitosos- se trasladarían a los otros establecimientos educativos de la zona. Pero ese sentido original se desvirtuó.

En la actualidad las cuatro escuelas reúnen unos 2.500 alumnos, la mayoría de los cuales entran a los tres años al jardín de infantes y salen con un título polimodal o terciario, según la orientación académica que haya seguido. Pero ser aceptado en las preuniversitarias no es un trámite sencillo.

El ingreso es directo para hijos e hijas de docentes de la institución y hay un primer sorteo de lugares entre los hijos del personal ligado a la Universidad y los hermanos de los alumnos que ya estudian en alguna de las escuelas. Las vacantes restantes (unas cincuenta, a lo sumo) se ofrecen al resto de la comunidad y se definen también por sorteo. Luego no entran más chicos -salvo que, excepcionalmente, alguno se vaya- hasta que se abren cursos nuevos a la altura del Tercer Ciclo. La selección es, esta segunda vez, por examen y, en general, no ingresan más que un tercio o un cuarto de los que se anotan. Los aspirantes deben prepararse durante un año en institutos privados o con profesores particulares, si quieren tener chances de triunfar. Si hay espacios libres, la última posibilidad es en el Polimodal y allí son seleccionados, por orden de mérito, los mejores promedios de 9º año de las EGB de la ciudad. En el Normal, por ejemplo, prácticamente no hay lugar para matrícula externa.

Este proceso -cuestionado y en proceso de revisión- valida la sensación que tienen algunos puertas afuera: que en las preuniversitarias se sienten una elite. Cierto sentido endogámico se refuerza en estas instituciones donde, además, muchas de las maestras y los maestros fueron alumnos en la propia entidad y desde que se reciben hacen toda la carrera en ellas. Tienen las ventajas y las desventajas de una gran familia.

"En la EGB, los docentes tienen mucha antigüedad. Hasta hace unos cinco años, el 80 por ciento de los profesores habían estudiado en alguna de las preuniversitarias e iniciado sus tareas en ellas; recién ahora algunos se están jubilando y se incorpora gente nueva", comenta Liliana Tauro, vicedirectora de la Escuela de Educación General Básica, Ezequiel Martínez Estrada. Entre risas, agrega:"Acá, a la 'vieja de Lengua' luego la tenés como colega".

La conformación excepcional de las escuelas no permite que los resultados de las experiencias pedagógicas puedan ser transferidos sin más al resto del sistema educativo. No son escuelas representativas ni por la homogeneidad de su público, ni por las dimensiones del alumnado (26 personas por curso), ni por sus condiciones edilicias: entidades bien equipadas, con biblioteca, videoteca y ludoteca.

La posibilidad de implementar propuestas innovadoras y dar una formación que excede las temáticas curriculares específicas es la cara más lograda de estos espacios de experimentación.



Otros mundos posibles

La de Agricultura y Ganadería Adolfo J. Zabala es la única escuela agraria de la ciudad y, aunque está solo a tres kilómetros del centro, al llegar se respira ya aire a campo. Es un polimodal especializado en Ciencias Naturales que forma técnicos agropecuarios y para lograrlo las cursadas son intensivas, de doble escolaridad.

"Por un boleto estudiantil a 10 centavos", "Nosotros tenemos derecho a ... " o "Venta de hongos comestibles, bandejas a 4 pesos preguntar en 3º C", son algunos de los carteles intercalados entre las aulas. Estas expresiones corroboran la pedagogía descripta por Liliana Castelli, vicedirectora académica: "Se trata -dice- de 'aprender haciendo'". Las clases teóricas se alternan con las prácticas, que se realizan tanto en las propias instalaciones de la Escuela (huerta, granja, peladero de aves, cultivos de verdeos) como en el campo que la universidad tiene en Argerich, 35 kilómetros más lejos.

La de los hongos es una de las varias producciones que las alumnas y los alumnos realizan (fabricación de quesos, de conservas, carneadas...) con un objetivo didáctico y no comercial. Pero el aprendizaje no se limita a una praxis especializada. Los alumnos de primer año, por ejemplo, deben cursar la materia Cultura y estéticas contemporáneas: talleres que surgen de una convocatoria anual que hace la escuela y cuyas opciones presenta luego a los alumnos para que estos elijan en cuál prefieren participar durante las dos horas de asistencia obligatoria. En este 2007, los estudiantes pueden dividirse entre música, periodismo, folclore y cerámica. "La idea es darle también importancia a lo artístico porque abre la mente incluso también para los saberes técnicos y exactos, pero desde otro ángulo".

