Enseñar, hoy

Hace años -con su entrañable genialidad- Quino ponía en boca de Manolito, el amigo de Mafalda, una pregunta inquietante para cualquier docente: "¿Para qué me sirve saber que el Everest es navegable?". Junto al absurdo, la frase desliza múltiples interrogantes acerca de qué conocimientos debe transmitir la escuela y condensa una ácida crítica a la enseñanza exclusivamente memorística de datos fragmentarios y descontextualizados.

Hoy, el vertiginoso avance en el campo del conocimiento está siempre desfasado con respecto a los ritmos de transformación de los contenidos escolares, y a veces lo que se aprende en el aula se vuelve rápidamente obsoleto frente a la realidad exterior en la que las niñas y los niños se sumergen en procesos tecnológicos y sociales que suelen estimular su curiosidad y deseos de aprender de manera más eficaz.

En ese contexto, interrogarnos acerca de cuáles son las destrezas básicas que debe adquirir un chico para desempeñarse correctamente en su vida escolar y social y cuáles los instrumentos pedagógicos más adecuados para su formación, resulta un tema trascendente. Como ya hemos señalado en otros números de El Monitor, la lectoescritura es una base irrenunciable no solo por sus rasgos intrínsecos sino también porque es la puerta de entrada a todo saber posterior. Pero también resulta evidente que actualmente las destrezas básicas no se limitan a la lectoescritura. La escuela no puede quedar al margen de las transformaciones que vive la sociedad. Un ejemplo de ello es la creciente pérdida de importancia de la acumulación de información frente a la relevancia del desarrollo de la capacidad para encontrarla y saber utilizarla. Denominar a estos saberes "nuevas alfabetizaciones" implica asignar una importancia tan crucial como la que tiene la lecto escritura al manejo de TICs, a la adquisición de segundas lenguas y a la competencia para hacer una lectura crítica de los mensajes audiovisuales. Lejos de constituir un rival para la escuela, la emergencia de las TICs nos desafían a profundizar nuestra tarea de formar ciudadanos críticos, capaces de comprender los procesos comunicacionales, sociales y tecnológicos, de pensar estratégicamente, de definir y resolver con creatividad los problemas.

Para muchos de nuestros chicos estas capacidades solo se pueden adquirir en la escuela. Ningún dispositivo tecnológico puede reemplazar el rol del docente en este plano. Como señalaba el intelectual italiano Umberto Eco, el docente puede -y debe- ayudar a los chicos a "reorganizar sistemáticamente lo que internet les transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones. El sentido de esa relación solo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo".

No sabemos qué nuevos desafíos deberán enfrentar los chicos que hoy ingresan en la escuela, al llegar a su madurez. Pero sí sabemos que, si logramos formar personas creativas, con pensamiento crítico, capaces de trabajar en equipo y de planificar su propia formación permanente, habremos logrado darles las herramientas para resolverlos con éxito.

Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología.

   
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