Con una filosofía de apertura similar, en el Tercer Ciclo de la EGB decidieron implementar el proyecto de lectura silenciosa. Todos los días, durante veinte minutos, la escuela entera se dedica a leer textos: cada chico elige el libro que quiere y sobre ese material no se hacen preguntas, ni ejercicios, ni ninguna aplicación práctica. Durante ese lapso, no se pueden leer escritos de ninguna materia ni aprovechar para hacer tarea. Es lectura por puro placer. "Abro un libro que elegí y estoy, ya, en el mundo de la libertad", es una de las bellas ideas del escritor Andrés Rivera que tomaron como leit motiv.

Padres y docentes comprueban invariablemente que la lectura por placer termina por convertirse en un hábito, cuyo entrenamiento en concentración y comprensión es una herramienta válida para cualquier área del conocimiento. "A algunos docentes les parece una pérdida de tiempo, pero cada fin de año cuando evaluamos -explica Tauro- la mayoría está de acuerdo en seguir, desde hace 15 años". Renuevan, en la práctica, la idea de que "la lectura los ayuda a construirse, a imaginar otros mundos posibles, a soñar, a encontrar un sentido, a encontrar movilidad en el tablero de la sociedad, a encontrar la distancia que da el sentido del humor y a pensar, en estos tiempos en que escasea el pensamiento", al decir de la antropóloga francesa Michele Petit.

Mercado de pulgas

Al momento de elegir entre las escuelas, la mayor parte del alumnado de las preuniversitarias se inclina por la Normal Superior Vicente Fatone, que ofrece dos orientaciones: Humanidades y Ciencias Sociales y Comunicación, y Arte y Diseño, especialización que prácticamente no se dicta en la ciudad, salvo en establecimientos privados o en algún otro caso aislado. Tiene, además, un profesorado de Nivel Inicial y EGB.



Una de las propuestas más interesantes de la escuela son los Espacios Curriculares Opcionales (ECOS), proyectos que se renuevan cada año y se definen por votación de los alumnos: cada grupo debe elegir consensuadamente qué taller va a seguir; una vez seleccionado, su cursada es obligatoria, la materia se integra a la currícula y es calificada en el boletín como una asignatura más.

Bajo la premisa de que "no existe una adolescencia sino diferentes formas de la misma", los chicos de tercer año del Polimodal que quedaron eximidos de inglés -porque dieron un examen y aprobaron los niveles necesarios- eligieron participar en el taller Adolescencia en tiempos de cambio. Según explica Guillermina Rizzo, la docente que tiene a su cargo la actividad, "No se trata solo de saber cómo se pone un preservativo sino de tener una mirada crítica y puesta en relación con el contexto".

Ahora están investigando, preguntando, pensando, sondeando la cotidianeidad. Todo el material que resulte de ese trabajo se presentará en septiembre, en unas jornadas en que las ponencias van a ser llevadas adelante por las alumnas y los alumnos, acompañados por las presentaciones de tres profesionales.

Varios de los alumnos consultados coinciden en que es mejor cuando cada uno elige la materia a cursar, y no como matemática que viene dada y ya está. Y alguien señala: "Está bueno debatir, pelearse con todo el mundo, porque además así se siente que nos tienen en cuenta, que no siempre nos indican lo que debemos hacer".

Otros dos de los Ecos elegidos fueron Arte de asociación y El arte convoca y transforma. Ambas propuestas comparten el horizonte ideológico de una cultura entendida como un hacer activo, concreto y político, que no es abstracta ni mera ornamentación.

El primero, a cargo de Marcelo Díaz, piensa la historia y la memoria en formatos artísticos. Una parte es teórica, hasta mitad de año, donde se analizan proyectos interdisciplinarios en desarrollo en el mundo. Por ejemplo: la banda Negativland, cuyos músicos toman jingles publicitarios y canciones de otros grupos, modifican sus letras y sentidos y los ponen a circular. O el proyecto que surgió en un barrio de Hamburgo cuando el gobierno decidió vender el único terreno libre para un emprendimiento industrial. Los vecinos se opusieron, desarrollaron la iniciativa de "producción colectiva de deseos" y, guiados por unos artistas, lograron la planificación y construcción de un parque público. Ese proceso quedó relatado en el documental Park Fiction: un día los deseos saldrán de casa y caminarán por la calle.

El teórico francés Nicolas Bourriaud, curador de arte y codirector del Palais de Tokio, sostiene que el arte contemporáneo se parece cada vez más a un mercado de pulgas: un espacio colectivo, dinámico, en el que el autor no es individual sino colectivo, donde todo cambia y se desplaza y la producción del pasado queda a disposición para nuevos usos. A partir de esta idea de reciclaje artístico es posible que los alumnos del taller trabajen en torno al Mercado de Pulgas que creció informalmente alrededor de la estación de trenes de Bahía Blanca.

La segunda propuesta del ECO retomó una inquietud de los propios chicos y chicas, surgida en la experiencia del taller en los dos años anteriores: la idea de formar "una pequeña compañía de artistas", que acerque música, teatro, literatura y plástica a las escuelas rurales periféricas de Bahía Blanca. Los que participan son alumnos que en este 2007 terminan el polimodal.



"A mí me dan ganas de retenerlos, que no se vayan. Estamos por ponernos de acuerdo para que repitan todos", dice el profesor Jaime Shocrón con una sonrisa y un dejo de tristeza, junto a dos de sus colegas. Se percibe, en las palabras y en las caras de los docentes, la admiración que sienten por sus alumnos y también un cierto sinsabor: "Muchos de estos chicos y chicas no se quedan después en la ciudad, porque no tienen espacios donde continuar este camino".

Bahía Blanca es una ciudad hostil, coinciden. Es políticamente conservadora, con una cultura y un arte que resiste en los márgenes y con enormes trabas para ejercer la memoria de su pasado reciente. La relación de las escuelas con la universidad -que, en Humanidades, por ejemplo, solo ofrece las carreras de Historia, Filosofía y Letras- no es todo lo fluida que quisieran y más de una vez se ha vuelto conflictiva porque las autoridades cuestionan la estructura y la "utilidad" de estos polimodales. De modo que, en más de un sentido, las preuniversitarias son una isla.

Aulas silenciadas
La cámara recorre largos pasillos vacíos y enmudecidos, abre puertas, entra a las aulas. Es evidente que indaga, hasta encontrar lo que busca: el primer testimonio que lleva el vacío con su palabra: la imagen con la que se inicia Las aulas del silencio, entre el horror y el borrador -el trabajo que realizó un grupo de alumnos y alumnas de la Escuela Normal a partir de una propuesta de la Comisión Provincial por la Memoria- hace foco en el olvido intencionado que hizo la Universidad Nacional del Sur, desde que fue intervenida -antes del golpe militar- por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, por el profesor rumano Remus Tetu.

Viejo colaboracionista nazi, bajo su gestión cesanteó a casi 300 docentes y no docentes, proscribió la actividad política y los centros de estudiantes; y les confiscó hasta los mimeógrafos, mientras un grupo armado se instalaba entre las aulas.

El 3 de abril de 1975, un custodio de Tetu asesinó de un tiro en la espalda al estudiante y militante comunista David "Watu" Silleruelo. Pese a que el crimen ocurrió adentro de los claustros, hasta el año pasado la universidad no había organizado ni participado institucionalmente en ningún acto de repudio a la dictadura.

La investigación de Las aulas..., que se llevó adelante en un taller optativo semanal, todavía continúa. Con la coordinación de Alejandra Barna fue extendiéndose hacia el diario centenario La Nueva Provincia, del que Tetu era asiduo colaborador. Al cumplirse 30 años de la instauración de la dictadura, una editorial del matutino reivindicaba todavía la actuación de la junta militar. De esta etapa del trabajo nació el CD multimedia: Bahía Blanca ciudad sitiada.

Este año la investigación se centra en el accionar de la Triple A, que anticipó la represión en esta ciudad que todavía calla. "Este trabajo nos abrió la cabeza -cuentan las voces superpuestas de varios de los participantes-, hacer las entrevistas fue muy fuerte, porque muchos no querían hablar ante las cámaras, Una profesora se puso a llorar cuando recordó a sus alumnos desaparecidos y otros contaban que les daba miedo expresarse en las clases porque no sabían quiénes los estaban escuchando. Una vez nosotros fuimos a hablar del proyecto a un aula y saltó un chico que nos dijo que su padre era militar".

Al conmemorarse el 30 aniversario del golpe, el Normal colocó en la puerta una placa con los nombres de las 14 personas, hoy desaparecidas, que transitaron por la escuela. Hace poco los chicos del taller se enteraron de que tenían un nuevo nombre -cuyos datos desconocían hasta ahora- que agregar.


   
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